El día que Murli Kessomal (Tetuán, 1957) pisó por vez primera Gran Canaria no pensaba que terminaría teniendo un despacho propio, se asociaría con la multinacional Deloitte y asesoraría en materia fiscal a los grandes empresarios de la Isla. Como ocurriría con cualquier niño de diez años, aquel 2 de octubre de 1967 el comienzo del curso escolar dos días más tarde, estrenando colegio, compañeros y lugar de residencia le mantenían en estado de shock.

Hasta ese momento había pasado prácticamente toda la vida en Ceuta. Su padre se dedicaba al comercio y se adelantó un año a la familia para ir abriendo brecha en el negocio y en el barrio.

Kessomal se hizo isletero en las calles cercanas a la de Los Claveles y entre los muros del colegio Tauro. De allí saltó a hacer el Bachillerato al instituto Tomás Morales y curso tras curso iba comprobando cómo los números se le ponían delante para que los pusiera en orden y resolviera cualquier problema que pretendieran presentarle. Así hasta la fecha. Sigue rodeado de cifras en un despacho de músculo, a la vieja usanza. Papeles ordenadamente amontonados que esconden los grandes secretos de los prohombres de la empresa grancanaria.

Está casado y tiene dos hijos que, en mayor o menor medida, se mueven cerca de las huellas que ha dejado a lo largo de su vida. Murli Kessomal estudió Empresariales. Su hijo (26 años) estudia una administración de empresa con especialización en hostelería en Lausana (Suiza). Su hija (24 años) terminó Administración y Dirección de Empresas en Madrid y este año está haciendo las prácticas necesarias para obtener el título.

El primer empleo lo vio vestirse de docente en la Universidad de La Laguna. Arrancar en el mundo laboral le llevó a posponer sine díe la conclusión de su tesis doctoral.

Aprobó las oposiciones para el Cuerpo Especial de Gestión de Hacienda, de donde lo rescató el Gobierno canario de Jerónimo Saavedra para convertirlo en director general del Tesoro y Gestión Financiera con 27 años.

Poco después decidió abrir despacho y hasta la fecha. Terminó por abandonar la docencia y se metió de lleno en su negocio.

Así pasa la vida del niño Murli que llegó en el barco de Cádiz el 2 de octubre de 1967. "De aquí no me sacan si no es con las patas por delante", dice riendo.