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Crisis migratoria

“Tienes que venir a por mí ya”

Las familias de los migrantes que llevaron a la plaza de La Feria reclaman que los dejen partir a la Península, donde los esperan

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Hadid vive en Teruel. Es el padre de Rida, de 25 años, de origen marroquí, que llevaba quince días en el campamento de Arguineguín desde que arribó en una patera y el pasado martes protagonizó uno de los episodios más insólitos de esta crisis migratoria: junto a otras 226 personas fue puesto en libertad y trasladados en guaguas a la plaza de La Feria, en Las Palmas de Gran Canaria, frente a la Delegación del Gobierno, sin saber a dónde iban ni dónde dormirían. “A hoteles”, pensaban todos ellos por lo que habían escuchado en el campamento de Arguineguín sobre la suerte de otras personas llegadas en pateras y cayucos, y que la Delegación del Gobierno ha trasladado a establecimientos alojativos ante la falta de espacios para acoger a todos estos migrantes. Se calcula que en torno a 6.000 personas están en hoteles y apartamentos.

Pero a ellos, todos de origen magrebí, los ‘soltaron’ en la plaza de La Feria, en la capital grancanaria, porque, en términos de estricta legalidad, son personas libres, tras hacerles la filiación y los test del Covid.

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Los migrantes liberados del muelle de Arguineguín, a la intemperie en Las Palmas de Gran Canaria EFE

Así que allí estuvieron seis horas, solos, desorientados, sin saber qué hacer, sin hablar español la gran mayoría, y, lo peor para ellos, más que la sed y el hambre, sin batería en el móvil para llamar a familiares y amigos.

Al llegar a la plaza de La Feria en distintas guaguas fletadas por la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, en torno a medio centenar se fue por su propio pie por el temor de que los volvieran a recluir.

Según fuentes de Cruz Roja, unas 50 personas estaban ayer deambulando por las calles sin un sitio donde ir, pero, desde luego, a Arguineguín no. Por el paseo de Las Canteras localizaron a algunos con sudaderas escondidos bajo sus capuchas. Pero son personas libres y deciden si estar en recursos públicos o no.

Los migrantes llegan a Las Palmas de Gran Canaria y se aposentan ante la Delegación del Gobierno La Provincia

Los que se quedaron a esperar ayuda en la plaza de la Feria, en torno a 140 migrantes, fueron socorridos por vecinos, que les llevaron garrafas de agua y bocadillos, y les prestaron sus móviles para que pudieron contactar con sus familiares. Ante la presión de los vecinos presentes, las redes sociales, además de organizaciones como CEAR -Comisión Española de Ayuda al Refugiado-, el Ministerio de Migraciones ordenó, al final, a Cruz Roja que les buscara hoteles para acogerlos y, junto al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y el Gobierno regional, activaron un plan exprés para ayudar a los migrantes.

Sobre la medianoche y entre aplausos y agradecimientos a quienes los habían ayudado, fueron trasladados a unos apartamentos del sur de Gran Canaria. Pero sus familias y amigos siguen intentando sacarlos de allí para que se reúnan con ellos en Albacete, Teruel, Almería o Murcia.

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Migraciones y Gobierno de Canarias realojan a los migrantes liberados de Arguineguín EFE

Rida es alto, delgado, y, como sus compañeros de Arguineguín, llegó a Gran Canaria hace unos 15 días en una patera desde Marruecos. Desde el muelle fue trasladado en guagua a la plaza de La Ferial el pasado martes. Solo, sin comida y con la batería del móvil descargada, pudo contactar con su padre, que vive en Teruel, a través del teléfono de un vecino de la capital grancanaria que se acercó a socorrer a los migrantes.

La historia de Rida es, como la de muchos otros, un camino duro lleno de espinas para conseguir un futuro mejor. Su padre, Hadid, llegó de forma legal a España hace 14 años. Vive en Teruel en el pueblo de Calamocha, donde trabaja en la construcción con jefes rumanos, por eso no sabe hablar muy bien español, justifica un amigo que es quien, a través del móvil, cuenta la historia de esta familia que solo quiere abrazar a su hijo Rida. Tras años de trabajo, la mujer de Hadid y madre de Rida pudo reunirse hace un mes con su esposo en Teruel, al darle el permiso por la reagrupación familiar, junto a su hijo de 17 años.

Reagrupación familiar

A Rida, como es mayor de edad, se lo denegaron y a su hermana, de 18 también, aunque ella tiene más posibilidades por estar en el límite de edad. La hermana vive con su tío en Marruecos a la espera de que se pueda reunir con sus padres, pero Rida, el hijo mayor, decidió pagar una patera para encontrarse con su familia y ”estar todos juntos”, cuenta el padre. Estuvo trabajando en el Sahara de pescadero y ahorró para el viaje.

Llegó a Canarias hace 15 días, tiempo en el que ha estado en el campamento de Arguineguín en condiciones de hacinamiento, hasta el pasado martes que fue liberado. En los primeros días al llegar a la Isla, llamó a su familia. Luego se quedó sin batería y no podía cargar el móvil. Al dejarlos marchar y llevarlos en guaguas a la plaza de La Feria pidieron teléfonos a todos los que se acercaban a ayudarlos. A Rida le prestaron un móvil y su padre le quiso hacer un bizum de 100 euros, pero, al final, Cruz Roja los mandó a apartamentos del Sur donde iban a dormir, tener comida y wifi. “¡Tienes que venir a por mí ya!”, le pidió Rida a su padre después del infierno que ha vivido en la patera y en Arguineguín, con solo tres bocadillos al día y sin higiene durante dos semanas. Y cuando un hijo pide auxilio, a los padres se les parte el alma. Hadid ya está preparando los papeles para llevarse al chico a Teruel , y solo espera a que le den la documentación necesaria para que pueda volar a su lado.

“Si nos permiten que los traigamos, en vez de gastar dinero del Estado en mantenerlos o de Cruz Roja, nosotros los vamos a ayudar”, sentencia Mohamed el Jadaoui, de 24 años, que vive en Albacete y está ayudando a su primo Samir, otro chico de 20 años que fue trasladado a la plaza de La Feria. Mohamed le pudo hacer un bizum gracias a la ayuda de una vecina que le prestó el móvil a Samir, un joven marroquí risueño y tímido originario de Oulad Bouali Nouaja.

Es albañil y su primo, Mohamed, que se crió en Teruel y ahora trabaja en Albacete de teleoperador, lo quiere recibir con los brazos abiertos. Ya le ha comprado el billete. “Aquí tiene comida y le vamos a ayudar y una persona que tiene familia no lo vamos a dejar en la calle. ¿Por qué no nos dan facilidades para traerlos en vez de gastar dinero en mantenerlos ahí en sitios cerrados?”, cuestiona Mohamed.

Tras los lamentables acontecimientos de la plaza de La Feria, Mohamed solo espera que a su primo lo dejen salir de la Isla. Mientras tanto, le ha aconsejado que sea cauto, se aleje de cualquier conflicto y espere paciente a que lo puedan llevar con su familia. Mohamed llegó legalmente a España desde los seis años. “Antes era un país de emigrantes porque Italia, Francia y Alemania eran potencias de absorción de mano de obra”, expone, y, para él, la situación se repite con la llegada de migrantes. Él ha trabajado en el campo, con las ovejas, después en una tienda, de mecánico -es mecánico profesional, dice- y ahora de teleoperador·. Solo quiere trabajar y el Covid no es problema para ellos. ”Antes se trabajaba por un precio y ahora por otro”, argumenta.

Piensa que su primo tiene un futuro como él, y que puede asumir trabajos que otros desechan y, más aún, progresar porque ellos quieren trabajar sí o sí.

Makda está en Murcia. Es una joven marroquí y prefiere no hablar mucho y tiene que estudiar. Solo está preocupada por sus dos primos. La llamaron desde la plaza de La Feria sin tener mucha cobertura y ayer no sabía nada de ellos.

Están en unos apartamentos del Sur de la Isla, se le explica. Solo pregunta: “¿Y cuándo nos los podremos traer y mandarles dinero?”

Sus dos primos llegaron en patera desde Marruecos y esperan que sus familiares los lleven a Murcia, donde trabajarán en el campo, como Abdul, que quiere ir a Almería. Allí tiene a familia y solo piensa en dar el salto. Él tuvo menos suerte y apuntó mal el número de teléfono en un papel, porque se quedó sin batería de móvil, y no pudo contactar con sus amigos de Almería.

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Tarde de caos en el puerto de Arguineguín Juan Castro

La mayoría de los chicos que llegaron a la plaza de La Feria tienen familiares en la Península o en otros países que están dispuestos a llevárselos y pagar sus traslados. El martes recibió una llamada el dueño de un restaurante en Puerto rico, de origen marroquí, que prefiere guardar su anonimato. Lo llamó un amigo de Italia, que trabajó en su establecimiento en 2016, pidiéndole que ayudara a su hermano tras ser ‘liberado’ del muelle de Arguineguín. El empresario quiere ayudarlo, darle dinero, comprarle ropa y lo que sea, pero no se lo puede llevar a casa porque vive con su mujer y tres hijos en una espacio pequeño. Está pendiente a la espera de que los migrantes puedan salir a la calle de los apartamentos del Sur. Al parecer, todos tienen que hacer la cuarentena, aunque ya se les ha hecho el test PCR, o esa es la excusa que han dado para que puedan estar al menos quince días en los hoteles. Cuando salgan, este empresario lo ayudará para que siga su tránsito a Italia.

Asevera que en este año han pasado por su restaurante muchos más migrantes marroquíes que en otros años y él los atiende como puede, pero son tantos que está desbordado. Y dice: “Qué vayan al Consulado de Marruecos porque para eso está, que les den documentación y los dejen viajar en vez de estar en hoteles y en el muelle”.

Además “si quieren ayudarlos, que llamen sus familiares, porque la familia en Europa está dispuesta a pagar el billete y los gastos”, sentencia.

TRÁNSITO A LA PENÍNSULA

Todos coinciden en que el tránsito a la Península es la opción mas óptima para quienes recalan en Canarias. Pero al parecer al Ministerio de Interior, al Estado, no le parece la solución más fiable porque puede ser -asevera- un efecto llamada. O en realidad puede convertirse en una papa caliente para el Gobierno de Pedro Sánchez porque hay autonomías que no quieren ver a los migrantes cerca de sus casas.

Solo una de ellas, el País Vasco, ha manifestado que Euskadi "siempre ha tenido los recursos previstos para poder ayudar" en la medida de sus posibilidades.

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