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Crónica parlamentaria

Otoño al comienzo del verano

Es un Gobierno que vive los primeros días de otoño en su verano y que en los próximos meses, sin más, se la juega

Ángel Víctor Torres.

Ángel Víctor Torres.

En el exterior hacía buen tiempo y no hacía buen tiempo. No reinaba el calor, pero tampoco el frío. No estaba el cielo despejado pero tampoco encapotado. Un tiempo más bien raro para el primer día de verano pero que sirve de metáfora meteorológica del Gobierno de Canarias. ¿Es un Gobierno impopular? No, pero tampoco particularmente valorado. ¿Es un Gobierno eficaz? No parece un desastre sin paliativos, pero el muy insatisfactorio trabajo en determinadas áreas clave (las políticas sociales y asistenciales) y varios de los objetivos programáticos centrales (la ley de cambio climático y transición energética, cuyo anteproyecto se presentó nada menos que en el pasado noviembre, la ley de renta de ciudadanía, la creación de un parque de viviendas públicas) avanzan a paso de tortuga. ¿Es un Gobierno que genera confianza? En absoluto, pero los ciudadanos, incluso los más puteados, todavía están a la expectativa. ¿Es un Gobierno bajo un fuerte e inequívoco liderazgo? Nadie juicioso podría afirmarlo, pero su presidente, amante del soft power, mantiene una buena imagen teniendo en cuenta las espeluznantes circunstancias sociales. Es un Gobierno que vive los primeros días de otoño en su verano y que en los próximos meses, sin más, se la juega. Y no se la juega, curiosamente, gestionando angustiosas austeridades, como equipos anteriores, sino asignando fondos ingentes, desconocidos en la praxis de las administraciones públicas canarias. Las cifras de los fondos extraordinarios ya no hablan por sí mismas. Ya no son útiles para enhebrar la letra de canciones triunfales, aunque alguno sigue sin enterarse y sigue la salmodia de los millones, los cientos de millones, los miles de millones del maná que saciará nuestros cuerpos y nuestras almas. La primera estación es, por supuesto, los 1.140 millones de euros destinados en más de un 80% a pymes y autónomos, para cuya asignación, sorprendentemente, se eligió el método de la solicitud de los particulares con las comunidades autónomas como entidades gestoras, en el caso canario, con la colaboración de las cámaras de comercio. Si el equipo gubernamental fracasa en este cometido –y se sabrá a finales de año– le va a ser difícil remontar un hartazgo creciente, un cansancio brutal por una excepcionalidad capaz de llevarnos a un laberinto de ruinas circulares. Las ayudas directas ya llegan tarde. Si además llegan mal no habrá olvido ni perdón, como en los narcocorridos.

Por el momento, el presidente, que conserva un moreno impresionante, un moreno de rayos UVA ultraperiféricos, sigue peloteando preguntas en la sesión de control con la que se abre todos los plenos parlamentarios. Ya no utiliza una raqueta de tenis, le basta con una de ping pong. Antes sus señorías se tomaron su tiempo para ocupar sus escaños: nadie parecía especialmente entusiasmado ante la jornada. Como es usual abrió el turno Vidina Espino, que porfía en ser la misma diputada: sigue adelante con su pregunta sin prever la más que evidente respuesta. ¿Recuerdan que fue la candidata presidencial de Ciudadanos hace apenas dos años y pico? Qué recuerdos de una osadía oceánica. Preguntó doña Vidina por la precariedad laboral y social y el presidente Torres le respondió sumando el ingreso canario de emergencia –que apenas llegó a 28.000 personas–, el complemento a las pensiones no contributivas –gracias al cual 42.000 ancianos pudieron pagarse el cine, incluso con una cocacola y palomitas, dos o tres veces–, las 14.000 personas distinguidas con el ingreso mínimo vital –sí, el presi tuvo el cuajo de citarlo como algo presentable– y los 30 millones de euros que serán aprobados la próxima semana para complementar los salarios de afectados por los ERTE cuya retribución no llega ahora al salario mínimo interprofesional. Después Casimiro Curbelo preguntó algo sobre la financiación autonómica y Torres le contestó que sí, que le encantaría cambiar el sistema, y que estaría muy de atento, mi estimado señor, por si alguien se lo propone. Luis Campos se quedó de que Nadia Calviño no hiciera mayores concreciones en su reciente visita a Canarias, pero por lo menos no fue tan exasperante como Escrivá ni comente errores lamentables como el secretario de Estado de la Agenda 2030, Enrique Santiago, que además, para los más curiosos, es el secretario general del PCE, y dijo aquello que para Canarias no puede ser un problema tener aquí unos cuantos cientos de chiquillos. Ya decía Marx que la existencia determina la conciencia, y la existencia de un secretario de Estado no suele ser demasiado problemática; de su conciencia mejor no hablar. Ricardo Fernández de la Puente mostró su escepticismo sobre el bono turístico y Román Rodríguez díjole que la idea era muy buena y que además el Gobierno canario había soltado con este objetivo más perras, por ejemplo, que el gobierno de Valencia, que tiene mucho más población. En sus dicharacheras explicaciones Rodríguez a veces emplea el criterio poblacional y a veces no, según le cuadre, pero no hubiera estado de más recordarle al vicepresidente que el turismo (también el turismo interior) tiene mucho más peso en el PIB canario que en el PIB levantino. Por supuesto no faltó la pregunta de Nira Fierro para que el presidente explique a sus señorías que hay mañanas en las que le duele la cara de ser tan guapo. La pregunta de más contenido político –y más actualidad preocupante– es la que le formuló la portavoz y lideresa del PP, María Australia Navarro.

¿Es un Gobierno que genera confianza? En absoluto, pero los ciudadanos, incluso los más puteados, todavía están a la expectativa

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Navarro le preguntó a Torres sobre la investigación abierta en ese recurso habitacional de la Consejería de Derechos Sociales en un hotel de Mogán, donde según una denuncia anónima se habían producido violencias y abusos sexuales. La portavoz conservadora le preguntó directamente al presidente si avalaba el errático comportamiento de la consejera en este asunto, que ha acabado responsabilizando agriamente a la Fiscalía de que lo ocurrido quedara impune pero, ¿cómo podía saber nada la Fiscalía si Noemí Santana no le había comunicado el contenido de la denuncia? Si Cristina Valido –o cualquiera de sus predecesores en el departamento– se hubiera encontrado en esas circunstancias y hubiera reaccionado así, con esa grotesca huida hacia adelante, Podemos la hubiera quemado en una hoguera. Torres se limitó a repetir el argumentario construido por Santana y que tiene más agujeros que el respeto de Podemos hacia la separación de poderes. Pero, atención: en ningún momento Torres apoyó específicamente a la consejera ni avaló explícitamente su gestión al respecto. Y así se resolvió, rapidito y sobre la marcha, uno de los escándalos más preocupantes del mandato presidencial de Torres. En la Cámara, por supuesto. Veremos lo que ocurre en los juzgados.

Entre las preguntas también estuvo una inquietud del diputado Juan Manuel García Ramos, que recordó unas declaraciones recientes de Rodríguez en sede parlamentaria en las que recordó el formidable crecimiento poblacional de Canarias en los últimos veinte años. Ese crecimiento, que continuó en la fase más dura de la anterior crisis económica (2008-2014) puede y debe tener algo que ver con los desequilibrios sociales y las insuficiencias y problemas de los servicios públicos, pero Rodríguez huyó de ese debate como de la peste. Recordó que en su mandato presidencial (entre 1999 y 2003 Coalición cogobernó con el PP con Rodríguez al frente del Ejecutivo) convocó un panel de expertos para analizar el fenómeno de la superpoblación y la capacidad de carga del territorio insular, y que a conclusión es que solo la podía evitar un crecimiento económico moderado y sostenible. Una conclusión un poco idiota: una región con un crecimiento moderado y continuo no deja de atraer inmigrantes.

El consejero de Hacienda dio entonces un vuelco, explicó que él había sacado unas directrices de ordenación para la construcción y el turismo y que CC se las había cargado. Es decir, que la superpoblación de Canarias es culpa, por supuesto, de CC. Luego se sentó, cruzó de brazos y se quedó mirando al techo. Hay veces, algunas veces, en las que el nivel político, intelectual y dialéctico es tan intenso en la Cámara que uno siente ganas, pese al cansancio, de bajar al salón de plenos y comenzar a repartir chupas y dodotis. Pero se me quita enseguida.

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