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Crisis migratoria | La realidad de las mujeres migrantes

Visados para no arriesgar sus vidas y las de sus hijos

Imagen de la presidenta de la Asociación de senegaleses DIAPO Tenerife y miembro de la Junta directiva de la Asociación de Mujeres Africanas en Canarias, Awa Diop, que en una entrevista con EFE ha hablado de la situación de la mujer africana.

Imagen de la presidenta de la Asociación de senegaleses DIAPO Tenerife y miembro de la Junta directiva de la Asociación de Mujeres Africanas en Canarias, Awa Diop, que en una entrevista con EFE ha hablado de la situación de la mujer africana.

Mujeres de distintos países de África reclaman que los países europeos les den visados para así no tener que arriesgar sus vidas y las de sus hijos subiéndose a un cayuco para reencontrarse con sus parejas o para evitar un matrimonio forzoso, la mutilación de sus genitales y violaciones.

Awa Diop, de la Asociación de Mujeres Africanas en Canarias, explica en una entrevista con Efe que las mujeres que se suben en una patera con sus hijos lo hacen porque no tienen posibilidad alguna de acceder a un visado que les permita viajar de forma segura a Europa, donde se encuentran sus maridos desde hace varios años trabajando.

Este es el motivo principal por el que las mujeres africanas deciden tomar el camino más peligroso, pues la ruta migratoria a Canarias es, tal y como ha advertido la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la más mortífera de las que están activas en estos momentos.

Diop asegura que en cada vez más llegan pateras con mujeres y menores, quienes representan el 5% y el 15%, respectivamente, de las personas que llegaron en patera en 2020 a Canarias, según datos de Cruz Roja.

La situación de estas mujeres es "muy crítica y delicada", puesto que, después de haber abandonado su país y haber asumido el riesgo de morir en el viaje llegan a Canarias, donde las han separado de sus hijos hasta demostrar a través de una prueba de ADN que tienen lazos de sangre.

Una vez han logrado solucionar esta injusticia que mantuvo durante meses a madres e hijos separados, ahora la queja es la lentitud con la que se tramitan estas pruebas, cuyos resultados se podrían conocer en días y llegan a tardar meses.

La activista senegalesa afincada desde hace casi 30 años en Tenerife insiste: hay que intentar solucionar los visados en África y, mientras no se logre este objetivo, es preciso agilizar la reagrupación familiar.

Comenta que cuando, por ejemplo, el consulado de Francia en Costa de Marfil le deniega un visado a una mujer para viajar con su hijo menor a París con el fin de reencontrarse con su marido la dirige al peligro de una patera.

"En África el visado es un lujo", afirma Diop, quien recientemente participó en unas jornadas organizadas por la Fundación CajaCanarias para hablar de la migración desde la perspectiva de una mujer senegalesa.

Destaca que las mujeres africanas están "en su total derecho" de viajar "de forma digna" a Europa, es decir con visado y en avión, porque, según las creencias populares, su "deber" es ocuparse de su familia, empezando por su marido.

Además, opina, las personas que salen de su país con visado pueden regresar a éste si no les va bien, mientras que las que arriesgan su vida en una patera y endeudan a sus familias para ello no lo hacen porque lo consideran un fracaso.

Aunque, de forma mayoritaria, las mujeres que se suben en una patera van con sus hijos a reencontrarse con sus parejas y proceden de Costa de Marfil, Mali y Guinea Conakry, también hay otros perfiles aún más vulnerables.

Se trata de mujeres que huyen de guerras en sus países, violaciones que no pueden denunciar en el entorno familiar, de la mutilación genital o de un matrimonio forzoso.

A estas circunstancias personales se suma el peligro que conlleva en muchos casos el viaje a Canarias, cuando tienen que pasar por otros países, exponerse a abusos y violaciones y a una espera que puede tardar años antes de lograr su objetivo de subirse a una embarcación.

Después de un viaje tan difícil, las mujeres, algunas de ellas explotadas a cambio de facilitarles el viaje hacia España y con bebés sin saber quién es el padre, llegan a Canarias, donde los trámites se demoran y se vuelven a quedar a la deriva.

Por ello, Awa Diop exige a las administraciones que les practiquen a ellas y a sus hijos las pruebas de ADN lo más urgente posible para que puedan continuar con su viaje a Europa, pues son prácticamente inexistentes los casos de quienes quieren quedarse en Canarias.

La activista senegalesa afincada desde hace casi 30 años en Tenerife pide también que se realicen más esfuerzos por tratar de conocer la realidad de las mujeres para saber si huyen de problemas específicos o si han salido para reunirse con su marido.

"Cuando una mujer se arriesga a meter a un niño en una patera es porque necesita algo", advierte Diop, quien señala que la mayoría de ellas no conoce los riesgos del viaje, la duración del mismo ni que llegarán a Canarias, que está a más de 2.000 kilómetros de Madrid.

Tampoco saben que tendrán que pasar por "varias pruebas" antes de poder continuar con su viaje, ni que iba a ser separadas de sus hijos hasta que se demostrase mediante ADN que tienen lazos de sangre, como ocurrió en el pasado.

Ahora ya han rectificado y no les separan pero les hacen esperar más de seis meses por una prueba, denuncia Awa Diop, quien lamenta que las mujeres "se desesperan completamente" porque "no es lo que esperaban de Europa".

Insiste en sensibilizar en origen debido a los buenos resultados que se han demostrado en Senegal, donde considera que hay "más conciencia del peligro" y por ello el número de mujeres de este país que viaja a Canarias sola o con sus hijos es muy bajo frente a las que proceden de Costa de Marfil, Mali y Guinea Conakry.

En su opinión, las mujeres que viajan en patera asumen "este riesgo" porque "no tienen otra alternativa" y "ni siquiera tienen la oportunidad de acceder a su pasaporte y, mucho menos, a un visado".

"En África el visado es un lujo" al que ella pudo acceder hace casi 30 años para viajar desde Senegal, donde dejó un buen trabajo en el consultorio de un cardiólogo, para viajar Canarias para reencontrarse con su marido.

Ella se define como "una mujer liberal, con estudios y emancipada", madre de cuatro hijos canarios que trabaja de traductora en Tenerife gracias a su formación universitaria y a su facilidad para los idiomas, habla wolof, francés, español e inglés.

También admite que es "una afortunada". No tuvo arriesgar su vida en un cayuco y pudo acceder al visado que ahora reclama para el resto de mujeres en una lucha "justa" que ha asumido como propia. 

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