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Crisis migratoria | Bloqueo en las Islas

Un laberinto de puertas cerradas

La infructuosa ruta de un migrante con solicitud de asilo para lograr un techo bajo el que dormir

Nerea Rodríguez y Mohamed Alaoui acuden a la Concejalía de Arenales. | | ANDRÉS CRUZ

Nerea Rodríguez y Mohamed Alaoui acuden a la Concejalía de Arenales. | | ANDRÉS CRUZ

Desde hace meses hay centenares de migrantes durmiendo en las calles de la capital grancanaria. Uno de ellos, junto a una voluntaria de Somos Red, recorre sin éxito la ciudad en busca de ayuda institucional. El viernes trató de viajar con pasaporte y una solicitud de asilo, pero fue retenido en el aeropuerto.

Las calles de Las Palmas de Gran Canaria son un laberinto sin salida para Mohamed Alaoui (nombre ficticio), un joven marroquí que llegó en patera a la isla el pasado noviembre. Tras finalizar el tiempo máximo de acogida en las dependencias habilitadas por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), se vio obligado a instalarse en la Playa de las Alcaravaneras junto a otros migrantes. A las dificultades propias de una travesía tan peligrosa como la ruta atlántica, se le añaden las barreras culturales y lingüísticas y una maraña burocrática imposible de sortear. Aunque dispone de una solicitud de protección internacional, no logra proseguir su viaje a través del aeropuerto de Gran Canaria hacia Madrid ni, mientras tanto, un techo bajo el que dormir.

El Ayuntamiento capitalino asegura no tener competencias ni recursos para ofrecer acogida a las personas extranjeras que están viviendo en las calles de la ciudad desde hace varios meses; y, por su parte, la Delegación del Gobierno de España en Canarias sostiene que no son competencia del Estado porque han abandonado los recursos de acogida humanitaria. Si bien, no es el caso de Alaoui quien se encuentra en un limbo frustrante, que trata de resolver con la ayuda de los voluntarios de Somos Red.

Gracias a la ayuda de Somos Red, Alaoui logra contactar con las instituciones

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Durante toda una mañana, Nerea Rodríguez, miembro de esta plataforma ciudadana, acompaña a Alaoui por diferentes dependencias en buscas de una solución. A primera hora, ambos visitan la Concejalía de Distrito del Barrio de Arenales, a la que corresponde la Playa de las Alcaravaneras. Sin lograr siquiera entrar al edificio, una vigilante de seguridad privada los deriva al Centro de Acogida Municipal Gánigo, en la trasera del Parque Santa Catalina. Al llegar a la sede, encuentran un cartel que informa –sólo en español– de que la atención se ha trasladado a la calle Juan Rejón, en La Isleta, y en horario de 9 al 12 del mediodía, por lo que la voluntaria y Alaoui prosiguen su peregrinación hasta ese lugar.

El chico tiene suerte de contar con Rodríguez, quien dispone de coche para agilizar los desplazamientos y predisposición a recorrer la ciudad durante horas. Aunque ella no habla árabe y él no habla español, buscan la manera de entenderse con ayuda de una aplicación de traducción en el teléfono móvil y tratan de mantener los ánimos en una jornada que resulta exasperarte. Durante el trayecto Alaoui insiste en explicar que su deseo es viajar lo antes posible a la Península, para encontrarse con algunos amigos que ya están establecidos en Madrid y en Bilbao.

Nunca había vivido en la calle

Al llegar a las oficinas municipales de La Isleta, Rodríguez logra hablar con una de las trabajadoras, a quien le explica la situación del joven. Tras escuchar la historia de Alaoui, les emplaza a volver otro día, sobre las siete de la mañana para ser los primeros en la cola, ya que solo atienden a cinco personas cada jornada. No obstante, le aclara que no pueden darle cobertura al ser una persona que no cuenta con un empadronamiento en la ciudad y que, además, tienen lista de espera para acceder a los recursos de alojamiento de los que dispone el Consistorio.

Tras un nuevo revés, ambos vuelven al coche y deciden llamar a Cáritas, como última posibilidad. Allí les explican que lamentablemente el servicio de acogida está desbordado, pero que siempre puede acudir a sus instalaciones para acceder al servicio de comedor y al de ducha. A esto se suma que el día antes Alaoui acudió a la Obra Social, donde le explicaron que no tenía el perfil de las personas a las que ellos atienden habitualmente, por lo que tampoco podían prestarle ayuda.

Todas estas puertas que ha ido encontrando cerradas Alaoui le fueron indicadas en un documento que le entregó CEAR y que él guarda junto a su documentación más valiosa, con la esperanza de encontrar en ese listado de direcciones un lugar en el que le den cobijo.

El solicitante de asilo no ha logrado un sitio para vivir y duerme en las Alcaravaneras

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Ante la desesperación, Alaoui se apresura a comprar un billete de avión para Madrid, con la confianza de no encontrar problemas en el aeropuerto, ya que conocía la noticia de que un juez había ordenado a la policía que dejara volar a un migrante con pasaporte y con solicitud de asilo. Una situación idéntica a la suya. Sin embargo, tras pasar el control de seguridad en Gando, el joven fue retenido en la comisaría del aeropuerto hasta que su vuelo despegó. Tras la publicación del auto dictado por el magistrado del juzgado de lo Contencioso-Administrativo, el Ministerio del Interior sigue manteniendo que “no hay restricciones a la movilidad de las personas, migrantes o no, salvo aquellas derivadas de las medidas impuestas por las distintas comunidades autónomas frente al covid”.

Alaoui, de 31 años, nunca se había visto obligado antes a vivir en la calle. Llegó a Gran Canaria en noviembre, después de dos días navegando por alta mar junto a otros 37 hombres. Su patera partió de Dajla, pero su viaje comenzó unos días antes, cuando abandonó su ciudad natal, El Kelaa des Sraghna, cerca de Marrakech. El joven recorrió 1.500 kilómetros antes de llegar a la costa en guagua y en taxi y no fue un trayecto exento de incidentes, ya que llegó a ser detenido por la policía, a la que tuvo que recompensar económicamente para que le dejaran continuar su recorrido.

Después de años ahorrando, Alaoui consiguió juntar los 200.000 dirhams (unos 1.800 euros) que pagó al patrón de la patera en la que vino a Europa. El primer lugar que conoció de Gran Canaria fue el Centro de Atención Temporal (CATE) de Barranco Seco y después fue trasladado al hotel Arguineguín Park. Dada su condición de vulnerabilidad solicitó el asilo –concedido a personas que tienen un temor fundado a ser perseguidas en su país por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual– y CEAR le ofreció acogida en uno de sus recursos alojativos.

“Decidí venirme para huir de la pobreza y de los problemas que tenía en Marruecos, no hay empleo y la vida allí no es fácil”, afirma Alaoui. Quien durante su travesía por alta mar pensaba que si moría, al menos, lo haría intentando alcanzar el sueño de llegar a España. Un sueño que se ha visto truncado porque, él mismo reconoce, aquí no ha encontrado nada de lo que venía buscando y solo choca contra puertas cerradas que no le permiten avanzar en su proyecto de vida.

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