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Medalla de Oro de Canarias: la inquebrantable lucha de Aralda

Aralda Rodríguez Hernández trabajó por encontrar los restos de su padre, ejecutado durante la represión franquista en la Guerra Civil, y darle una sepultura digna

Aralda Rodríguez Hernández

Aralda Rodríguez Hernández / El Día

Santa Cruz de Tenerife

Hace más de cinco años que falleció y le faltó muy poco para lograr el objetivo al que dedicó los últimos años de su vida. Quería encontrar los huesos de su padre para darle una sepultura digna y tener un lugar simbólico de encuentro.

Aralda Rodríguez Hernández mantuvo una lucha inquebrantable ante la terrible injusticia del asesinato de su progenitor. Y ahora se le ha concedido la Medalla de Oro de Canarias para recordar ese esfuerzo, que debería ser el compromiso de la sociedad entera.

Aralda fue una de las primeras víctimas del Covid-19 en La Palma. El próximo 30 de mayo, será su hija, la periodista Rosa Rodríguez, quien recogerá la distinción por la labor que desarrolló al frente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de La Palma.

Supo desde siempre que a su padre, Segundo Rodríguez Pérez, se lo llevaron detenido en enero de 1937, junto a su hermano Aniceto. Ambos eran de La Galga, en Puntallana.

En el monte

Tras la llamada Semana Roja de La Palma (desde que se produjo el alzamiento militar el 18 de julio de 1936 hasta la llegada del cañonero Canalejas ante la capital palmera), Aniceto se escondió en el monte. Y su hermano Segundo le llevaba comida a escondidas.

Así fue hasta que alguien los delató. Se sabe que estuvieron varios días en el Convento de San Francisco en Santa Cruz de La Palma. Hasta que desaparecieron.

La madre de Aralda nunca quiso indagar, todo indica que por miedo. Pero la hija de Segundo emprendió el duro camino.

El inicio del trabajo

Un artículo de La Voz de La Palma que citaba a su progenitor y su tío, así como un libro de Alfredo Mederos (profesor de la ULL) sobre los 13 de Fuencaliente, animó a varias mujeres a crear la citada asociación.

Emprendieron una excavación en la zona conocida como El Pino del Consuelo, en el pinar de Fuencaliente, y el 27 de julio del 2006 hallaron una suela de alpargata y varios huesos grandes. Al final, allí aparecieron ocho cuerpos, tras un trabajo que se prolongó hasta el 2011.

En 1994 se abrió la primera fosa de La Palma y España a 100 o 200 metros por encima de la excavación del 2006 y en la que supuestamente estaban los cadáveres del último alcalde republicano de Los Llanos y varios de sus concejales.

Hubo numerosas entrevistas a personas mayores en busca de pistas y diferentes proyectos financiados por el Estado y, en ocasiones, por el Cabildo palmero.

Para trasladar prisioneros en coches o camiones, se cree que era más fácil ir a Fuencaliente, pues había carretera, que a otros enclaves de la Isla más aislados durante la Guerra Civil.

Rencillas vecinales

«Aquí no hubo guerra, sino una gran represión, ejercida por grupos falangistas, que era aprovechada para resolver rencillas vecinales», asegura la periodista Rosa Rodríguez, nieta de Segundo.

En la tradición oral de la familia ha perdurado que el primero que acudió a la casa de Aralda cuando se llevaron a su padre fue el cura del pueblo. «¿Cómo sabía él párroco que se lo habían llevado?», es la pregunta que se hizo la madre de Aralda hasta que falleció, recuerda su nieta...

La viuda, con una niña de un año y un niño de dos, se volvió a la casa de sus padres. Y así se frustraron algunos proyectos vitales.

Pasado el tiempo, se volvió a la fosa abierta en 1994 con un equipo de arqueólogos. Hallaron botones, proyectiles y muchos huesos pequeños, como falanges o vértebras. Se tomaron muestras de ADN y se compararon con las existentes en una base de datos de la ULPGC.

Coincidencia del ADN

Explica Rosa Rodríguez que hay algunas muestras que coinciden en un 99,9 % con el perfil genético de Aralda. Algunos cuerpos extraídos en 1994 fueron enterrados en el cementerio de Los Llanos de Aridane y otros, en el de Las Manchas.

Para Rodríguez, «los hijos del último alcalde republicano de Los Llanos cerraron su herida». Aralda falleció cuando intentaba gestionar con el Ayuntamiento llanense la apertura de los nichos para tomar muestras de ADN de los diferentes restos óseos.

Según la nieta de Segundo, el entorno del regidor se opuso a la iniciativa. Tampoco la vía judicial prosperó. Después llegó la pandemia y el volcán de Tajogaite arrasó con su lava buena parte del camposanto de Las Manchas.

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