La mirada de la madrileña Paula Atochero y el zaragozano Juan Miguel Vela, enfermeros de Cruz Roja, la primera trabajadora y el segundo voluntario, todavía reflejaba ayer el cansancio después de casi 48 horas de intervenciones para atender a los migrantes que arriban al muelle de Arguineguín, entre ellas Nabodi, la niña de dos años que llegó el martes en parada cardiorrespiratoria tras ser rescatada de la patera en la que viajaba junto a otras 51 personas. Volver a la explanada de este muelle significa para estos sanitarios revivir una de las experiencias más duras de su vida y de su carrera profesional, y lejos de sentirse orgullosos por haber salvado una vida, sus sentimientos son de rabia e impotencia. “Es una faena tener que llegar a esta situación tan extrema para darse cuenta de una realidad que nos está pasando todos los días”, sostuvo ayer Juan Miguel. Eso sí, la pericia de estos dos sanitarios y su rápida actuación evitó males mayores. “Cuando vi a la niña respirar, yo respiré con ella, fue un milagro”, añade Paula. Continúa hospitalizada en estado crítico en la Unidad de Medicina Intensiva (UMI) del Materno.

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Llega una patera a Gran Canaria (16/03/21) Ángel Medica G / EFE | Borja Suárez / Reuters

Las imágenes de Juan Miguel y Paula arrodillados en el asfalto del muelle de Arguineguín practicando la maniobra de respiración cardipulmonar a la niña han dado la vuelta al mundo. Y ni en sus peores temores se imaginaban encontrarse a una niña en estado crítico. “No esperábamos, para nada, lo que nos encontramos luego”.

Tras recibir la llamada de Salvamento Marítimo que informaba del rescate de una patera con 52 personas a apenas 12 millas de la costa, Paula y Miguel se desplazaron al muelle con tiempo suficiente para montar el hospitalito o, en su caso, una mesa y camillas. Pero ni siquiera les dio tiempo a eso. “Fue imposible, nos bajamos del coche, nos pusimos los guantes, cogimos el material justo e intervenimos”, recuerda Paula.

“Es una faena tener que llegar a esta situación para ver la realidad de todos los días”, dice Vela

Cuando el rescatador de Salvamento entregó la niña a Miguel en brazos, el enfermero flaqueó unos segundos. “En el momento de ver a la niña me vine abajo”, confesó ayer en el muelle, “pero cogí aire, respiré y empezamos a evaluarla y tratarla”. Y en esta situación tan complicada, agrega Paula, “debes dejar las emociones a un lado, aunque son necesarias, y ponerte a trabajar”. Lo logró, dijo, porque juntos son un tándem perfecto.

Entre Paula y Juan Miguel se respira la complicidad que otorgan seis meses de trabajo codo con codo. Y uno se pone ya en las manos del otro. “En esa situación tan extrema, yo la miraba y sabía en qué estaba pensando en cada momento”, apuntó Juan Miguel, “han sido muchas horas de trabajo juntos y de buena coordinación”.

Rescatan a 52 migrantes que viajaban en una patera en Gran Canaria Agencia ATLAS

Mientras ellas reanimaban y estabilizaban a la niña, fueron dos fotoperiodistas quienes llamaron al Servicio de Urgencias Canario para solicitar una ambulancia medicalizada. “La verdad es que tardó muy poco, pero se me hizo un mundo en esa situación”, relató Paula, “y es que temíamos lo peor, porque la niña venía crítica”.

La situación fue especialmente complicada porque en la Salvamar llegaron otra veintena de migrantes en mal estado de salud después de llevar varios días a la deriva. “Era una situación dramática porque si en ese momento la niña no hubiese reaccionado, habría que dejarla y actuar con otras personas”, recordó Juan Miguel. “Yo solo pensaba en que, por favor, respirase cuanto antes porque sabíamos que el siguiente paso era dejarla y atender a los demás porque había gente en muy mal estado”. “Es una situación complicada; lo pienso y se me pone la piel de gallina”, añadió. La experiencia fue cuanto menos dura. “Nunca había vivido una situación tan crítica con una niña tan pequeñita de apenas dos años”, aseveró Paula.

Los enfermeros temían dejar a la niña si no respiraba para atender a otras personas

Para cualquiera que tenga un poco de humanidad, la escena es dramática. Y para estos enfermeros es además “una injusticia”. “Tenemos sentimientos de rabia e injusticia”, dice Juan Miguel. “En este caso había una cámara grabando, pero esto nos pasa todos los días y nadie lo ve”. “Las imágenes de la reanimación han tenido mucha visibilidad, pero es solo una de las muchas intervenciones que hacemos; esta impacta más porque es una niña de apenas dos años, pero muchas de las personas que llegan al muelle lo hacen en muy mal estado de salud, cuando no fallecidos”, lamenta Paula. Ayer llegó otra patera con un hombre fallecido en su interior y su esposa a bordo.

Paula y Juan Miguel están saturados y aún no han tenido tiempo para asimilar lo ocurrido; necesitan descansar. Estos dos enfermeros son la cara visible, pero también valoran el trabajo de Salvamento, Policía, Guardia Civil, el Servicio de Urgencias Canario y Cruz Roja. Han sido para ellos meses difíciles donde se han juntaron migración, covid y xenofobia. Pero sobre todo echan de menos a sus familias.

Veintiséis hospitalizados


Prácticamente la mitad de los ocupantes de la patera que el pasado martes fue rescatada por Salvamento Marítimo a apenas 12 millas de la costa del sur de Gran Canaria llegaron en mal estado de salud y tuvieron que ser desplazados a diferentes centros sanitarios después de recibir la primera atención en el muelle de la mano de la ONG Cruz Roja. Entre ellos había nueve niños de entere 1 y 13 años. En el Materno Infantil de Gran Canaria permanecen ingresados dos menores hospitalizados en la UMI, en estado crítico, a la espera de evolución, según informó ayer el centro. Además, otros seis menores están hospitalizados en planta y dos madres están ingresadas. En el Hospital Insular, por su parte, dos adultos permanencen en la UMI en estado crítico, cinco están en planta y otros tres permanecen en observación. | R. T.