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¿Por qué el Gobierno del ‘pacto de las flores’ no quiere bajar impuestos?

Los ingresos por IGIC se quedan en 2021 en casi 300 millones menos que antes de la crisis

Ángel Víctor Torres, en el último pleno del Parlamento de Canarias. | | Andrés Gutiérrez Taberne

La certeza de que la extraordinaria subida de los precios no tiene nada de coyuntural, sino que ha venido para quedarse durante un tiempo indeterminado, ha traído consigo el debate sobre la conveniencia, o no, de que el Gobierno de Canarias baje impuestos. Se lo han pedido desde la oposición, tanto Coalición Canaria como el PP, y desde la patronal. El argumento de quienes defienden la necesidad de un respiro tributario es que no puede mantenerse la misma carga fiscal sobre las empresas y las familias cuando su poder adquisitivo está cayendo en picado. Pero el Ejecutivo de Ángel Víctor Torres no va a bajar los impuestos. No quiere. O más bien no puede.

¿Tiene margen el Gobierno regional para bajar impuestos?

La Comunidad Autónoma tiene margen para bajar la carga tributaria en los impuestos especiales y, sobre todo –por su mayor peso–, en el tramo autonómico del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y en el Impuesto General Indirecto Canario (IGIC). Es lo que ayer insistió en demandarle el senador Fernando Clavijo como vía para ayudar a los bolsillos de las familias y las cajas de las empresas. El problema es que la recaudación por ambos tributos sigue lejos y hasta muy lejos de las cifras anteriores al estallido de la pandemia, y de ello son muy conscientes en la Consejería de Hacienda. Una bajada impositiva sería en estos momentos una bajada sobre otra bajada, la que ha causado la crisis de la covid-19 y de la que la recaudación por los grandes tributos aún no se ha recuperado.

¿Se ha recuperado la recaudación por el IGIC?

El ejemplo del IGIC es paradigmático. Es el principal impuesto indirecto de la Comunidad Autónoma y la principal fuente de ingresos del Bloque de Financiación Canario o bloque del REF. La recaudación llegó en 2021, el año II del coronavirus, a prácticamente 1.298 millones de euros. ¿Mucho o poco? Más bien muy poco. Ya no solo porque apenas son 64 millones más que en 2020, el año I de la pandemia, es decir, el del confinamiento de la nación y la paralización de la actividad productiva, sino porque son casi 300 millones de euros menos que en 2019, el último ejercicio precrisis. Son en concreto 287,5 millones menos, y eso que 2019 no precisamente fue el mejor año para la recaudación del IGIC. Sin ir más lejos, los ingresos por el gran impuesto al consumo en el Archipiélago llegaron en 2018 a 1.702,5 millones de euros, 404,5 millones más que en el último ejercicio. Lo que hay detrás de los números es la debilidad del consumo de las familias y de la inversión de las empresas. Gastan e invierten menos, de modo que baja la recaudación. En definitiva, el Gobierno no ve margen para bajar un impuesto que está muy muy lejos de la recaudación precrisis. Es verdad que una bajada del IGIC podría estimular el consumo y, en última instancia, incrementar los ingresos públicos, y de hecho no sería la primera vez que una Administración recauda más al bajar la imposición indirecta. Pero el escenario en estos momentos, con una histórica ola inflacionista sobre Europa, contrarrestaría ese estímulo al consumo. Incluso, apuntó ayer el consejero de Hacienda del Gobierno de Canarias, Román Rodríguez, puede acabar por contribuir a engordar la ola inflacionista, así que el Ejecutivo opta por dejar los tipos como están.

¿Han subido los ingresos por el IRPF?

Con el IRPF, el gran impuesto directo en España –los impuestos directos son los que gravan el patrimonio o los ingresos de la persona, es decir, la manifestación directa de la riqueza–, ocurre algo similar a lo que pasa en el IGIC. La Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) aún no dispone de los datos de recaudación de todo 2021, pero sí de los once primeros meses. En ese período, los ingresos por el IRPF de los contribuyentes isleños sumaron 1.906,8 millones de euros. Aquí sí es casi la misma cantidad recaudada en igual período de 2019, pero entonces sin la actual escalada de precios. No obstante, la subida de ingresos de 2020 a 2021 es de un 6%, 1,3 puntos menos que la media nacional. Sin embargo, hay que recordar que la Comunidad Autónoma solo tiene margen para actuar, es decir para subir o bajar la presión fiscal, en un tramo del IRPF, lo que se conoce como el tramo autonómico. En el otro tramo, el estatal, el Gobierno central tampoco va a mover un dedo pese a que cada vez son más las voces que le reclaman que adapte el impuesto al actual escenario inflacionista. Si el Estado no lo hace, difícilmente lo hará la Comunidad Autónoma. Al final, la inflación hará que los canarios paguen 185 euros más de media en el IRPF.

¿Y los impuestos especiales?

Al margen del IGIC y del IRPF, los dos grandes impuestos indirecto y directo, el Ejecutivo de Ángel Víctor Torres también podría actuar sobre los impuestos especiales. Es lo que le ha pedido la oposición para intentar abaratar el viaje a la gasolinera para llenar el tanque, lo que se ha encarecido casi un 4% desde la invasión rusa y alrededor de un 30% desde el inicio de la crisis ruso-ucraniana en marzo de 2021. CC propone una reducción de impuestos sobre los combustibles y argumenta que el Gobierno de Canarias puede hacerlo porque «le van a sobrar más de 600 millones de euros del año pasado, hay margen más que suficiente». Sin embargo, el Gobierno de Canarias niega la mayor: «No han sobrado 600 millones de euros», subrayó ayer el también vicepresidente Román Rodríguez. «Aquí no sobra ni un euro», añadió el consejero, que explicó que se trata de dineros finalistas y como tal comprometidos para el futuro, como los del mecanismo de recuperación.

¿Absorbe la inflación las rebajas de impuestos?

Más allá de impuestos concretos, en la Consejería de Hacienda están en la tesis de que bajar impuestos alimenta la inflación y de que la solución pasa por el pacto de rentas propuesto por Pedro Sánchez, es decir, por la moderación de los sueldos de los trabajadores y los beneficios de las empresas. Rodríguez ponía el ejemplo de la bajada del IVA –el IGIC peninsular– en la factura de la luz, «una bajada que el mercado absorbió y neutralizó al día siguiente».

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