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Entrevista | Renata Brito Periodista y ganadora del VI Premio Saliou Traoré junto a Felipe Dana

Renata Brito, periodista: "Si se hundieran barcos de blancos, la respuesta sería diferente"

Los periodistas brasileños Renata Brito y Felipe Dana consiguieron, tras dos años de investigación, poner nombre a un grupo de migrantes que perdió la vida intentando llegar a las costas canarias

Lo plasmaron en el reportaje ‘A la deriva: una travesía de muerte y sueños perdidos’ con el que han ganado el VI Premio Saliou Traoré que entrega el lunes Casa África junto a la Agencia Efe

DIRECTO | Crisis migratoria en Canarias: última hora sobre las llegadas, reparto de menores, juicios y acogida

La periodista brasileña ganadora del premio Saliou Traoré, Renata Brito.

La periodista brasileña ganadora del premio Saliou Traoré, Renata Brito. / Felipe Dana

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A. Saavedra / M. Andrés

Las Palmas de Gran Canaria

El lunes recibe junto a Felipe Dana el premio Saliou Traoré por el reportaje A la deriva: una travesía de muerte y sueños perdidos con en el que narran cómo consiguieron identificar los restos de un grupo de inmigrantes encontrados en una patera que llegó al Caribe. ¿Cómo fue el proceso?

Desde que empezamos a trabajar hasta que publicamos el reportaje fueron casi dos años, un año y diez meses. Cuando publicamos habíamos logrado identificar con certeza absoluta uno de los cuerpos, de forma que su familia pudo enterrarlo. Antes de eso hicimos una lista de pasajeros que sabíamos que se habían subido al barco y de los 43, conseguimos saber el nombre de 33. Todavía sigue habiendo gente de la que no sabemos el nombre. Para tener la confirmación de los cuerpos encontrados en Trinidad y Tobago fue un proceso muy largo, muy burocrático y bastante complicado logísticamente. Las familias están en Mali, Mauritania y Senegal, y no es fácil conseguir las pruebas de ADN de todas ellas. La Cruz Roja, después de nuestro reportaje, empezó a hacer este trabajo, pero ellos tampoco consiguen emitir los certificados de defunción.

¿Qué les llevó a parar la investigación?

No paramos. Después del reportaje nos contactaron otras personas para decirnos que sus familiares iban en el barco y fuimos añadiendo información, pero somos periodistas, no una ONG con recursos ilimitados para viajar a Mali o Mauritania a sacar todas las muestras de ADN. Y también hay cuestiones burocráticas. Es un proceso largo y tarda años conseguir información definitiva. Después de compartir la información con Cruz Roja creo que se consiguieron otros cinco o seis resultados positivos, lo que permitió a los familiares encontrar a sus seres queridos. Pero de ahí a poder tener un certificado de defunción y poder enterrar a sus familiares, es otra cuestión. Los que deberían hacer todo esto son los gobiernos.

Y no lo hacen...

No. Debería hacerlo el Gobierno de Mauritania, el de Mali, el de España, el de Trinidad y Tobago. Pero, además de las complicaciones, hay una falta de voluntad política enorme. Tanto que cuando el gobierno de Mauritania se encuentra una embarcación dice que los ciudadanos no son mauritanos, que son refugiados malienses. Y las familias no encuentran ningún apoyo. Nosotros con el reportaje hemos demostrado que si se quiere y si se ponen los recursos, se puede. Otro tema es que hay familias que no quieren creer que sus seres queridos hayan muerto y no podemos obligarles a participar en el proceso. Es una gestión delicada.

¿Todas las administraciones complicaron el proceso?

El Gobierno de Mauritania no contestó ninguna pregunta. No contestaron ni al gobierno de Trinidad y Tobago. Fatal, hay una falta de transparencia con muchos gobiernos, pero también en el de España, porque en España solo dan algunas informaciones sobre llegadas. El Ministerio del Interior no da informaciones sobre las nacionalidades, sobre los muertos, sobre los desaparecidos. Tampoco sobre las personas interceptadas o rescatadas. No hay ninguna transparencia. No pudimos contar con ninguna ayuda o información oficial.

Más allá de la falta de colaboración, ¿qué fue lo más duro?

Lo más difícil fue, una vez que conseguimos entender que la embarcación había salido de tal sitio con esas personas, dar esta información a las familias. Los periodistas no suelen ser los que dan este tipo de noticias. Imagínate, dos periodistas blancos que vienen a explicarte que tus familiares habían muerto en ese viaje. Lo intentamos hacer de la forma más respetuosa.

¿Cómo consigue tratar este tema, que es tan delicado, desde el respeto y la dignidad sin caer en la espectacularización?

Creo que es un poco nuestra forma de hacer las cosas. Intentamos siempre ponernos en su situación. Trato a las personas del modo que me gustaría ser tratada. A veces tengo miedo de caer en estereotipos o en dramatizaciones, porque son historias realmente dramáticas. No sé si lo pensé tan conscientemente así, seguro que en algunos momentos intenté no caer en estas trampas, pero creo que era un poco tratarlos como nos gustaría ser tratados, con respeto y sensibilidad.

¿Se plantearon abandonar el proyecto en algún momento?

Hubo varios momentos que pensamos que no íbamos a terminar este reportaje, que no íbamos a conseguir una respuesta. Nos quedamos semanas o meses sin avanzar. Hay momentos de desesperación, pero después alguien te llama y consigues información y todo fluye. Por eso tardamos tanto tiempo.

La ruta canaria está ahora más activa que nunca, cada vez son más las personas que se juegan la vida en el mar. ¿Siguen trabajando en la identificación de víctimas?

Es muy triste que después de nuestro reportaje la ruta canaria haya aumentado tanto. Cada vez hay más personas que se juegan la vida, más desaparecidos y más muertos. La gente nos contacta porque han visto el reportaje y no consiguen encontrar ayuda en otro sitio y creen que quizás nosotros podemos ayudarles con alguna información. Lo que podemos hacer, lo hacemos. Vemos que hay realmente una falta de ayuda, una falta de interés hacia las familias de estos migrantes desaparecidos y el problema va a peor. Estamos intentando hacer más reportajes sobre esta ruta mortífera, pero es complicado, necesita más divulgación y más transparencia.

¿Aprovecharán la estancia en Canarias para investigar?

En teoría estoy de baja de maternidad (risas). Pero seguimos interesados y monitoreando esta ruta. Es un trabajo continuo. Aprovecharemos el viaje para ver cómo está la cosa de cerca, pero con más calma.

¿Cree que existe racismo alrededor de los movimientos migratorios?

Sí, yo creo que la reacción hubiera sido bastante diferente si en las embarcaciones que desaparecen en la ruta hubiera víctimas blancas o fueran turistas. No hace falta que lo diga yo, hemos visto varios ejemplos recientemente. El año pasado hubo dos naufragios al mismo tiempo, uno fue en Grecia con migrantes y refugiados y otro fue el del submarino de millonarios que exploraban los restos del Titanic. La reacción que hubo a ambos naufragios muestra esa diferencia en el tratamiento. Y vuelvo a repetirlo, hay una falta de voluntad política, hay falta de interés en investigar las desapariciones y las muertes de personas migrantes que no son personas blancas. También lo vemos en Europa con el tratamiento de los refugiados de la guerra de Ucrania frente a los miles de refugiados de otros sitios del mundo que llegan irregularmente a Europa.

En un momento del reportaje hablan de cómo todo el gasto que Europa hace para frenar la inmigración irregular en el Mediterráneo ha hecho que incremente todo el tránsito en la ruta atlántica. Esta tendencia continúa hoy. ¿Por qué cree que Europa no cambia nada?

No sé por qué Europa lo hace así. La mayoría de iniciativas se concentran mucho en el control de fronteras, policía, seguridad, etc. Lo vemos incluso en la ruta canaria, que está empujando las embarcaciones a El Hierro, ¿no? Porque intentando huir del control en las costas de África, financiado en gran parte por la Unión Europea y España, acaban tomando rutas más peligrosas, más al oeste y acaban en El Hierro. Y muchos que no llegan están perdidos, porque El Hierro es el último punto de tierra que hay. Si uno no llega, está condenado a muerte. Tenemos muchos ejemplos de cómo este control de fronteras no es tan eficaz y muchas veces lleva a más migración, más peligrosa y a más muertes.

¿Y qué opina del resto de iniciativas europeas que no tienen que ver con el control de fronteras?

Hay otras iniciativas de Europa para intentar mejorar la vida de los jóvenes en los países de origen o en tránsito, pero es verdad que los migrantes nos dicen que estas inversiones no les llegan a ellos, no les han cambiado la vida. La situación económica, la situación política, la situación de violencia y conflicto e inestabilidad en muchos de esos países, la situación del Sahel, está cada vez más difícil. Es una reflexión que tenemos que hacer. Estas medidas claramente no están funcionando o funcionan en un momento, en una ruta, pero luego se abre otra y los flujos se van adaptando, las personas que facilitan estos viajes se adaptan y los migrantes y las personas refugiadas siempre van a buscar otra manera de salir.

Hay una frase en su trabajo de la tía de Alassane Sow, uno de los chicos que perdió la vida en la patera, que dice «Creo que en su cabeza pensó que no tenía otra opción». Esto es una realidad generalizada, ¿no?

Sí, seguro. Muchos ven en sus pueblos que el que consigue mejorar su vida, normalmente, es el que tiene un familiar en Europa o que ha ido y luego vuelve para visitar la familia, o les manda dinero. Entonces creen que es la única manera de conseguirlo. Y bueno, en muchas ocasiones es un poco la realidad. Porque aunque malviven en Europa, si consiguen mandar 50 euros al mes. Eso es mucho dinero para su familia. La desigualdad que hay entre los países empuja a mucha gente a esta ruta migratoria. La desigualdad global. Se idealiza Europa, pero a la vez Europa también económicamente necesita a las personas migrantes, explota a las personas migrantes. Tenemos muchos sectores, como el de la agricultura, que se benefician de la mano de obra de personas en situación irregular. Todo se retroalimenta un poco. La falta de perspectiva en su país de origen lleva a muchos jóvenes a este viaje tan peligroso y, a veces, uno se puede preguntar si vale o no la pena.

Canarias tutela en solitario casi 6.000 menores migrantes no acompañados y no hay manera de conseguir un reparto entre comunidades o entre estados de la Unión Europea. ¿Falta solidaridad en España y en el resto de países de la UE?

No me corresponde a mí emitir opiniones sobre cuestiones políticas, pero está más que demostrado que falta solidaridad en España y en la Unión Europea cuando se trata del tema migratorio. Si Canarias se hace cargo en solitario de tantos menores, se vulneran los derechos de los chicos y esto es muy grave. La situación de estos jóvenes es cada vez peor y están perdiendo derechos básicos como la seguridad, la sanidad o la educación. Esta falta de solidaridad también la vemos en Italia donde tampoco los mecanismos de división están funcionando. Es algo que como sociedad deberíamos reflexionar. Unos 6.000 niños en un país de casi 48 millones de personas no es mucho, realmente los políticos explotan la cuestión migratoria y quien paga el precio son las personas migrantes, en este caso, los niños.

¿Cree que algo ha cambiado tras la publicación del reportaje?

Sí y no. Una de las cosas positivas es que Cruz Roja hace su trabajo de intentar identificar, y este trabajo se aceleró tras la publicación de nuestro reportaje. Esto ha sido muy positivo. También hay autoridades en Brasil, donde hubo este año un caso similar, que miraron a nuestra investigación y les sirvió de modelo porque no están acostumbrados a estos casos. No es una situación que las administraciones y los policías de estos países caribeños y latinoamericanos estén acostumbrados a gestionar. Compartimos información y están trabajando en ello. Han mostrado interés y eso es positivo. 

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