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El Gobierno prende el ventilador

Torres reparte culpas tras el fin del estado de alarma entre Sánchez –sin citarlo–, la oposición y sus homólogos de otras autonomías

Casimiro Curbelo tuvo más tacto que el presidente. El líder de la Agrupación Socialista Gomera –la viga maestra que sostiene el Gobierno canario– casi pidió perdón antes de criticar a Pedro Sánchez. «Créame que siento decirle», le advirtió a Ángel Víctor Torres, «que a veces me pregunto quién asesora en Moncloa en determinados asuntos». En la bancada del PP, a la izquierda de Curbelo, dos diputados se encogieron de hombros, doblaron los brazos y con las palmas de las manos mirando al techo de la Cámara –ahí donde están pintados los nombres de Bach, Berlioz o Beethoven– parecieron dar gracias por las palabras del gomero. Así que Curbelo le dio a Sánchez un guantazo –más bien una brusca caricia– por levantar el estado de alarma y meter en un berenjenal a las comunidades autónomas y a la judicatura. Como Sánchez no tiene escaño en el Parlamento regional, fue Torres quien tuvo que poner la mejilla. Y la puso casi agradecido por tener la oportunidad de repartir responsabilidades y culpas a diestro y siniestro. El jefe del Ejecutivo canario encendió el ventilador y con menos tacto que Curbelo les dio a todos, o al menos a casi todos: a la oposición, a sus homólogos de otras autonomías e incluso a su correligionario Pedro Sánchez.

Porque para Torres todos tienen su cuota de responsabilidad en lo sucedido tras el fin del estado de alarma. El problema de su alegato fue que los metió a todos –a casi todos– en el mismo saco. Así que los dos mismos diputados del PP que habían celebrado las palabras de Casimiro Curbelo volvieron a dirigir sus miradas al techo. En este caso sin movimientos de brazos ni manos. Uno incluso cerró los ojos. No los abrió hasta que Torres terminó la frase: «Las responsabilidades son del Gobierno, de la oposición y de los presidentes autonómicos». Entonces ladeó la cabeza y suspiró. En uno de los pasillos de la Cámara, mientras abría la puerta del servicio de caballeros, otro parlamentario de Coalición Canaria optó por tomárselo a guasa: «Claro que sí, fueron Ayuso y la oposición quienes quitaron el estado de alarma».

Para cuando la puerta del servicio se cerró, Torres ya había completado su argumento: «Del Gobierno, de la oposición y de los presidentes autonómicos, algunos de los cuales han decidido abrir discotecas, mientras que nosotros hemos seguido los criterios de Salud Pública». Entre los criterios de Salud Pública figuran entonces el cierre perimetral del Archipiélago y el establecimiento de toques de queda, medidas que el Ejecutivo regional no ha podido poner en práctica por el fin del estado de alarma y previa aclaración del Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

Por eso Torres no se molestó en esquivar la crítica a Sánchez sin necesidad de mencionarlo abiertamente. Tuvo para la oposición –en realidad pareció dirigirse en exclusiva al Partido Popular–; para los presidentes de otras regiones –en realidad pareció dirigirse a Isabel Díaz Ayuso aunque no cometió el error de citarla tras la paliza que la popular le infligió a su partido en Madrid–; y tuvo para el Gobierno de Sánchez. El ventilador ya estaba entonces girando y soplando a máxima velocidad.

En casi todas las frases con que el presidente canario respondió a la pregunta de Curbelo se intuía ese sutil reproche, o no tan sutil, al Ejecutivo central. O a Ayuso y demás dirigentes autonómicos. O a uno y otros. «Si no controlamos la incidencia, si se nos da la vuelta, el efecto sería demoledor; nosotros sumamos salud y economía», subrayó. Porque lo que decidan otras autonomías, ahondó Torres, influirá en Canarias, y viceversa. De la misma manera que lo decidido por el Gobierno de PSOE y Podemos en Madrid, es decir, acabar con el estado de alarma, ha obligado al Ejecutivo isleño a resignarse y renunciar, al menos de momento, al cierre perimetral y el toque de queda.

Así que el dirigente autonómico insistió en que ahora la «cogobernanza» será clave para superar el trayecto entre la caída del estado de alarma y ese momento en que España y Canarias alcancen la inmunidad de rebaño. Semanas o meses en los que un patinazo pueda dar al traste con los esfuerzos hechos desde el estallido de la pandemia en marzo del año pasado. «Criterios comunes y respuestas homogéneas», casi imploró Torres.

Fue Curbelo quien, sin saberlo, puso el corolario a las palabras del presidente canario al formularle la pregunta: «El Gobierno de España tenía que haberlo hecho mejor, haber pensado en el conjunto de las autonomías para adoptar criterios compartidos, puesto que la pandemia sigue y la vacunación está al nivel que está».

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