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Entrevista al coordinador general de Cruz Roja

Toni Bruel: “La crisis dejará una cola de personas con vulnerabilidad crónica”

Toni Bruel en el centro logístico de ayuda humanitaria de la Cruz Roja y Media Luna Roja, en Las Palmas de Gran Canaria. | | ANDRÉS CRUZ

La pandemia de la Covid-19 ha obligado a Cruz Roja a sacar músculo para hacer frente a una crisis social sin precedentes, a la vez que en Canarias daba respuesta a una llegada masiva de migrantes. Toni Bruel (Barcelona, 1959), coordinador general de esta organización desde hace 25 años, relata que gracias a que la sociedad se ha volcado con la entidad han podido atender las necesidades 164.928 canarios y 3,7 millones de españoles, que se han visto arrastrados a una situación de vulnerabilidad. En el último año, gracias al Plan Responde, Cruz Roja triplicó el número de acciones y pudo amplificar su labor.

¿Cómo ha afectado la crisis económica derivada de la Covid-19 a la actividad que desarrolla Cruz Roja?

A raíz de la pandemia hemos atendido a 3,7 millones de personas en España dentro del Plan Responde, que da respuesta a los más vulnerables ante el Covid-19. Nos hemos visto obligados a triplicar nuestra actividad previa a la cris sanitaria porque, normalmente, en un año, atendemos a dos millones de personas, a las que se sumaron los del Plan Responde. El 40% de las personas que estamos atendiendo ahora en España nunca habían sido usuarias de Cruz Roja. Esto es solo una baliza de la vulnerabilidad, que nos da pistas de que vamos a pasar una situación compleja en los próximos años. La edad media de las personas usuarias, que estaba cerca de los 62 años, ha bajado a los 44 años. Esto indica que cada vez atendemos a más población en edad de trabajar, lo que es un reto para la organización. Tenemos que incrementar las acciones y los proyectos que faciliten la vuelta al empleo y mejoren las competencias, con formación para volver al mercado laboral. También apoyamos a los niños y niñas para que puedan seguir sus estudios en las mejores condiciones y que tengan las tabletas y las conexiones a internet necesarias.

¿La pandemia ha cambiado el perfil de la pobreza?

El que nosotros atendemos sí. De repente, en un año, estamos hablando de muchas personas que tenían un empleo y que ahora necesitan recurrir a Cruz Roja. Otro dato que también nos preocupa es que las familias a las que ayudábamos antes de la pandemia tenían unos ingresos medios de unos 900 euros al mes y ahora la media es de 550 euros mensuales. Además, el 22% de este grupo no tiene ningún ingreso. Es una vulnerabilidad aplastante y una nueva realidad para Cruz Roja, a la que nos hemos tenido que ir adaptando, para lo que hemos prolongado el Plan Responde y hemos adecuado nuestros programas habituales.

¿A cuántas personas han atendido en Canarias dentro del Plan Responde?

En Canarias hemos dado 374.000 respuestas directas a 164.928 personas con nombres y apellidos y, en total, hemos hecho más de un millón de actuaciones, incluyendo las respuestas al entorno. Cubrimos necesidades básicas, ayudamos para el retorno al empleo y también en el ámbito educativo.

¿Qué esfuerzo ha tenido que hacer Cruz Roja para adaptarse a esta nueva realidad?

La crisis ha sido en todas partes, al mismo tiempo y con una movilidad limitada, por lo que no nos podíamos apoyar entre las distintas sedes de la Cruz Roja. Esto no es algo que ocurra en cualquier tipo de desastre. A esto se suma el elemento de la incertidumbre, que complica todas las intervenciones, porque la planificación de lo que hacemos no se termina nunca de cerrar, porque no sabemos lo que ocurrirá al mes siguiente. Tenemos que ir adaptándonos en cada momento a la realidad. Ahora las necesidades de la gente no son lineales.

Según la experiencia de Cruz Roja, que ha dado respuesta en crisis anteriores, cuánto tiempo estiman que pasará para que, al menos, volvamos a estar en el punto en el que nos encontrábamos en marzo de 2020

Somos muy prudentes en los pronósticos, porque en este caso la crisis está muy vinculada a la evolución sanitaria del país. Por experiencias anteriores, sabemos que la salida de la crisis dejará una cola de personas con vulnerabilidad crónica, que es lo que tenemos que evitar. Aunque la recuperación económica sea rápida, vamos a tener un grupo importante de personas que se quedará atrás. Son los que están peor, de los que están peor. Su recuperación hay que mirarla a largo plazo. Sí es cierto que, el Ingreso Mínimo Vital (IMV) tendrá un efecto corrector a medio plazo para estas situaciones de extrema vulnerabilidad, que antes no existían. También tendremos que adaptar aquellas actuaciones que puedan complementar al IMV.

En la crisis anterior, cuánto tiempo pasó hasta que empezaron a percibir que la situación de las familias mejoraba.

Tardamos tres años en empezar a notar efectos positivos. Ahora no sabemos cuál será la evolución. Empezaremos a ser optimistas cuando notemos que disminuye la entrega de productos de primera necesidad. Se da la paradoja de que en España se ha producido un nivel récord de ahorro en las personas que trabajan, pero por otro lado hay una reducción drástica de los ahorros de la población más vulnerables. Solo el 20% de las personas a las que nosotros atendemos tienen algunas reservas con las que poder hacer algo. Todo indica que los ahorros que tenían las familias más vulnerables han quedado muy tocadas. También hay que ver qué impacto tiene la salida de los ERTE y cómo se recuperan las empresas, para ver qué es lo que ocurre realmente.

Cruz Roja también trabaja con personas de edad avanzada, ¿cuáles son las principales dificultades que presentan los mayores en esta pandemia?

Además de hacerles acompañamiento, les ayudamos con todo lo que tiene que ver con la brecha digital. Tienen problemas a la hora de pedir citas y de obtener información para acceder a servicios. La brecha digital tiene un impacto muy grande entre nuestros mayores. Puede ir desde no haberse visto con sus familiares ni por videoconferencia, hasta resolver gestiones cotidianas, que se han convertido en un problema para quienes no dominan internet. Una cosa es tener un móvil y otra es dominarlo para hacer gestiones.

¿Necesitan más apoyo institucional para dar una mejor respuesta social?

Tenemos un lema que es que somos una organización de la sociedad para la sociedad. Todo lo que hacemos lo podemos hacer con el apoyo humano y material de la ciudadanía, de las instituciones y las empresas. Ese es el equilibrio ideal, para asegurar que nuestro trabajo es coherente.

¿La sociedad se ha volcado con la labor de Cruz Roja durante este último año?

Hemos conseguido recaudar más de 105 millones de euros en toda España, entre donaciones de la población, las empresas y las administraciones para poder desarrollar el Plan Responde. Esto para nosotros es un hito. Para poder dar respuesta a casi seis millones de personas no hemos inventado nada nuevo, hemos replicado lo que ya sabíamos hacer tantas veces como ha sido preciso, para poder cubrir más necesidades. El personal se ha volcado y a los más de 30.000 voluntarios que teníamos se incorporaron otros 33.000 nuevos en un tiempo récord, que permitieron escalar nuestra actividad con rapidez. Cada vez hay más voluntarios, lo que quiere decir que vivimos en una sociedad solidaria y comprometida.

¿Cruz Roja contaba con los medios suficientes para abordar la crisis migratoria en Canarias?

En ese momento, en Cruz Roja en estábamos doblando esfuerzos con el Plan Responde y, además, había que respetar las normas de seguridad que nos imponía el covid. Estos dos aspectos, unidos a un incremento en el número de llegadas, hicieron que la operación fuera muy compleja. La llegada masiva de personas obligó a acoger a más de 23.000 personas en un periodo de tiempo muy corto. Hay que hacer una valoración positiva del esfuerzo que hemos hecho para ofrecer la acogida y resolver esta situación, teniendo en cuenta la dificultad añadida del covid y el incremento de la actividad de Cruz Roja. Esto se ha podido hacer gracias a que han venido equipos de otros lugares de España y con un sobre esfuerzo de los equipos de Canarias. A día de hoy, se ha conseguido estabilizar la situación y ahora podemos tener una visión más a largo plazo de cómo abordar las distintas situaciones que se pueden producir. La realidad siempre es incierta, porque no existe una bola de cristal con la que podamos predecir si va a subir o bajar el número de llegadas.

¿Qué falló al inicio de la crisis humanitaria? ¿Por qué hubo migrantes que tuvieron que dormir en una nave como si fueran mercancía y otros tuvieron que vivir hacinados en el muelle de Arguineguín?

No es fácil encontrar un lugar para ubicar a tantas personas. La generosidad de ciertos hoteleros que facilitaron sus instalaciones permitió buscar después otras alternativas, pero todo lleva unos tiempos. Como en cualquier emergencia es imposible que el primer día o el primer mes lo tengas todo resuelto. Siempre se pueden hacer más cosas, pero estábamos en plena crisis por la pandemia y eso limitaba todo el sistema. Además, nos hemos tenido que adaptar a las circunstancias del volumen de personas que quedaban en Canarias o que estaban en los centros de la Península.

¿Qué ha supuesto la atención de la crisis migratoria para Cruz Roja?

Era un reto humanitario. Nuestra premisa es hacer todo el esfuerzo posible para que las personas sean atendidas con dignidad. Ese esfuerzo se ha hecho aunque, probablemente, en algún momento hemos tenido lagunas, pero pasamos de atender en Canarias 300 plazas a 23.000. Es un crecimiento exponencial, que ha requerido hacer un esfuerzo exponencial.

¿Cómo han afrontado esa sobrecarga?

Hemos tenido que pedir un esfuerzo adicional a nuestro voluntariado, que ya estaba volcado en el Plan Responde. Además, hemos contratado a más personal como traductores, mediadores, trabajadores sociales o educadores. Todo esto con el apoyo y financiación de la Secretaría de Estado de Migraciones y en una colaboración muy estrecha con las autoridades canarias.

Algunos migrantes se quejan de la atención que reciben en los campamentos, incluso aseguran que no comen lo suficiente. ¿A qué se debe esta situación?

En los campamentos del Canarias 50 y El Matorral, que son de los que se encarga Cruz Roja, la alimentación es la que corresponde y hay extra de comida si es necesario. Evidentemente, en un grupo de casi 2.000 personas es casi imposible que estén todos de acuerdo con el menú. Pero en volumen y en cantidad es más que suficiente y lo hemos contrastado con nutricionistas. En este sentido, no tiene que haber ninguna preocupación por parte de la población, porque están atendidos.

Muchos terminan en otras organizaciones pidiendo asesoramiento jurídico o ayuda para solventar problemas salud. ¿No se les ofrecen estos servicios en los campamentos?

Puede haber mayor o menor atención, pero ahora eso se ha estabilizado. Es posible que hayan situaciones en las que las personas hayan querido salir de los campamentos y nosotros respetamos esa decisión. Los servicios tanto de asesoramiento jurídico como de asistencia médica se les prestan y el Servicio Canario de la Salud responde a todas las peticiones. Se ha hecho un gran esfuerzo para acoger a los migrantes y para ofrecerles todos los servicios que requieren.

¿Qué tipo de acompañamiento les dan?

Hay actividades complementarias que, a medida que los campamentos se van estabilizando, van creciendo. Hay actividades deportivas, clases de castellano, talleres de distintos tipos, asesoría jurídica, asistencia sanitaria y cada día se va mejorando, porque el volumen de migrantes se va estabilizando.

¿Les ayudan de alguna forma para que se sientan integrados en el entorno?

En los centros más pequeños se ha establecido una dinámica de integración y de contacto con la comunidad, porque es algo que forma parte de nuestro proyecto. En los campamentos es más lento y no es tan fácil, requiere tiempo y no se puede improvisar. Para esto, se nos acercan asociaciones que colaboran con nosotros en este tipo de acciones, que no las podemos hacer nosotros solos.

¿Cuánto aporta el Ministerio de Migraciones a Cruz Roja para la atención de los migrantes?

Depende del centro y del momento. Los costes de los centros son muy variables, porque depende de las cantidades de personas y de las características. Yo no puedo dar una respuesta, quien podría darla es el Ministerio.

¿Qué funciones hace Cruz Roja en los países de origen?

Cruz Roja está volcada en programas de seguridad alimentaria, para que la gente pueda tener medios de subsistencia. Además, damos atención sanitaria porque en esos países la sanidad no es universal y nosotros suplimos, de alguna forma, esa carencia. Nos centramos en la prevención de enfermedades y tenemos programas para el acceso a agua potable y alimentos en las zonas en las que tienen más dificultades.

¿Qué es lo más duro de la atención a los migrantes a pie de muelle?

Lo más duro es el choque de las expectativas que tienen las personas a su llegada con la realidad. Es un momento emocionalmente muy complejo, porque acaban de salir de un riesgo, llegan a un lugar con una esperanza y esa esperanza no se sabe si se traducirá en un futuro mejor o no. Además de las historias específicas de personas que llegan con heridas importantes o situaciones límites de salud, que son muy impactantes, y más sabiendo que llevan días a bordo de un cayuco en condiciones súper precarias. Son acciones muy duras, porque viven de cerca el momento en el que chocan dos mundos: el de las oportunidades y el de la falta de oportunidades. En el muelle siempre hay una gran coordinación entre todos los equipos que comparten esa vivencia tan intensa, que se hace más fácil gracias a la colaboración entre todas instituciones que participan en la atención de los migrantes.

Esas personas están hechas de otra pasta, para no romperse en una situación así...

El hecho de hacer algo por las personas que llegan es muy curativo. Poder atenderles compensa. Cuando ves a una persona cada día durante un mes o dos meses, conoces su nombre, su historia, sabes que tiene una familia... es muy duro pensar si sus expectativas se convertirán en una realidad o no. Eso sí se lleva mal, porque no los vemos como migrantes, los vemos como personas, con sus ilusiones y anhelos.

Hace solo 13 días vimos una intervención casi heroica por parte de dos miembros de Cruz Roja tratando de salvar la vida a una niña de dos años, que tristemente falleció días después en el hospital. ¿La sociedad valora más la labor de Cruz Roja gracias a actuaciones como esta?

Para nuestros voluntarios es una expresión de todo el trabajo que hacen cada día y que no se ve. Esa situación pone el acento en lo que significa la huida de tu país de origen y cómo la Cruz Roja se integra para dar respuestas en esos momentos. Pero, esas intervenciones ayudan, sobre todo, a visibilizar la realidad de la emigración.

Toni Bruel: "La sociedad canaria ha tenido un comportamiento ejemplar ante la crisis migratoria"


¿Le preocupa que esta crisis humanitaria haya generado brotes racistas en determinados sectores de la sociedad canaria?

La sociedad canaria ha tenido un comportamiento ejemplar ante la crisis migratoria. Y más teniendo en cuenta que las personas viven en una situación más preocupante que en otros momentos. Creo que hay que circunscribir estas reacciones negativas frente a la inmigración a grupo muy pequeños, que no es representativo. Nosotros hemos sentido el apoyo de la población en el trabajo que hacemos con la llegada de migrantes y también con el trabajo que hemos hecho en el Plan Responde. 

¿A qué achaca esas actitudes xenófobas?

A que las personas no tienen la información suficiente y a veces los seres humanos tenemos miedos que no están justificados. Pero hay que destacar que los ciudadanos y las empresas se han volcado con nosotros de manera masiva, para poder ayudar a las personas que viven en situación de extrema vulnerabilidad y a quienes son víctimas de la crisis económica derivada de la pandemia.

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