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Rosario Álvarez catedrática de historia de la música

Rosario Álvarez: «Cuando investigo siento como si mis células no envejecieran»

Rosario Álvarez. | | CARSTEN W. LAURITSEN

Rosario Álvarez. | | CARSTEN W. LAURITSEN

Los Premios Canarias de este 2021 son para tres mujeres. Esto es un hito, ¿no cree?

Por supuesto. Creo principalmente en el valor de la persona independientemente del sexo pero ha habido una descompensación entre los premios a mujeres y hombres. Además, yo soy amiga de las otras dos premiadas. Loli Corbella ha sido compañera en la Universidad y directora del Instituto de Estudios Canarios y Maribel Nazco es un amor de persona y compañera en la Academia Canaria de Bellas Artes. Para mi ha sido una gran alegría. He estado en varios jurados de los Premios Canarias y siempre he luchado por esa compensación. Personalmente me siento afortunada. He sido siempre muy laureada y en esta ocasión he recibido con alegría la felicitación de gente que me para por la calle y me dice que están muy contentos de que se le haya entregado el Premio Canarias a una mujer. Ahí te das cuenta de que las mujeres se han sentido siempre marginadas. Además, he de decirte que yo fui testigo de la fundación de los Premios Canarias. Fue en el Cabildo en un acto de la Academia de Bellas Artes, cuando se eligió a Pedro González como presidente. Allí estaba Jerónimo Saavedra, primer presidente de la Autonomía, y anunció que iba a fundar unos premios para canarios que se quedaran trabajando en las Islas, cosa que por cierto no se ha cumplido.

Le entregan el premio en la categoría de Patrimonio Histórico pero usted es valedora de un patrimonio muy especial, el musical, del que apenas se sabía nada cuando empezó.

No, para nada. No existía y yo tampoco lo sabía. Me gustaba el piano y quería ser pianista. Al mismo tiempo estaba estudiando la carrera de Geografía e Historia. Me marché a Madrid a seguir con la carrera de piano y descubrí el órgano. Por la tarde sacaba material para mi tesis doctoral con don Jesús Hernández Perera. En la España de aquellos tiempos, a finales de los sesenta, no se sabía nada de musicología. Esa disciplina estaba más avanzada en Alemania y en Inglaterra, por ejemplo. Por suerte, mi director de tesis me dio un tema que era de musicología y sin saberlo abrió las puertas de toda mi vida: los instrumentos musicales de la edad media a través de la plástica. Esto me obligó a estudiar diez siglos de arte medieval buscando angelitos o juglares con instrumentos Me llamaron entonces del Conservatorio para impartir Historia de la Música, en 1977. Seguía sin tener ni idea de la existencia de esta disciplina pero poco a poco me fui formando y haciendo cursos en la Península. Me puse las pilas. Al poco tiempo ya estaba dando clases de musicología en Granada. En otras universidades había gente en mi mismo caso y participé de ese proceso fundacional. La primera universidad que creó estos estudios específicos fue la de Oviedo, en 1983. Ya por entonces yo había entrado en la Universidad de La Laguna, en el departamento de Historia del Arte, que es donde he estado toda la vida.

¿Así descubrió la pasión de su vida, casi por casualidad?

Cuando vi lo que era la musicología, se me abrió un horizonte tremendo. Podía unir al fin los estudios de historia, que me encantaban, con la música. Compré libros y conocí a Lothar Siemens, con el que trabajé durante muchos años. Él si que había estudiado esta disciplina en Hamburgo. Me tuve que preparar para dar mis asignaturas porque yo no había hecho la carrera como tal. Estudié mucho, me preparé. Todos los años cambiaba de asignatura y trabajé toda la historia de la música. Tuve alumnos que se matricularon conmigo un año tras otro. Hay gente que tiene 16 cursos hechos conmigo. Eran unos cuatrimestres monográficos que todos los años tenían que cambiar. Aprendí sola, casi de forma autodidacta.

Una de las grandes labores de su vida ha sido la recuperación y promoción del trabajo de más de un centenar de compositores canarios.

Del estudio de los instrumentos me pasé al estudio de la iconografía musical, un campo en el que fui pionera en España. Cuando me presenté a la Cátedra en el año 90, los miembros del tribunal me animaron a trabajar con los compositores y la música de Canarias, a estudiar mi entorno. Tenían razón y las cosas fueron cayendo una detrás de otra. Empecé por hacerle un homenaje en la Academia a Don Manuel Bonnín Guerín. A partir de ahí, Lothar Siemens en Las Palmas y yo aquí empezamos a estudiar el terreno. Queríamos que la música se grabara y permaneciera. Todo se cristalizó. Verás, yo soy providencialista: creo en Dios. Cuando ves que te van conduciendo y analizas tu vida te das cuenta de que es como si me hubieran marcado el camino. No teníamos claro cómo empezar a grabar y los músicos, además, no querían estudiar las obras de los compositores canarios para tocarlas una sola vez. En 1994 una serie de compositores de aquí me solicitaron una entrevista. Se creó entonces una asociación de compositores y musicólogos. Me nombraron presidenta de Cosimte, la Asociación de Compositores Sinfónicos y Musicólogos de Tenerife. A partir de ahí se fueron sucediendo las grabaciones gracias a varias colaboraciones. Hubo años que sacamos hasta seis y siete discos. Una locura. En total y entre todos los discos hay 135 compositores de Canarias, aunque hay muchos más.

¿Hubiera desaparecido su legado de no haberse grabado?

Efectivamente, buena parte de esas partituras hubieran desaparecido. Hay que reconocer también la labor del Museo Canario y Lola de La Torre, que empezó a indagar en la Catedral de Las Palmas. Lothar Siemens, que era su sobrino, recogió su trabajo y continuó con él. En total grabamos 56 discos con 517 obras diferentes.

Sorprende bastante que hubiera tanto por rescatar.

Es que nadie había hecho nada. Y quedaron montón de cosas fuera.

¿Cómo se explica que haya tanta música en un lugar tan pequeño?

Fíjate, todos los años y por el Día de Canarias, Radio Clásica de Radio Nacional tenía que limitarse a poner una obra de Teobaldo Power o de Juan José Falcón Sanabria. No se conocía a nadie más. Yo me decía que eso no podía ser. Cuando empezamos a indagar empezaron a salir compositores de debajo de las piedras, y no solamente del pasado, sino actuales. Hacíamos conciertos de cámara con estrenos de obras de los compositores de Cosimte. Empezaron a proliferar. Pensé que si aquí ha habido buenísimos pianistas, cantantes y músicos –porque esto es una tierra rica para la música– también tenía que haber compositores. Efectivamente, ahora estamos viviendo una edad de oro de la composición en Canarias. Todo fue a base de crear un caldo de cultivo y que los chicos y chicas supieran que además de tocar un instrumento podían matricularse en composición y que ellos también podían crear cosas.

¿Por qué Canarias será un sitio tan musical?

No lo sé. Supongo que por razones culturales y por ser cruce entre América y Europa. Esta ha sido siempre una encrucijada de ideas y pensamientos.

No se puede hablar de Rosario Álvarez sin nombrar a la Academia de Bellas Artes. ¿Qué ha supuesto para usted esta institución?

Tuve la suerte de que me nombraron académica en 1984. No teníamos ni sede. Nos reuníamos en cafeterías y restaurantes. Eliseo Izquierdo me animó a relevarle y vi unas posibilidades infinitas. No puedo vivir sin belleza, sin creación. Y no solo en la música. En la Academia he podido hacer cursos extraordinarios de materias que no se daban en la Universidad. Aquello es como un oasis de felicidad, la gente que va aprende cosas y disfruta de la música y de las conferencias. De hecho, ahora me vuelvo a presentar a la presidencia porque me lo han pedido.

La recuperación los órganos históricos de Canarias ha sido la otra gran pasión de su vida.

Como había estudiado órgano, cuando regresé de Madrid lo primero que hice fue ir a la Iglesia de La Concepción de Santa Cruz. Iba a tocar los fines de semana. Al órgano, lo típico, le fallaban cosas y había que arreglarlo. Al mismo tiempo, empecé a estudiarlos en los archivos. Se me ocurrió hacer unas campañas por las islas. Me compré una libreta, una linterna, un destornillador y una cinta métrica. Iba iglesia por iglesia viendo los órganos, midiéndolos y sacándoles fotos. Así empezó todo.

¿Qué papel juega la música en su vida personal?

Pues voy a muchos conciertos. Con lo cual, poca música escucho en mi casa. Cosas puntuales porque necesito descansar el odio.

¿Deberíamos sacarle más partido a la música como herramienta educativa?

La música es fundamental para el desarrollo del cerebro. Y más aún tocar un instrumento. Todos buscamos la felicidad. Estar en un archivo lleno de papeles me encanta. Siento que mientras estoy en un archivo o en una hemeroteca investigando mis células no envejecen. La música consigue emocionarte. Es una felicidad que no te la arrebata nadie, es personal e intransferible. Y mi felicidad es investigar.

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