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Pleno del Parlamento de Canarias | Segunda jornada de la sesión

Desayunar con Franquis y merendar con Bolaños

Se ha abierto una vía de diálogo entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Coalición Canaria que no existía hasta ahora

Los diputados automómicos Francisco Déniz, de Sí Podemos, y Jesús Ramón Ramos, de ASG, en el pleno de ayer. | | CARSTEN W. LAURITSEN

El duelo de ayer en el Parlamento, media entrada, ausencia casi total del Gobierno, grandes desayunos en las inmediaciones, ausencia del presidente de la Cámara, Gustavo Matos, que se recuperaba de una cirugía menor a la que se sometió ayer, fue la comparecencia solicitada por CC para que el consejero de Obras Públicas, Sebastián Franquis, explicara el misterio del cumplimiento de la sentencia sobre el Convenio de Carreteras. Recordarán los más ancianos que el Gobierno de Mariano Rajoy se negó en redondo a seguir abonando el convenio en el momento más duro de la crisis financiero-económica que estalló en 2008. Lo hizo sin despeinarse y jamás los conservadores, en Madrid o aquí, han explicado un comportamiento tan mísero y políticamente estúpido. Después de unos cuantos tiras y aflojas, el entonces presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, decidió llevar el asunto a tribunales. Y se ganó. El Tribunal Supremo, en varias sentencias, condenó al Gobierno central a cumplir con las condiciones contractuales que establecía el convenio, es decir, a pagar la integridad de las cantidades adeudadas al Gobierno canario.

Han pasado más de tres años bajo el Gobierno de Pedro Sánchez y el Ministerio de Hacienda no ha soltado aún un céntimo. En el pasado marzo tanto el presidente Ángel Víctor Torres como su consejero de Obras Públicas insistieron en que estaban a punto de firmar una adenda al Convenio y se comenzaría a cobrar casi de inmediato las cantidades adeudadas. No ha sido así. Ayer, sin embargo el señor Franquis aseguró que 300 millones de los 1.000 millones adeudados figuraban en el proyecto de los presupuestos generales del Estado para 2022. Todo, por tanto, va bien encaminado, por lo que no entendía – y parecía que le dolía una zona inconcreta entre el páncreas y el hígado al decirlo – como la portavoz de CC, Rosa Dávila, no reconocía las cosas tal y como son. «No lo aplauda, entiendo que no lo aplauda, pero reconózcalo. ¿Por qué no lo reconoce?». Después de dos o tres fases enfatizando lo estupendo del acuerdo, Franquis insistió, con el ceño fruncido por la incomprensión: «No lo aplauda, entiendo que no lo aplauda, pero reconózcalo. ¿Por qué no lo reconoce? ¿Por qué le cuesta tanto reconocerlo?». La letanía llegó puntualmente quince segundos más tarde: «Si no le digo que lo aplauda pero, ¿por qué no lo reconoce? ¿Por qué le cuesta tanto? ¿Por qué?». No demostró unos recursos retóricos muy churchilianos el señor Franquis, quien insistió mucho en que el diálogo constructivo era mucho mejor que el enfrentamiento y la bronca permanente que propugnaba y practicaba Coalición Canaria. Esto forma parte del argumentario básico psocialista en la presente legislatura: el nacionalismo es una estrategia inútil porque nosotros, cuando tenemos un presidente socialista en La Moncloa, conseguimos todo hablando cordial y firmemente con los compañeros de la famélica legión. La pena es que no existen muchos ejemplos que demuestren semejante aserto en los últimos cuarenta años. El Gobierno tiene en su propio seno un socio menor, Nueva Canarias, que afirma campanudamente todo lo contrario.

Al principio de la semana sonaron los móviles de Fernando Clavijo y Ana Oramas y un afabilísimo Bolaños mostró su vivo interés por conocer la posición de Coalición frente al proyecto presupuestario

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«Si no es por lo que usted llama bronca, y nosotros entendemos como defensa incondicional de los intereses de los canarios, no estaríamos hablando ahora sobre la devolución de las cantidades comprometidas en el Convenio de Carreteras», le replicó Dávila, «porque fuimos los que decidimos llevarlo incluso a los tribunales». La exconsejera de Hacienda recordó que el Ministerio de Hacienda había decido computar como superávit 200 millones del convenio, lo que es directamente miserable. Dávila calificó como juego de trileros el practicado por los gobiernos central y canario alrededor del Convenio de Carreteras desde hace más de dos años. El diputado socialista al que le tocó la comparecencia, el palmero Jorge González, secretario de Organización saliente del PSOE, se escandalizó un poquito y todo: «Hablar de trileros en la Cámara…» El señor González, obviamente, conoce muy poco la historia del parlamentarismo español. Y del canario. Por lo demás, la diputada de CC recordó que esos 300 millones presupuestados no son nominales y que pueden emplearse en muchos objetos y no solo en las carreteras y anunció irónicamente que esperaba que Franquis firmara antes de fin de año la adenda que lleva firmando desde marzo. El consejero lanzó al final un discurso sobre la voluntad de transformación del PSOE en todos los ámbitos sociales y económicos, garantizando que ya se ha ejecutado el 76% del dinero presupuestado para su departamento, y los socialistas que no estaban desayunando le brindaron un sincero aplauso.

Si los coalicioneros desayunaron con Franquis merendaron más tarde con Félix Bolaños, el ministro de Presidencia y Relaciones con las Cortes que comanda la negociación de los presupuestos del Estado para 2021 con los grupos parlamentarios. Al principio de la semana sonaron los móviles de Fernando Clavijo y Ana Oramas y un afabilísimo Bolaños mostró su vivo interés por conocer la posición de Coalición frente al proyecto presupuestario y, eventualmente, estudiar enmiendas y cerrar un acuerdo. Y allá se fueron Clavijo, Oramas y el joven secretario de Organización, David Toledo. Las posiciones, obviamente, están muy alejadas, pero el gesto dialogante de Bolaños demuestra que a) el PSOE no las tiene todas consigo y b) es perfectamente posible, aunque arduo y complejo, negociar un conjunto relevante de enmiendas –inversión y REF– para conseguir, sino un respaldo, sí una abstención que podría ser valiosa para los socialistas. En todo caso se ha abierto una vía de diálogo entre el Gobierno de Sánchez y CC que no existía hasta ahora, y si el acuerdo es difícil, que la comunicación, si se mantiene, no tenga un impacto en la política canaria es más difícil todavía.

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