Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Crónica parlamentaria

Preguntas, maldades y un Plan de Vivienda

No hay cataclismo económico, social, político, cultural o legislativo cuya responsabilidad no quepa atribuir a la derecha

Preguntas, maldades 
y un Plan de Vivienda

Preguntas, maldades y un Plan de Vivienda

Gracias a la mayoría parlamentaria progresista –un milagro que necesita considerar a Casimiro Curbelo como progresista para materializarse– la derecha jamás abandona el salón de plenos. No hay cataclismo económico, social, político, cultural, legislativo, climatológico o agropecuario cuya responsabilidad no quepa atribuir a la derecha, y así lo hacen con alacridad los portavoces socialistas, novocanaristas y podemistas. Ayer, por ejemplo, con ocasión de la comparecencia del vicepresidente Román Rodríguez a propósito de la evolución del brexit, Iñaki Lavandera recordó que si el Reino Unido ya no pertenece a la Unión Europea es gracias a la “derecha populista”: fíjense ustedes en la maldad de esta gente. Ni una palabra sobre los laboristas, que bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn mantuvieron a menudo una postura escapista sobre el brexit: ni sí ni no, sino todo lo contrario. De hecho Corbyn jamás explicitó una postura inequívoca contra el brexit y en su última campaña electoral –la que perdió rotundamente frente a Boris Johnson–prometió alcanzar un acuerdo de salida con Bruselas en seis meses, no regresar a las instituciones comunitarias. Pero eso –la humilde y puñetera realidad -- no le interesa nada a Lavandera. Nunca le ha interesado mucho al disciplinado boy scout del grupo parlamentario socialista. Rodríguez, por cierto, se quedó encantado con la lavandería y agregó que la rotunda derrota electoral de la derecha populista en Estados Unidos había supuesto un jarro de agua fría sobre el primer ministro británico y sus aliados. Quien perdió las elecciones en Estados Unidos –pese al incremento de su apoyo electoral– fue Donald Trump, pero a los republicanos les ha ido bastante bien en el Congreso y en muchas asambleas estatales. Pero si los hechos dejan indiferente a Lavandera, imagínense al consejero de Hacienda, acostumbrado desde la tribuna a jugar al piedra, papel y tijera desde hace más de veinte años.

Como siempre la sesión plenaria comenzó con las preguntas al presidente del Gobierno y, como siempre, Ángel Víctor Torres salió perfectamente del paso. Es admirable la testarudez de la dirección del grupo parlamentario de CC –que sigue dirigiendo José Miguel Barragán– en insistir en Pablo Rodríguez, exvicepresidente del Ejecutivo, como contrincante habitual de Torres en las preguntas orales. Ni Cristina Valido, ni Rosa Dávila, ni Socorro Beato, no, sino Rodríguez, que tendría problemas en ganar un debate parlamentario a un mimo. Es incomprensible, porque Rodríguez no consigue hacerle un arañazo a Torres, cada día más y mejor imbuido en su papel presidencial. Cuando, en su pregunta, Rodríguez afeó la complicidad de Torres con el Gobierno central en su negativa en derivar migrantes, el presidente soltó una bomba de baja intensidad pero retumbante: “A mí me consta que se está produciendo derivaciones a otras comunidades autonómicas; al parecer al que no le consta es a usted”. En ese momento el portavoz de la oposición debe replicar inmediatamente para preguntarle al presidente desde cuándo se producen esas derivaciones, en virtud de qué metodología y periodicidad y cuántos han sido los migrantes enviados a otras comunidades autónomas desde la pasada primavera. Rodríguez, por supuesto, no supo hacerlo. Entre sus farfulleos solo se le entendió al coalicionero afirmar que solo un 1% de los migrantes desembarcados a Canarias han sido derivados a la Península. Un desastre. El presidente se arrellanó en su escaño, satisfecho.

A continuación una larga lista de preguntas tan aburridas que uno echa de menos los discursos incomprensibles de Antonio Castro o José Miguel Hernández en la Cámara. Es tan obvio y aburrido todo que los diputados se ausentan sin avisar siquiera a sus jefes – no hay cafetería en un radio de 200 metros que no conozca su señoría Dolores Corujo –y los que se quedan se cambian de escaños para iniciar alegres conversas– la consejera de Turismo, Yaiza Castillo, pegó la hebra con Casimiro Curbelo durante tres cuartos de hora: el líder de la ASG se limitaba a asentir, sonriente, como un buda feliz. Como suele ocurrir la portavoz del grupo socialista, Nayra Alemán, recorría el salón como un practicante de lucha grecorromana en busca de un combate, Nira Fierro vigilaba más que escuchaba a los parlamentarios de la oposición con ojos carnívoros que no necesitan parpadear jamás y Jesús Ramos Chinea parecía recién salido del bingo y de desayunar medio kilo de almogrote con gofio de millo para celebrar haber cantado una línea.

Curbelo preguntó por la Navidad en tiempos de Covid: le tranquilizaron enseguida. Habrá Navidad y habrá Covid. Beatriz Calzada, diputada de CC, puso ligeramente en aprietos a la consejera de Educación, Manuela Armas, quien cometió la torpeza de deslizar que los profesores de refuerzo contratados con motivo de la pandemia tendría contrato, muy probablemente, hasta abril. Calzada le recordó declaraciones suyas de hace pocos meses, en las que aseveraba que estarían contratados hasta finalizar el año escolar. Armas casi juró que nunca había dicho eso y la diputada le puso un vídeo en el que decía eso exactamente. La consejera no se despeinó. Es una veterana con una presión sanguínea bajo control pero, sobre todo, es una veterana que no piensa jubilarse y está encantada de haber vuelto. Así que no discutió. Más tarde, al defender la ley Celáá, fue incluso capaz de argumentar que ya que nos preocupa tanto que nuestros hijos hablen inglés, francés o alemán, ¿no es realmente hermoso, enriquecedor, que hablen catalán? Para difundir y fortalecer el hermoso catalán resulta innecesario eliminar el español como idioma vehicular en la enseñanza pública. Pero Armas, ya se ha dicho, está encantada con formar parte del friso de los nuevos tiempos en los que antes de ser socialista hay que ser sanchista. Una pequeña e intrascendente bronca llegó con la catIlinaria del diputado conservador Fernando Enseñat a la consejera de Turismo. Enseñat es como el Herman Munster con corbata del grupo parlamentario del PP y su estado espiritual habitual es el cabreoyvivaespaña. Enseñat le reprochó a Yaiza Castilla, nada menos, haber acabado con el turismo canario. Castilla empleo quizás demasiado tiempo en rebatir la majadería.

La sesión no dio mucho más de sí. Lo que quedará como único y realmente positivo del pleno es la aprobación del Plan de Vivienda de Canarias 2020-2025, donde se gastarán, a lo largo de un lustro, más de 600 millones de euros, y que han apoyado, en un inusual ataque de inteligencia unánime, todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria. Es uno de los grandes triunfos del Ejecutivo en esta legislatura. Un éxito que (de momento) no parece molestar a nadie.

Compartir el artículo

stats