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Casi un centenar de ‘ojos’ vigilan los latidos del Teide para anticipar una posible erupción en Tenerife

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha triplicado sus estaciones de monitorización desde 2016 y pretende seguir ampliando su red con tres nuevos inclinómetros y puntos de medición de gases

Parque Nacional de las Cañadas del Teide.

Parque Nacional de las Cañadas del Teide. / MARIA PISACA

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

Casi un centenar de ojos vigilan cada día los latidos del Teide. Alrededor de Las Cañadas y repartidas por las tres dorsales principales de Tenerife se encuentran casi 100 estaciones sísmicas, antenas de GPS(GNSS), cámaras visuales y térmicas, estaciones de medida geoquímica e inclinómetros. Estas redes, instaladas por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), no solo permiten auscultar las entrañas volcánicas de la isla, también serán los que garanticen ver a tiempo «las señales» previas a una posible erupción.

El pasado 7 de agosto se detectó un nuevo enjambre en las inmediaciones del Teide. La serie de 700 pequeños microsismos era muy similar a la de otras ocasiones: terremotos de magnitud menor a 1 –y, por tanto, casi imperceptibles–, y ubicados a unos 10 kilómetros de profundidad.

Este enjambre sísmico, el sexto desde 2016, es el recuerdo del peligro dormido que acechaa los canarios. Un toque de atención de una posible erupción a largo plazo (hay un 35% de posibilidades de que ocurra en los próximos 50 años) del que, sin embargo, nadie sería consciente si Tenerife no tuviera una vigilancia digna de una prisión de alta seguridad.

52 estaciones del IGN

A día de hoy, el IGN –quien ostenta las competencias de vigilancia volcánica del Archipiélago– ha repartido sobre la isla al menos 25 estaciones sísmicas, 15 antenas de GNSS(un sistema de posicionamiento desde satélite en el que se incluye el GPS), 4 cámaras visuales y térmicas, 4 estaciones de medida continua geoquímica y 4 inclinómetros –que serán siete a finales de año–. Los tres nuevos inclinómetros se ubicarán bajo tierra para conseguir medidas más exactas ya que en superficie se ven afectados por las variaciones de temperatura.

A esto se une 20 puntos de muestreo geoquímicos en las galerías subterráneas de agua a los que los sismólogos y vulcanólogos del IGN acuden cada dos meses. No obstante, el director del IGN en Canarias, Itahiza Domínguez, adelanta que en breve se instalarán estaciones continuas de seguimiento geoquímico también en algunos de estos puntos.

Estas estaciones son muchas más de las que disponía el IGN antes del primer enjambre de Tenerife, registrado hace nueve años. Como explica Domínguez, en aquella época se habían desplegado apenas siete estaciones sísmicas y 8 antenas de GPS. «La isla estaba vigilada, pero hacíamos los estudios a mano, no teníamos la capacidad de ver tantos datos en tiempo real como hacemos ahora», matiza Domínguez. De hecho, insiste, que están seguros de que los enjambres comenzaron ese año porque «no habíamos visto nada igual hasta entonces», sentencia.

Apoyo de Involcan

Pese al extenso despliegue de medios del IGN, el Archipiélago también cuenta con los ojos del Involcan. Este centro de investigación monitoriza tanto los gases volcánicos, como los terremotos y la deformación del terreno, tres precursores de una futura erupción.

En Tenerife, la red de Involcan se compone de 14 estaciones de GPS, 20 sismómetros; y 8 estaciones geoquímicas. Sobre estas últimas, también se realizan campañas científicas de observación periódicas que se realizan en diversos sistemas volcánicos activos de Canarias. Por tanto, 42 estaciones más dedicadas a vigilar únicamente a Tenerife, que es ya, por muchos, una de las islas volcánicas más monitorizada del mundo.

Evaluación e interpretación

La información que se recopila en estas estaciones es evaluada por los científicos de cada una de las entidades. «Según el nivel de anomalía, lo primero que hacemos es avisar a la Protección Civil en distintos niveles», explica Domínguez, que insiste en que siempre se les proporciona una notificación explicativa del fenómeno, por muy nimio que sea.

Cuando creen que puede haber una señal que pronostique una futura erupción, lo pone en conocimiento del Comité Científico del Pevolca, en el que también se encuentran centros del CSIC y las dos universidades canarias. «Nos reunimos científicos de varias instituciones y decidimos entre todos si puede tener relevancia», resalta Domínguez.

Si se dictamina que las señales halladas son precursores de una erupción –por ejemplo si se producen terremotos de mayor magnitud o una migración de los mismos hacia otra parte de la isla–, entonces son los científicos quienes recomiendan activar el Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca) al Comité Director. No obstante, como matiza el director del IGN, la decisión de hacerlo o no corresponde al Gobierno de Canarias.

«Una erupción siempre va precedida de señales, y hoy tenemos más capacidad para preverlas e interpretarlas», insiste Domínguez, quien, sin embargo, advierte: «aún así, a día de hoy es imposible saber cuándo y dónde surgirá el próximo volcán de Tenerife».

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