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Obituario

Felipe Baeza, espíritu libre y polémico en las filas de la derecha canaria

El abogado, fallecido el sábado, pasó por el PP en la etapa previa a la refundación en las Islas

El abogado Felipe Baeza, especialista en Derecho Internacional del Mar, durante la entrevista realizada en el Gabinete Literario. | | QUIQUE CURBELO

Cuando la dirección nacional del PP en la primera etapa de José María Aznar, en 1990, echó un vistazo a la situación del partido en Canarias para tratar reorganizarlo y reforzar en las Islas el centro derecha se encontró un panorama desolador. No cabía esperar en el Archipiélago un impulso electoral de las posiciones conservadoras entre otras razones porque si por algo se caracterizaba la organización en ese momento en las Islas era por sus luchas fratricidas y una ausencia total de cohesión interna tanto en el ámbito organizativo como ideológico. Una de las personas a las que desde Madrid se apuntaba como responsable de esa situación era a Felipe Baeza Betancort, el prestigioso abogado grancanario, fallecido el pasado sábado a los 88 años, que competía por el liderazgo con Angel Isidro Guimerá, otro de los líderes regionales que aspiraba a ser referencia del partido y de todo el espectro político conservador en la refundación de lo que había sido Alianza Popular.

Imagen de 1991 junto a José Macías (izqiuerda) y Francisco Álvarez-Cascos. | | LP/DLP

El fallecimiento de Baeza ha llevado a muchos de los veteranos dirigentes del PP canario, muchos de ellos ya fuera del partido, a echar la vista atrás y rememorar una época de convulsión permanente en sus filas y a recordar la figura de una persona de singular perfil político. Ilustrado y de gran prestigio como abogado que se especializó en Derecho Marítimo Internacional, Baeza era sobre todo un político de espíritu libre e independiente incompatible con las normas internas y la disciplina imperante en la cultura de los partidos políticos españoles. Polémico siempre y en permanente batalla con sus entornos políticos, su breve paso por AP/PP no le impidió dejar un rastro visible en una época en que la derecha buscaba obsesivamente acabar con la hegemonía socialista que lideraba Felipe González.

Desde entonces, su prestigio como jurista ha superado con creces toda nota biográfica política, pero su adiós remite ahora a los avatares de un partido del que se fue frustrado por sus derrotas en el ámbito interno, y por la marginación a la que le sometió una dirección nacional que quería un PP monolítico y organizado para enfilar por primera vez desde su refundación camino de La Moncloa. Fichado por la entonces AP liderada en ese momento por Antonio Hernández Mancha, Baeza pasaba por ser un refuerzo de la sociedad civil con la que se pretendía modernizar el partido y superar la etapa del patriarca, Manuel Fraga. Una de las personas con las que congenió en AP fue la actual portavoz del PP en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Pepa Luzardo, que destaca de Baeza su «talla intelectual» y su «apuesta por los jóvenes en la línea de lo que pretendía Hernández Mancha».

Estudioso de los nacionalismos, su último ensayo verá la luz el 25 de noviembre

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Es la idea que expresa también quien fuera uno de sus aliados más estrecho durante la etapa de Baeza como presidente insular del PP en Gran Canaria, Mario Romero, en la que arreciaron las luchas de poder con Guimerá. Romero destaca el cambio de registro que buscaba en el PP hacia unos «postulados más liberales y de centro derecha», pero que las luchas internas dieron al traste con aquel impulso hasta que, ya en 1990, Aznar mandó reorganizar el partido. Lo recuerda el propio Mariano Rajoy en sus memorias políticas, en las que señala que desde la vicesecretaría de Organización del PP en la que le colocó Aznar tuvo que «reorganizar el partido allí donde era débil».

Rajoy relata que así se hizo buscando no generar conflictos innecesarios. Pero que en Gran Canaria «me vi obligado a disolver el partido, siendo líder insular Felipe Baeza, y refundarlo».

«Las personas que figuraban como dirigentes locales no estaban particularmente dotadas ni para el diálogo ni para trabajar con otros. Libraban discusiones permanentes entre ellos, a menudo en los periódicos. Lo mejor que podíamos hacer era empezar de nuevo». Según relata Rajoy, un atónito Aznar ante esa situación le pidió que hiciera «lo que tengas que hacer», lo que acabó en una crisis que más tarde derivaría en el liderazgo regional de José Miguel Bravo de Laguna, y de José Macías, primero, y María Eugenia Márquez, más tarde, como líderes insulares.

«Era una persona que no estaba habituado a la vida y a la disciplina de partido y tenía un criterio muy personal sobre cómo estar en política. Le faltó un poco de mano izquierda», señala Romero.

Bravo de Laguna recuerda a Baeza como un «abogado brillante y preparado que entró en política con vocación de servicio público», pero con problemas en al ámbito interno del partido al que se afilió. Reconoce que tuvieron sus «discrepancias» pero cree que «hay que agradecerle que sacrificara su posición profesional por ese interés en participar en la vida pública». «Fue afable con todas las ideologías y posiciones políticas, pero se desencantó del PP y de la vida política profesional, especialmente desde que Aznar tomó las riendas del partido», destaca el periodista y escritor Ángel Tristán Pimienta. «Siempre estaba en guerra con alguien porque era polémico, polemista e independiente».

Diputado en la IV Legislatura entre los años 1989 y 1993, la purga de la que fue víctima por parte del aznarismo le llevó a abandonar el Grupo Popular para pasarse al Mixto, uno de los primeros casos en que se ha dado tal circunstancia en el Congreso. Su carta a Aznar para comunicarle esa decisión da pistas evidentes de cómo entendía él la política: «El partido no me utiliza nada como diputado», declaró Baeza en esa misiva al líder del PP, en la que se quejaba de que, durante los tres años que llevaba ocupando el escaño, el PP había sacado de él «el mismo provecho que si fuese analfabeto, pues sólo cuentan conmigo para apretar un botón según las indicaciones del jefe de filas: Si levanta un dedo tengo que votar que sí; si levanta dos dedos tengo que votar abstención, y si levanta tres dedos tengo que votar que no».

Desde su salida de la política en 1993, Baeza destacó sobre todo en el debate público por su aportaciones al mundo académico en torno al Derecho Marítimo Internacional y su aplicación en el caso de Canarias respecto a las aguas archipielágicas o la determinación de la mediana marítima con Marruecos. Es autor del libro de referencia en este sentido Las Islas Canarias ante el Nuevo Derecho Internacional del Mar, entre otros, así como España y la OTAN , en el que defendía, antes del referéndum, la entrada del país en la organización atlántica.

Estudioso también de los nacionalismos en España, Baeza había terminado recientemente el libro El desafío de las nacionalidades, que se publicará con el patrocinio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria y el Museo Canario y que se presentará el próximo 25 de noviembre en la capital grancanaria.

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