Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Pleno del Parlamento de Canarias

Muchas preguntas y nada de café

Fueron tantas preguntas que incluso hubo oportunidad de escuchar epifenómenos como Manuel Abrante, al que como máximo puede usted oír tres o cuatro veces durante la legislatura

Fernando Clavijo, ayer, respondiendo preguntas en el Parlamento de Canarias.

Fernando Clavijo, ayer, respondiendo preguntas en el Parlamento de Canarias. / Ramón de la Rocha / Efe

Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

El cronista llegó tarde. Se había tomado un opiáceo para dulcificar el conato de cólico renal que le divirtió la noche y fue dando tumbos hasta la máquina de café situada en la pequeña mesa donde se colocan bocadillos, dulces y jugos supuestamente para la hambrienta prensa. Pero eran las once menos cuarto de la mañana y había desaparecido todo. Una marabunta desconocida (o no) había arrasado hasta el último fisco de pan, hasta la última cápsula de café. El pleno tenía que sufrirse a pelo mientras se disolvían los efectos del puñetero opiáceo. Siempre es mejor que te duela la dialéctica parlamentaria a que te duela el riñón.

El presidente Fernando Clavijo ya se las arreglaba por ahí abajo respondiendo preguntas. Clavijo había estado a las nueve de la mañana en un acto del Cabildo de Tenerife, en La Laguna, y antes se comentaba que había corrido una media hora mientras amanecía, y ahí estaba como una rosa barbada. El primero en preguntar fue el señor García Casañas, presidente del PP de El Hierro, quien suele ser el primero en equivocarse. Quería saber qué más podría hacer el Gobierno por mejorar el problema de la vivienda en las islas. Tal vez debería fijarse precisamente en El Hierro, donde los cargos públicos del Partido Popular parecen a punto de montarse una casa propia.

Acto seguido Casimiro Curbelo elogió calurosamente por la aprobación de esa extrañísima e inane Estrategia Demográfica. ¿Cómo puede definir y aplicar una estrategia demográfica una administración que, por ejemplo, no puede controlar los flujos migratorios? Luis Campos metió la pata en su turno. Le soltó a Clavijo que a pesar de los datos sobre la pobreza y exclusión social que se registraron en su primera etapa como jefe del Gobierno (2015-2019) había tenido la indecencia de volver a presentarse. Como es obvio Clavijo lo fulminó en su respuesta y en el rostro se le notaba a Campos —poco dado a los excesos verbales— la fastidiosa conciencia de un error tan burdo. Por fortuna Nicasio Garván, oráculo de Vox y de las corbatas planchadas, introdujo un humor surrealista al asegurar que Clavijo deseaba que las próximas elecciones las ganaran los ultraderechistas para resolver el acceso a la vivienda, la inseguridad, el coste de la vida, la inmigración descontrolada, el imperio aniquilador de la cultura woke y tal vez la inmortalidad de los cangrejos. Galván estaba lanzado, ante las sonrisas cada vez más abiertas de sus señorías, y parecía preguntarle al presidente qué más tenía que hacer Santiago Abascal para concederle su voto.

Usted lo sabe, usted sabe que lo desea, usted en el fondo lo quiere y los que le acompañan en ese banco también”, insistía Galván con los ojos centelleantes, como leyendo una novela porno. La Cámara descubrió ayer que el señor Galván tiene más futuro en el campo de los audiolibros picantes que como diputado.

En apenas dos años Sebastián Franquis se ha convertido en un clásico del disimulo parlamentario. Interviene en las sesiones de control y le corresponde preguntar al presidente en su calidad de portavoz del grupo parlamentario socialista, pero ha decidido no hacerlo, así que Clavijo no tiene absolutamente nada que temer. ¿Y qué hace Franquis si no pregunta nada, si desaprovecha casi delirantemente la oportunidad de colocar al presidente en contradicciones, en errores argumentales o cifras incorrectas? Pues expectora un soliloquio rodeado de 69 diputados, varios ujieres, algunos fotógrafos y los dos o tres periodistas que siguen resignadamente estos torneos. Al señor Franquis le duele Canarias en el corazón como al cronista le duele el tonique en el riñón. Las Islas están a punto de hundirse en el océano y la culpa es de Fernando Clavijo y su diabólico gobierno que solo trabaja para los multimillonarios día y noche, sin descanso, sin sentimientos, sin reservas. Esa es el comportamiento parlamentario de Franquis —que sigue las respuestas irónicas de Clavijo con los ojos casi cerrados, como un chino desconfiado en la puerta de su bazar— y nada indica que lo vaya a cambiar. Por una vez, ayer citó una cifra, los 25 millones en los que se incrementa el presupuesto para Presidencia del Gobierno en 2026, atribuyéndolos a recursos acumulados para nutrir la propaganda gubernamental, y Clavijo lo corrigió de inmediato.

Ese incremento corresponde a programas de digitalización de nuestra administración que ustedes convocaron, pero dejando pasar los plazos; nosotros lo hemos tenido que corregir, aumentando las partidas porque han aumentado los costes”. La cara de Franquis parecía mineralizarse mientras lo escuchaba. “Si al menos se leyera usted el proyecto de presupuestos…” Hasta Nira Fierro bajó los ojos y simuló que leía cualquier papelucho. No. Mejor seguir con las catalinarias quincenales. A estas preguntas le siguieron una veintena más. Fueron tantas preguntas que incluso se tuvo oportunidad de escuchar epifenómenos parlamentarios como Manuel Abrante, al que como máximo puede usted oír tres o cuatro veces durante la legislatura. Forma parte de una egregia tradición, la de los diputados culiparlantes, que en este periodo está bien representado entre los tres principales partidos de la Cámara.

Por ejemplo, doña Raquel Noemí Díaz (y) Díaz es otra culiparlante notable, esta vez en el grupo parlamentario popular, siempre sonriente y siempre muda. Fierro, por supuesto, estuvo entre las preguntantes, y si en otras ocasiones acusó Clavijo de ser rehén de Manuel Domínguez, ahora acusó al vicepresidente de servidumbre ante el presidente. Para la señora Fierro el proyecto presupuestario para 2026 “abandona a los canarios” y se limita a los fuegos fatuos de la propaganda y la mentira y etcétera.

Después de semejante paliza, con un contenido político y administrativo sumamente escaso, comenzaron las comparecencias, y la primera fue la del consejero Pablos Rodríguez, que por supuesto habló de vivienda. La solicitante, la socialista Patricia Hernández, comenzó muy bien su intervención, denunciando contradicciones y torpezas de la Consejería de Obras Públicas, pero terminó según su costumbre liándose atropelladamente con cifras, partidas y conceptos. Rodríguez se puso a explicar las raíces históricas del problema de la vivienda en Canarias. Hizo bien en ilustrar que antes de la espeluznante crisis de 2008 se construyeron, en el plazo de un año, 35.000 viviendas en Canarias (el 68% privadas y un 32% públicas).

Es un problema político, competencial y técnico-administrativo de carácter transversal que no tendrá solución estable si no se levantan obstáculos jurídicos como la actual ley estatal de Viviendas y no se buscan fórmulas de cooperación consorciales entre las distintas administraciones.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents