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Este es el baile oculto bajo las aguas de Canarias que pocos han visto

En las arenas profundas del Atlántico, un espectáculo natural se mueve al ritmo de las corrientes

Anguilas Jardineras

Anguilas Jardineras / Observatorio Ambiental Granadila

Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

No es un coral, ni una planta marina, aunque desde la superficie podría engañarnos. Son cuerpos finos, alargados, que emergen de la arena como si fueran tallos mecidos por un viento invisible. Unas giran a la izquierda, otras a la derecha, todas en un vaivén hipnótico.

El biólogo marino Pablo Martín, @pablo.dive, llevaba años soñando con capturar estas imágenes. “Estoy seguro que todavía no conoces a este animal que es de mis favoritos, pero para conocerlo tenemos que ir al fondo del mar”, confiesa. Su protagonista no es un tiburón ni una mantarraya, sino las discretas y fascinantes anguilas jardineras.

Un tesoro escondido en el fondo marino

“Son totalmente inofensivas y no son gusanos, son anguilas, literalmente”, explica Pablo Martín. En Canarias, muchos buceadores las llaman así, anguilas jardineras, por la forma en la que parecen brotar de la arena como si fueran plantas de un lecho submarino.

Capturarlas en vídeo no ha sido tarea fácil. “Son muy tímidas desde que te acercas un poquito se esconden por completo en la arena, así que grabarlas es bastante complicado”, declara. Ese día, sin embargo, tuvo suerte, ya que la corriente traía alimento, y ellas, centradas en atrapar diminutos organismos y huevos flotantes, se olvidaron del intruso con cámara.

Anguila marina

Anguila marina / Dressel Divers

El baile de la supervivencia

Las anguilas jardineras viven enterradas en fondos arenosos, a varios metros de profundidad. Desde lejos, parecen un jardín vivo que se mece con las corrientes, pero en realidad cada una mantiene su propio refugio. Se trata de una madriguera excavada con precisión quirúrgica.

Utilizan su musculoso cuerpo para clavarse en el lecho marino, reforzando las paredes con una sustancia viscosa que evita derrumbes. Desde ahí, asoman lo justo para cazar lo que arrastra el agua. “Cuando consideran que están seguras, sacan su cuerpo en busca de comida por eso algunas van hacia un lado y otras hacia otro”, detalla el biólogo.

Un reto para los buceadores

Quien quiera verlas en directo debe sumergirse en zonas de arena limpia, a profundidades de hasta 60 metros. Habitan en el Atlántico oriental y occidental, desde Canarias y Madeira hasta Bahamas, Honduras y el Caribe. Su cuerpo serpentiforme, que puede alcanzar los 50 o 60 centímetros, es fino como una cinta y se mimetiza con el entorno.

Su coloración varía según la especie: tonos marrones con parches blanquecinos, o anaranjados con motas rojizas. Ojos grandes, dientes curvos y una aleta dorsal que recorre todo el cuerpo hasta unirse con la anal en la cola. Pequeños detalles que, para quien sabe mirar, las hacen inconfundibles.

Una vida de madriguera

La vida de una anguila jardinera gira en torno a su agujero en la arena. Allí come, se protege y, llegado el momento, se reproduce. Durante el apareamiento, machos y hembras acercan sus madrigueras; él elige pareja y la defiende de otros pretendientes. Los huevos fecundados se liberan en la corriente, y de ellos emergen larvas que flotarán hasta ser lo bastante grandes para asentarse en el fondo y excavar su propia casa.

Para Martín, la belleza de estas anguilas no está solo en su peculiar forma de vida, sino en la lección que dejan a quienes las observan: la paciencia como estrategia de supervivencia. “Hacer contenido de naturaleza tiene estas cosas si los animales no colaboran, por mucho que intentes grabarlos, no vas a poder”, admite entre risas.

Sus imágenes, logradas gracias a la colaboración de @deepfintenerife, muestran un océano que aún guarda secretos. Un recordatorio de que, incluso en lugares tan explorados como las aguas canarias, quedan maravillas por descubrir.

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