VioGén atiende a 1.472 mujeres en la provincia
Víctima de violencia de género en riesgo extremo en Badajoz: «El sistema no te protege»
Su agresor, en paradero desconocido, volvió a amenazarla tras salir de prisión y actualmente se encuentra en busca y captura
Denuncia que las medidas de protección son insuficientes y que VioGén «no es eficaz»

A.L. no quiere que su agresor la identifique. / LCB
Julio de 2022. A.L. llevaba tiempo meditando una decisión que sabía difícil, pero inevitable. Aquella tarde, en el domicilio que compartía con su pareja en Badajoz, le dijo que quería poner fin a la relación. La reacción de él fue fría. Apenas discutieron. Cogió el dinero que guardaban en casa y se marchó.
Lo que ella no sabía es que, antes incluso de volver, él ya había tomado su propia venganza. Cortó el suministro eléctrico de la vivienda. El piso quedó sumido en la oscuridad y ella con la desagradable sensación de que algo más iba a pasar.
Pasadas las diez de la noche, la puerta volvió a abrirse. Él había regresado. «Me destrozó la vida», recuerda ella ahora. Apenas tuvo tiempo de reaccionar. La agresión sexual que sufrió en aquella oscuridad fue el primer episodio de un calvario que aún continúa tres años después. El episodio se produjo en esa misma vivienda, horas después de que ella hubiera intentado cerrar un capítulo de su vida. Fue entonces cuando una vecina, alertada por los gritos y el ruido, acudió al domicilio y llamó a la policía. Al escuchar pasos en el rellano, él salió corriendo y abandonó la vivienda.
La entrada en VioGén
Todavía con el cuerpo marcado y la mente bloqueada, A.L. interpuso la denuncia. «Tenía miedo, pero más miedo me daba quedarme callada», explica. Relatar lo ocurrido fue duro: responder preguntas, dar detalles, revivir la agresión en cada palabra.
Desde ese momento, su caso pasó a estar incluido en el sistema VioGén, el protocolo policial creado en 2007 por el Ministerio del Interior para monitorizar los casos de violencia de género.
El objetivo de este sistema es prevenir nuevos episodios de violencia y garantizar protección a las víctimas. Para ello centraliza información de policías, juzgados y servicios sociales, evalúa el riesgo en cada caso y asigna medidas de protección. Clasifica a las mujeres en distintos niveles —bajo, medio, alto y extremo— y establece, en teoría, medidas proporcionales.
En la actualidad, 1.472 mujeres están incluidas en VioGén en la provincia de Badajoz, un 4,6 % más que en 2024. De ellas, 961 cuentan con protección policial directa. Dos años antes, en 2023, eran 1.230 las registradas, con 856 bajo protección. La tendencia es ascendente y muestra un incremento del 20 % en apenas dos años.
La falsa calma y el acoso digital
La denuncia activó una orden de búsqueda y captura. Pasaron semanas de incertidumbre. Ella miraba por la ventana cada vez que escuchaba un ruido en la calle, convencida de que él podía estar cerca. Finalmente lo localizaron y lo detuvieron.
Cuando se lo comunicaron, A.L. sintió alivio. «Creí que se había acabado. Pensé que iba a tener un poco de calma», admite. El agresor ingresó en prisión y permaneció allí un año. Durante ese tiempo, ella pudo descansar.
Intentó recuperar rutinas sencillas: dormir sin sobresaltos, salir a la calle sin mirar atrás, volver a sentir cierta normalidad. La prisión le dio un respiro, aunque sabía que no sería eterno. La tranquilidad terminó cuando él recuperó la libertad.
Al salir de prisión, el agresor cambió de método. Comenzó a acosarla de forma digital. Creó perfiles falsos en redes sociales: algunos con su nombre, otros con identidades inventadas. Desde allí enviaba mensajes privados y también publicaba insultos en abierto.
«Un día entré en mi perfil y vi publicaciones suyas en las que me insultaba, me amenazaba, y me quedo corta. Me decía de todo», cuenta la víctima.
En varios mensajes llegó a escribir «que iba a matarla, que acabaría con su vida». Lo hacía públicamente, en muros visibles para cualquiera. «No era solo un mensaje privado o una amenaza, me humillaba delante del mundo», recuerda.
Ese patrón de amenazas reiteradas llevó a que su caso fuera catalogado como de riesgo elevado dentro de VioGén.
Sobre él pesaban medidas cautelares: orden de alejamiento y prohibición de comunicación. Pero las incumplió una y otra vez. A través de las redes sociales, siguió hostigándola.
Ella volvió a denunciar. Este 2025 se celebró un juicio por esas amenazas, que terminó en condena. Pese a la misma, la historia se repite: hoy el agresor está en paradero desconocido y bajo orden judicial de búsqueda y captura.
El sistema que «no protege»
Tres años después, la vida de A.L. sigue condicionada por el miedo. Dejó de trabajar porque la ansiedad la bloquea y el miedo a que su agresor aparezca le persigue. «Cualquier ruido me ponía en alerta», explica. Desde entonces acude a terapia psicológica.
«No descansaré hasta que él vuelva a estar entre rejas», afirma con firmeza.
En teoría, VioGén le ofrece medidas de protección: un teléfono de monitorización, un policía de referencia y revisiones periódicas de su nivel de riesgo. En la práctica, ella siente que todo eso «es insuficiente».
«Él hace lo que puede, pero está saturado, tiene a muchas mujeres como yo a su cargo. Así me lo ha manifestado en repetidas ocasiones», comenta sobre su agente de referencia.
«Mi policía hace lo que puede, pero está saturado, tiene a muchas mujeres como yo a su cargo. Así me lo ha manifestado en repetidas ocasiones»
En varios episodios ha recurrido al teléfono de emergencias. Una de ellas fue cuando salía de madrugada de su trabajo. La sensación de inseguridad era insoportable. «He llamado porque sentía que me podían estar siguiendo, pero tardaban en atenderme. En ese momento te quedas sola, esperando al otro lado de la línea», describe.
Los datos confirman lo que ella percibe. En España, la media es de un agente por cada 60 mujeres incluidas en VioGén, una proporción que hace casi imposible un seguimiento individualizado.
«El sistema no funciona. No protege. Me da papeles, llamadas, aparatos… pero no me da paz», expresa A.L.
Su día a día es una sucesión de rutinas de autoprotección. Mira por la ventana antes de salir, evita recorrer las mismas calles, cambia de trayecto para llegar a cualquier lugar. Ha dejado de frecuentar bares, parques o zonas donde cree que podría coincidir con él.
El miedo no solo afecta a su vida laboral o personal. También ha tenido un impacto en su entorno. Se ha distanciado de amistades y prefiere no preocupar a su familia. Ella lo resume así: «sin trabajo, en terapia y con una vida marcada por la ansiedad. Él, mientras tanto, sigue libre, con orden de busca y captura».
«Si VioGén funcionara, yo no estaría viviendo con miedo tres años después», concluye.
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