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Las quejas contra el modelo turístico pierden fuelle pero no su vigencia

La manifestación celebrada ayer en el Sur de Gran Canaria se queda muy lejos de repetir el éxito de abril

Un detenido en un incidente aislado con la policía

Los manifestantes del 20-O, ante la mirada de los turistas en Gran Canaria

Julio Gutiérrez

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Julio Gutiérrez

Julio Gutiérrez

Las Palmas de Gran Canaria

El traslado de las protestas contra el modelo turístico a los enclaves hoteleros de las islas se saldó con una drástica reducción del número de manifestantes. Sin embargo, el volumen de asistentes –8.000 en todo el Archipiélago, según Delegación del Gobierno– permite considerar que el movimiento continúa vivo. La inevitable interacción con los clientes de la planta alojativa se saldó sin incidentes y con un detenido por la Policía Nacional en un hecho aislado y que no define el carácter de la jornada, eminentemente tranquila.

En Gran Canaria, la cabeza de la manifestación –1.500 personas, calculó la Delegación y 5.000, los convocantes– arrancó desde la puerta principal de Expomeloneras a las 12.30 horas, 30 minutos más tarde de lo previsto. La empresa propietaria de la infraestructura, Lopesan, recibiría más tarde a lo largo del recorrido no pocas palabras gruesas de los manifestantes, pero a esa hora ofrecía una sombra bajo la que cobijarse.

Participaron 1.500 ciudadanos, según la Delegación del Gobierno, y 5.000, en opinión de los convocantes

Cuando la protesta se estiró, lo que parecía un pinchazo en toda regla se convirtió en un «pues no somos tan pocos». En cualquier caso, el portavoz de Ben Magec-Ecologistas en Acción, Eugenio Reyes, sostuvo que estaba plenamente descontada la caída de la asistencia en comparación con el pasado 20 de abril, fecha de la primera cita bajo el lema Canarias tiene un límite, que se celebró en la capital grancanaria.

Manifestación 20-O en Tenerife

Arturo Jiménez

Hace seis meses, el Gobierno central concedió la participación de 15.000 vecinos, pero ayer «no se trataba de movilizar a todo el mundo», apuntó Reyes. ¿De qué entonces? «De identificar núcleos en los que queremos que se actúe ya», continuó. En este caso, los enclaves más turísticos del Archipiélago, y en la próxima cita, «probablemente los barrios» en los que mayor tensión genera la falta de vivienda ante la creciente presencia del alquiler vacacional.

"Guirilandia"

En el de Escaleritas de la capital grancanaria vive Chiara Petrelli, que lamentó las «grandes diferencias» que hay entre la atención que recibe el entorno en el que reside en comparación «con guirilandia». Trabaja «con personas migrantes» y por eso quiso llamar la atención sobre las especiales dificultades que encuentran para acceder a una vivienda. «Si es díficil para mí alquilar, ellos, aun con trabajo, lo tienen imposible», afirmó.

Manifestación 20-O en Gran Canaria

Andrés Cruz

Como ya ocurriera en la cita de abril, la multirreivindicación fue notoria. Eduardo Rodríguez no ocultó que eran «muchos los notivos» que le decidieron a recorrer la distancia que separa Agüimes, donde vive, de Maspalomas. No obstante, haciendo gala de una especial habilidad para la síntesis, este educador social que trabaja actualmente «en un proyecto europeo», los resumió en tres: «la crisis de identidad que provoca» el satisfacer «únicamente las demandas de los visitantes» en detrimento de la cultura canaria; la presión del turismo soslayando «la sostenibilidad» y la «negativa influencia» que la actividad alojativa tiene sobre el precio de los alquileres residenciales.

Acceso a una vivienda

Como ejemplo, él recibe por su trabajo «1.500 euros» cada mes, de los que tiene que reservar «650» para pagar el alquiler. Esa circunstancia le llevó a afirmar que «el turismo es solo una parte» de la vida de los canarios, «pero no puede ser el epicentro de todas las decisiones que se adoptan». O en este caso, no pueden primarse los intereses privados que se generan en torno al motor de la economía canaria en detrimento de una política que garantice el acceso de cada canario a una vivienda.

Kelly Wilson (29 años) –«de Sale, cerca de Mánchester»– era una de las turistas que, apostada en una acera, observaba el paso de la marcha. Preguntaba a su amigo Harold [Haynes, 40 años] el significado de una de las pancartas portada por la Asociación Las Kellys. Divertida por la coincidencia de nombres, tomó un tono serio tras conocer las reivindicaciones del colectivo. «Yo también soy trabajadora, tenemos que protestar cuando hay injusticias», exclamó.

«Si vengo, básicamente es para que mis hijos y nietos puedan tener un futuro en su tierra»

Sita Sánchez

— 62 años

Sita Sánchez fue una de esas camareras de piso que se dejó la espalda haciendo camas y limpiando en los hoteles. Hoy tiene 62 años y ayer decidió acompañar a la familia en la movilización. «Si vengo, básicamente es para que mis hijos y nietos puedan tener un futuro en su tierra», explicó.

El nivel de español del amigo de Kelly, Harold, le permitió entender el lema «Canarias tiene un límite», pero indagó sobre el significado profundo de la frase. «Claro que todo tiene un tope. Si cuando yo elijo venir aquí me dicen que ya se ha alcanzado el límite, pues voy a otro sitio; lo mismo que harán quienes hoy [por ayer] se están manifestando cuando decidan sus vacaciones», explicó.

Interacciones

La interacción entre manifestantes y turistas fue tan diversa como las motivaciones del evento. Grupos de participantes en la marcha aplaudían a los clientes de los hoteles que se asomaban a ver qué estaba ocurriendo para dejar claro que no eran la diana de sus protestas. También por cientos se contaron quienes abucheaban a los sorprendidos espectadores. Y entre estos últimos también los hubo que respondieron lanzando provocativos besos a los más entregados a la ira.

De entre ellos destacó el único detenido de la mañana, un hombre que se acercó más de lo debido –al menos en opinión de los policías que vigilaban la marcha– a la valla de uno de los establecimientos hoteleros. Terminó en el suelo con dos agentes dedicados a reducirlo y engrilletarlo. Las intenciones de rescate mostradas por los manifestantes más próximos a la escena se quedaron en amago ante el apoyo de más efectivos policiales a sus compañeros y la rápida intervención de los organizadores, que llegado ese punto entendieron que la manera de dirimir el «malentendido» –así lo definieron– era acudir a la comisaría a la finalización de la marcha.

«El Gobierno central solo aplica políticas neoliberales; del de aquí no hace falta ni decir qué hace»

Juan Morales

— 75 años

Juan Morales (75 años), que fue piloto de la Marina Mercante y, durante los últimos 20 años de su vida laboral, funcionario del Ministerio de Sanidad –«y comunista hasta las cachas, ponlo ahí», añadió– no se explica de qué manera se ha llegado al momento actual.

«El Gobierno central solo aplica políticas neoliberales, y de lo que hace el de aquí no hace falta ni hablar», enfatizó. Su desencanto es absoluto y está completamente convencido de que el Ejecutivo canario «no hará nada» por mucho que se dé continuidad a las manifestaciones. «Casi mejor que no haga nada, porque de hacerlo será para peor», afirmó.

«Tomaremos las calles»

Al finalizar el recorrido, dos representantes de las entidades organizadoras leyeron un manifiesto crítico con la labor desarrollada por el Gobierno de Canarias en los últimos seis meses: «Rechazo a la ecotasa y a la moratoria turística, concesión de licencia de obra al hotel Cuna del Alma...». Eran ya más de las dos de la tarde y la marcha había tenido el sol por castigo. Poco a poco la protesta se diluía, pero quienes pusieron rumbo a casa de manera temprana aún oyeron: «Tomaremos las calles las veces que sean necesarias». 

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