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Xabier Gómez: «Hace falta una atención más humanizadora y poner rostro a cada historia»

Xabier Gómez

Xabier Gómez Andrés Cruz

Xabier Gómez, director de Migraciones de la Conferencia Episcopal, explica que los capellanes de los centros de migrantes hacen una labor de acompañamiento y escucha a los migrantes.

¿Qué conclusión saca de su visita a los centros de migrantes en Canarias?

He puesto rostro a la realidad que tanto había escuchado a través de las noticias y de los compañeros que trabajan en la Diócesis Nivariense y en la Diócesis de Canarias. Lo importante ha sido poder encontrarme con los chicos que están los centros y conversar con las personas que los gestionan. Una de las conclusiones es observar con preocupación que esta situación se pueda cronificar y se consoliden los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Gran Canaria. Por otro lado, he podido constatar el trabajo excelente de la delegación de Migraciones en Canarias, que es muy consciente de su motivación, de su identidad y del servicio que puede prestar.

¿Cómo valora la situación que se han visto obligados a vivir los migrantes tras su llegada a las Islas?

Para ellos lo más duro es asumir que después de una difícil travesía, en la que arriesgan su vida en la mar, llegan a Europa pensando que podrán iniciar un camino de libertad y, sin embargo, se encuentran retenidos y limitados en el derecho fundamental a la movilidad. Además, están en los centros viendo pasar el tiempo, sin nada que hacer y con la gran incertidumbre de qué será de ellos. Esta situación les pasa factura mentalmente, físicamente y emocionalmente.

La crisis humanitaria desencadenada por la llegada de migrantes a Canarias ha sido un reto a muchos niveles. ¿Qué ha supuesto para la Iglesia? ¿Cómo se ha implicado?

La enseñanza social de la Iglesia nos ayuda a leer la realidad. Tenemos dos encíclicas del Papa Francisco que nos ayudan a comprender cómo una crisis forma parte de algo global, porque todo está conectado. No es casualidad que los flujos migratorios hayan aumentado en todas partes del mundo. Estamos muy focalizados en el número de personas que arriban a las costas españolas, pero eso solo supone un 5% de las personas migradas que llegan a España. La Iglesia invita a leer este fenómeno dentro de un contexto más amplio y a verlo también como oportunidad, poniendo siempre en el centro la dignidad de las personas. Ya que no tienen la posibilidad de tener una vida digna en sus países de origen, hay que reconocerles por lo menos el derecho a migrar. Por esto, demandamos unas políticas que les permitan emigrar de una manera ordenada.

¿Qué labor realizan los sacerdotes en los centros de migrantes?

Los capellanes hacen una labor de acompañamiento, con realismo y con solidaridad. Al mismo tiempo, están atentos a las necesidades de las personas, que no solo necesitan de techo y comida, sino de un amigo que se preocupe por escucharles. Cuando se trata de personas católicas se ofrece una atención espiritual y en los otros casos se da un acompañamiento desde el respeto y la amistad.

¿En Canarias se han vulnerado los derechos de los migrantes?

El derecho a la movilidad es un derecho fundamental y a los migrantes se les han aplicado unas medidas desproporcionadas. Están en una situación administrativa irregular, pero no son delincuentes.

¿Considera que el fenómeno migratorio se aborda desde un punto de vista correcto o se deshumaniza?

Creo que no se trata con una mirada integral. Una visión que aborde desde las causas de este fenómeno en los países de origen, a la integración en los países de llegada. Hay que lograr una mirada menos criminalizadora hacia los migrantes, porque son personas que solo buscan un futuro mejor. Para comprender el desafío de las migraciones es fundamental practicar la escucha y promover espacios de encuentro, para poder comprender la realidad de esas personas y la historia que hay detrás de ellos. Cambia mucho la percepción de la migración cuando solo se sabe de ella a través de los medios de comunicación a cuando hay un contacto personal. Hace falta una atención más humanizadora y poner rostro a cada historia.

«Me preocupa que la situación se pueda cronificar y se consoliden los CETI en Gran Canaria»

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¿Qué se puede hacer para mejorar la integración de los migrantes en la sociedad?

Lo que queremos es que mejore la situación de los migrantes, pero también de las personas que residimos en España normalmente, porque vivimos una situación de crisis económica muy grave. Lo que quisiéramos es tener recursos para gestionar este momento de una manera positiva y justa, para que nadie se quede atrás. Habría que apelar a una revisión de las políticas, que se suelen olvidar de las medias que facilitan la integración. El objetivo debe ser ayudar a las personas que llegan y a la sociedad que acoge, para que esté dispuesta a una convivencia en la diversidad.

¿Qué le parece que exista un partido que quiera hacer política criminalizando a los menores migrantes?

El tema de la migración habría que colocarlo en un contexto alejado del conflicto político. Prefiero que este fenómeno se aborde desde parámetros humanitarios y no hacer política con las personas vulnerables. Desde el punto de vista de la enseñanza social de la Iglesia, está muy claro que no se puede jugar con una persona vulnerable. El Papa Francisco trata de orientarnos a trabajar desde un nosotros cada vez más grande y dejar atrás el hecho de hablar de nosotros y ellos.

¿A qué achaca los brotes de xenofobia que se generaron hace unos meses en algunos sectores de la sociedad canaria?

La sociedad canaria es un ejemplo de solidaridad y de acogida y ha sido capaz de organizarse para atender a las personas que llegan a las costas del Archipiélago. Si ha habido brotes de xenofobia en gente que tiene miedo, hay que pensar que el miedo también es legítimo. Estamos viviendo una situación económica difícil y mucha gente puede tener miedo, pero eso hay que gestionarlo. Desde un punto de vista político, religioso y social hay que ayudar a la ciudadanía a gestionar esos miedos. Por otro lado, no se puede permitir que las personas en situación de precariedad se vuelvan en contra de otras personas vulnerables.

En Canarias hay cientos de migrantes que están en situación de calle y algunos sacerdotes han creado una red de apoyo y acogida para estas personas. ¿Se debería generalizar esta práctica en todas las parroquias?

Tanto la Iglesia como la sociedad está llamada a preguntarse cómo va a responder ante este desafío. Desde la pastoral de Migraciones trabajamos por una cultura de la acogida y la hospitalidad, para que las comunidades parroquiales se conviertan en comunidades acogedoras. Esto no pasa solo por la responsabilidad de los sacerdotes, sino también por la responsabilidad de cada laico, cada uno tiene que pensar qué puede aportar. Las diócesis están orientando la acción de los católicos en este sentido. La Iglesia está poniendo más de lo que parece al servicio de la acogida, pero es una acogida subsidiaria, porque quien tiene la responsabilidad es el Estado. La Iglesia, a través de organismos como Cáritas, está haciendo muchísimo para acoger. No se puede dejar sola a la Iglesia de Canarias y a la sociedad canaria ante este desafío migratorio, lo responsable es apelar a la solidaridad interterritorial.

¿Qué mensaje lanza a la comunidad cristiana de las Islas que acoge la llegada de numerosos migrantes?

Ponerse a la escucha de lo que Dios espera de nosotros. El Papa Benedicto XVI dijo que las migraciones son un signo de los tiempo, lo que significa que con las personas migrantes también está llegando Dios.

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