Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

50 años de la Marcha Verde: Memorias del final del Sáhara español

Las Tropas Nómadas: los guardianes del desierto

El coronel retirado Germán Javier Rodríguez, que sirvió en las Tropas Nómadas del Sáhara Occidental, recuerda los días de la Marcha Verde y la retirada de España del desierto

Las Tropas Nómadas comiendo tras preparar pan en el desierto del Sáhara.

Las Tropas Nómadas comiendo tras preparar pan en el desierto del Sáhara. / Lp

Las Palmas de Gran Canaria

El sol caía sin sombras sobre la arena y el aire ardía como si el cielo respirara polvo. En aquel horizonte infinito, donde el silencio solo lo rompía el motor lejano de algún Land Rover y el ronquido áspero de los camellos, las Tropas Nómadas del desierto patrullaban una tierra que ya se desvanecía entre fronteras.

Entre ellos estaba Germán Javier Rodríguez, entonces teniente destinado en las Tropas Nómadas del Sáhara, nacido en Extremadura, hoy coronel retirado y abogado colegiado en Las Palmas de Gran Canaria. A sus 78 años, aún habla con una mezcla de nostalgia y serenidad de aquellos días en los que España se despedía de su territorio africano.

Una unidad pensada para el desierto

Las Tropas Nómadas eran una unidad militar concebida para el desierto. Sus integrantes –soldados saharauis y españoles, a estos últimos los llamaban 'europeos' para distinguirlos de los primeros– recorrían el territorio inmenso del Sáhara vigilando sus fronteras, sus poblados y sus rutas de caravana.

Cuando el joven Rodríguez llegó a finales de 1973, lo hizo directamente desde Madrid, sin pasar por Canarias. Para entonces, el Frente Polisario, fundado en mayo de ese mismo año, ya había iniciado sus primeros ataques y secuestros contra patrullas españolas, y el ambiente era tenso, aunque la convivencia con los saharauis seguía siendo buena.

Recuerdos de patrulla y peligro

«A mí me tocó vivirlo de cerca. No nos pasó en mi base, pero conocí a compañeros que sufrieron torturas terribles», recuerda. Hubo sublevaciones en algunas patrullas mixtas, donde los saharauis se pasaron al Frente Polisario, secuestros y soldados españoles que acabaron prisioneros en Argelia. Aun así, Rodríguez rememora aquella etapa como «una vida bonita, romántica, donde el desierto imponía su ley y su belleza en partes iguales».

Su grupo tenía bases en Hagunia, Daora, Echera y su zona de responsabilidad abarcaba entre 20.000 y 30.000 kilómetros cuadrados de desierto en zonas fronterizas. Cada patrulla duraba unos diez u once días: salían con cinco coches y entre veinte y treinta hombres para recorrer la frontera, controlar movimientos, ganado y campamentos, explica. Luego regresaban a descansar quince días antes de volver a salir. «No era una vida tan dura –dice–. Se hacía todo con ingenio. Hasta el pan: cavábamos un hoyo, lo calentábamos con brasas, metíamos la masa y la tapábamos con una plancha de bidón con más brasas encima. Y estaba buenísimo».

Las tropas preparando panl

Las tropas preparando panl / lp

La Marcha Verde y el cambio de horizonte

A finales de 1975, el horizonte empezó a cambiar. El rey Hasán II de Marruecos, consciente de la inminente muerte de Franco, lanzó la Marcha Verde, que comenzó el 6 de noviembre de 1975 –hace 50 años– con unos 350.000 civiles marroquís, entre ellos, unos 25.000 soldados camuflados. Cruzaron la frontera cerca de Tarfaya, en el noroeste del Sáhara Occidental, hacia el interior, y avanzaron unos 12 kilómetros. No hubo enfrentamientos: las tropas españolas tenían órdenes de no disparar.

Solo permanecieron unos pocos días en territorio saharaui –apenas una semana acampados– y acto seguido se anunciaron los Acuerdos de Madrid, el 14 de noviembre, donde España repartió su "provincia" en el Sáhara Occidental entre Mauritania y Marruecos. Desde su posición en Hagunia, Rodríguez vivió aquellos días «en primera persona». «Estábamos más hacia el interior, pero el movimiento se sentía. Había nervios y una sensación de incertidumbre total», recuerda.

Preparativos y defensa

El ejército español se preparó para resistir. Se establecieron líneas defensivas, se planearon campos de minas (que al final no llegaron a colocarse) y se previó el uso de cazas F-5 para romper la barrera del sonido como medida disuasoria a la Marcha Verde, evoca. Tras los Acuerdos de Madrid, el territorio siguió siendo escenario de conflicto y finalmente quedó bajo control marroquí. La orden de evacuación llegó de inmediato.

Las Ropas Nómadas al completo.

Patrulla nómada motorizada al completo. / lp

La última misión de las Tropas Nómadas fue cubrir la retirada: primero el desalojo de la zona norte, luego el repliegue hacia El Aaiún. «Nos tocó vigilar los muelles de fosfatos en Fos Bucraa, escoltar convoyes de obreros y protegerlos de posibles ataques del Polisario», recuerda. Cuando todo estuvo listo, emprendieron una marcha motorizada de unos 700 kilómetros hasta Villa Cisneros (actual Dajla). Allí acamparon durante días hasta que, a finales de diciembre, embarcaron en los buques Conde de Venadito y Plus Ultra. Más de 500 hombres abandonaban el desierto que había sido su hogar.

Regreso a Canarias

El destino fue Las Palmas de Gran Canaria, y la llegada quedó grabada como una imagen imborrable: «Desembarcamos justo a medianoche, cuando sonaban las campanadas del 31 de diciembre de 1975. Entrábamos en el año nuevo y en otra vida», dice. Los hombres, aún vestidos con sus uniformes color garbanzo y las sandalias saharianas –las nailas–, marcharon por las calles de la ciudad entre aplausos. Dejaron su material en las instalaciones del Acuartelamiento Canarias 50, situado en La Isleta, y sin pensarlo demasiado, salieron a celebrar la Nochevieja.

«Entramos en un local cerca del puerto. No habíamos tomado las uvas, y una camarera, al saber que acabábamos de llegar del Sáhara, nos sirvió doce uvas a cada uno. Golpeó un plato con una cuchara para simular las campanadas. Tomamos las uvas de 1976 a las dos o tres de la madrugada», cuenta entre risas.

Nativo saharaui portando el banderín de la compañía.

Nativo saharaui portando el banderín de la compañía. / LP

Con la evacuación, las Tropas Nómadas se disolvieron en Canarias. Rodríguez fue destinado después a la Compañía de Guerrilleros de Plasencia, en Cáceres, donde ascendió a capitán en mayo de 1976. Años más tarde regresó a las Islas –a Lanzarote primero, después a Las Palmas de Gran Canaria–, donde continuó su carrera hasta alcanzar el grado de coronel. Tras pasar a la reserva, estudió Derecho en la Universidad a Distancia (UNED) y se colegió como abogado en Las Palmas, profesión que aún ejerce.

Canarias, desguarnecida

Al coronel retirado Germán Javier Rodríguez le da «mucha tristeza» la situación actual del Sáhara Occidental. Considera que al perder el Sáhara, España, y sobre todo Canarias, perdió «una protección muy importante» sobre el conflictivo continente africano y un «banco pesquero tan riquísimo».

Argumenta que la pérdida del Sáhara dejó a Canarias «un poco desguarnecida» o «aislada». Sostiene que Marruecos tiene un gran afán expansionista que puede llegar a Canarias , Ceuta y Melilla y «España está callada».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents