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Arenales-Getafe en 10 horas

Adrián Díaz relata la odisea de su viaje desde Gran Canaria a Madrid | “Tardé el doble de tiempo de lo habitual”, cuenta el estudiante

El grancanario Díaz Rojas anoche en Getafe.  |

El grancanario Díaz Rojas anoche en Getafe. |

Cuando ayer martes abrió el ojo en su casa de Las Palmas de Gran Canaria, el estudiante de Ciencias Políticas Adrián Díaz Rojas, de 21 años, no tenía muy claro qué día le esperaba porque debía tomar un avión para trasladarse a Madrid, donde estudia, pero no sabía si el vuelo se suspendía o no. Aunque las dudas no acababan ahí ya que si volaba tampoco sabía el grancanario en qué condiciones lo haría ni tampoco, en el caso de que llegara a Madrid, cómo iba a trasladarse hasta su domicilio, en Getafe, sabiendo como sabía el caos generalizado que reinaba en la capital a cuenta de Filomena. Con esa mezcla de dudas en su cabeza, cuando no eran ni las nueve de la mañana, la realidad le explotó en su pantalla de móvil: su vuelo a Madrid despegaba a las 10.55 horas de Gran Canaria. Arrancaba su particular yinkana.

Adri, como le conocen en casa, salía a las 9.20 horas del domicilio familiar en el barrio de Arenales. “Otros estudiantes canarios se habían quedado el día anterior en tierra y yo iba actualizando la web de Iberia hasta que por la mañana vi que el mío sí se mantenía”. Su tía lo trasladó al Aeropuerto y ya embarcado “tuvimos que esperar hasta que se ocuparan las plazas que estaban libres”, dice sobre el primer motivo que fue retrasando la llegada a su casa de Madrid.

El vuelo transcurrió con normalidad ”aunque con mucho frío”, reconoce. “Cuando ya llegamos a la Península los pasajeros empezaron a mirar por la ventanilla y fotografiar el paisaje nevado”, añade sobre la idílica estampa. Pero la realidad, de nuevo, le explotó nada más aterrizar, cuando lo mantuvieron cerca de una hora y media dentro del avión antes de desembarcar.

Adrián Díaz Rojas, ayer tras desembarcar en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas procedente de Gran Canaria. | | LP/DLP

“Nos dijeron por megafonía que empezáramos a desembarcar poco a poco debido al protocolo Covid pero no se movía nadie de sus asientos”, recuerda. Noventa minutos eternos “con la gente cada vez más nerviosa y los niños empezando a llorar”. Tras informarles que había habido un problema con la pasarela, pudieron abandonar del aparato.

La siguiente etapa era llegar a Getafe. “El metro sí funcionó y con mi maleta y mi mochila llegué a Nuevos Ministerios, donde tomé el tren de cercanías”. Cuenta Adrián que ahí se dio cuenta de la que Filomena tiene montada en Madrid, con las calles intransitables por la nieve y el hielo “que hace imposible andar”.

Diez horas más tarde, “el doble de lo que habría tardado habitualmente en llegar de la isla a Getafe”, dice, el joven llegaba a su casa donde la calefacción le esperaba a tope de potencia.

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