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"Sabe a mi infancia": estas son las chuches que te transportan a Canarias

La creadora de contenidos virales Marta Ojeda vuelve a probar las golosinas que marcaron su niñez, desde las ambrosías hasta el Clipper de fresa

Una visita a la Fábrica de Tirma

Una visita a la Fábrica de Tirma / Juan Carlos Castro

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Hay sabores que no se explican, se sienten. Como si al morder algo dulce, crujiente o relleno de chocolate, uno volviera de golpe a las tardes de patio, a la mochila con arena de playa o a los cumpleaños en la terraza de la abuela. Eso le ocurre a Marta Ojeda (@by.martao) cada vez que regresa a las Islas y se reencuentra con lo que comía “cuando vivía aquí”. Esta vez, lo ha compartido con sus seguidores de TikTok en un vídeo cargado de nostalgia y humor.

“Lo primero son los cubanitos”, cuenta entre risas. “Son una especie de barquillo súper finito de fresa… esto es mi infancia. Si mi infancia fuera un sabor, sería este”. Para muchos canarios, los cubanitos son ese snack que nunca falta en la bolsa del colegio, dulces, ligeros y de esos que, como dice Marta, “te los comes en cinco minutos”.

Pero si hay una estrella absoluta en el universo de las golosinas isleñas, son las ambrosías Tirma. Marta lo dice alto y claro: “Las mandamos hasta Miami de forma un poco secreta porque toda mi familia es adicta”.

Este barquillo relleno de crema y cubierto de chocolate lleva décadas conquistando paladares, no solo en Canarias, sino allá donde viajan los isleños.

El mapa dulce de la memoria

La lista continúa con el infame y legendario matahambre, un bloque denso elaborado con restos de pastelería croissants, palmeras, brownies que, como su nombre indica, “te remata el hambre por dos meses”.

Marta lo describe con humor: “Aquí hay de todo: galletas, hojaldre, bizcocho… Es como si una pastelería entera se hubiera comprimido en un solo cuadrado”.

Le siguen clásicos como la caña industrial de chocolate, crujiente por fuera, rellena de crema pastelera por dentro y “del tamaño de mi cabeza”, bromea la influencer. Aunque reconoce que puede estar algo seco, lo perdona por el sabor del chocolate, “que está buenísimo”.

Y si hablamos de sabores auténticamente isleños, no puede faltar el Clipper de fresa. “Un básico, la bomba de toda la vida. Sabe a fresa falsa, pero buenísima”, declara sin filtros. Este refresco carbonatado, elaborado exclusivamente en Canarias desde 1956, es un símbolo generacional que pocos turistas entienden hasta que lo prueban.

Un "bodegón canario" con Munchitos, Ron Arehucas, Clipper y Ambrosías Tirma

Un "bodegón canario" / LP/DLP

Chuches con sabor a patio

La caja de los recuerdos no termina ahí. Marta se lanza a probar bollitos de anís, que describe como “súper secos, pero súper ricos, como el desierto”. Y los suspiros de Tejeda, esos merengues crujientes que, además de formar parte del famoso postre canario “polvito uruguayo”, son un clásico absoluto.

En un guiño al turista y a la multiculturalidad de las Islas, aparecen también dulces de origen alemán, como las galletitas de koala rellenas de chocolate, frecuentes en supermercados locales por la fuerte presencia de turismo germano. “Aquí hay mucho dulce alemán también, mira qué koalitas más monos”, comenta Marta entre carcajadas.

Tampoco faltan referencias a lo más mainstream y reconocible por todos: los Smarties, que según Marta “tienen mejor chocolate que los M&M’s, pero con una E de nota en nutrición por poco suspenden”. Irónica, divertida y siempre con el toque cercano que la caracteriza, la influencer convierte cada golosina en un pequeño viaje emocional.

Sabor a infancia

Aunque no todo lo que prueba es estrictamente canario como unas "patatas fritas sabor jamón que solo saben a jamón en España”, Marta deja claro que este “tour de chuches” es más que un antojo: es una declaración de amor a su tierra. A lo que fue, a lo que sigue siendo.

Porque detrás de cada barquillo, hay una siesta después del recreo o una abuela que te da ambrosías a escondidas. Y eso, para quienes han crecido en Canarias o las llevan en el corazón, vale más que cualquier postre gourmet.

“Con esto concluye la probadera de cositas canarias y alguna que otra peninsular que se ha colado”, dice al final. Lo que Marta Ojeda nos recuerda es que la nostalgia también tiene sabor.

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