Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

¡Candela y ruido!

Pistol

Perdimos a una figura enorme dentro de la música en Canarias. Con amigos cercanos recordamos su andadura. Que viva Pistol

Pistol en la formación mítica de Ataúd Vacante, con Fafe, Silver y Manolo, en una foto de Javi Felipe.

Pistol en la formación mítica de Ataúd Vacante, con Fafe, Silver y Manolo, en una foto de Javi Felipe. / Javi Felipe

Job Ledesma

Víctor Arrocha Mendoza. Tuvo que llegar su obituario para que muchos, este periodista incluido, nos enteráramos de que se llamaba Víctor Arrocha Mendoza. Pero vamos, que Víctor fue, es y siempre será Pistol. Nos dejó el pasado 30 de octubre. Fue un golpe durísimo. En la parte enciclopédica, Pistol integra como batería varios de los grupos esenciales para comprender la evolución del rock canario. Con Familia Real fue de los pioneros en la transgresión. Con Ataúd Vacante-Tractores marcó un hito de popularidad, buen hacer e impacto desde el underground. Con 13 Motos, Brutalizzed Kids y Eméritos llevó el rock al siglo XXI. Hablamos con varias personas cercanas a Pistol para avivar su recuerdo imborrable.

Es llamativo el relato del primer encuentro entre Silver (cantante de Familia Real, Ataúd, 13 Motos y Eméritos) y Pistol: «El 8 de diciembre de 1980 había muerto John Lennon y la juventud se congregó en la plaza de España (de Santa Cruz de Tenerife). Estábamos Dani, Víctor y yo, cantante y bajista de TNT, yo era el guitarra. Había cientos de personas, miles, y solo un tío llamó mi atención. Un pibe, todo de vaquero, de melena lacia, gorro a rayas azules y blancas, andar barriobajero y un palito en la mano. Todo el mundo cantando All you need is love y yo no dejaba de mirar a aquel tipo. Al alejarse pude ver su espalda, llevaba escrito: Sex Pistols. Recuerdo que di un salto y salí corriendo tras él. Los colegas me siguieron preguntando: ‘¿Qué pasa?’, simplemente les dije: ‘¡Ya tenemos batería!’. Le asalté literalmente y él se revolvió desafiante. ‘Tranquilo’, le dije, y le seguí hablando: ‘Te gustan los Sex Pistols, veo, estamos buscando un batería’. A lo que él respondió: ‘¡Yo soy bajista!’, y le repliqué: ‘No, ¡un batería!’. Después de unos instantes de machitos nos despedimos, no sin antes dejarle mi número de teléfono escrito en una caja de fósforos. Dos días después, me llamó». El mismo Silver en su propia casa le enseña los rudimentos de la batería «con un tinglado que tenía montado entre tapas de caldero y bongos, usando los palos que venían antiguamente en los zapatos». Al poco, la familia de Pistol hace un gran esfuerzo y le compra una batería amarilla que lucía en el escaparate de la antigua tienda Paz Cerezo (al final de la avenida San Sebastián, también en Santa Cruz). Y hasta hace nada seguía Pistol con su ritmo contundente.

Silver también es el responsable del mote: «Cuando nos reunimos como grupo y dijimos nuestros nombres, vimos que también se llamaba Víctor. Víctor era el bajista y enseguida le endosé Pistol. Resulta que Ángel Rojas ya le llamaba Pistola, por el mismo motivo que se me ocurrió a mí: su chaqueta de los Sex Pistols pintada a mano por él».

En su andadura, Pistol deja un reguero de cariño gracias a una personalidad indestructible. «Lo más bonito era verlo reír siempre», destaca Fafe, guitarra en Ataúd y Brutalizzed. «Cada día con él era una experiencia digna de reseñar en un libro», avanza Poti, integrante del último proyecto de Pistol: Eméritos. Edui, en Familia Real, aprovecha y deja reflexiones: «Todo en él era bueno. Pero también podríamos hablar de todo lo que no era bonito, como la desigualdad, ese supuesto estado del bienestar que no existe. Pistol era una persona honesta y muy instruida, y con él no había medias tintas: el respeto había que ganárselo».

Silver también recuerda su humor imparable: «Era un comentarista de chistes, los improvisaba al momento. Siempre de buen humor y dispuesto a la fiesta. No es posible contar alguna anécdota pues no habrían suficientes páginas para rellenar».

Sí, son miles de anécdotas, pero cerremos felices en el recuerdo con una que cuenta Edui y que muestra el ingenio rápido y vivo que tenía Pistol: «Una vez, ensayando, improvisé una introducción con la guitarra, entre blues y jazz. Pistol pasó por delante, se detuvo en seco, dio media vuelta, me miró y dijo: ‘Hey, ¿qué?, ¿nos vamos al sur, a tocar en el hotel?’». Grande, siempre grande Pistol.

Una pistola y una baterí

¿Y como músico? ¿Cómo era el Pistol batería? Raudo y contundente lo recuerdo. Fafe: «Pistol era el rey del ‘pum pa pum pa pum pa’... Pero no un ‘pum pa pum pa’ cualquiera, le metía con muy mala leche. Fuera la canción que fuera, ya se sabía el ritmo que le iba a meter, sin complicaciones, sin florituras, sólo un patadón en la boca y a otra cosa… se acabó». Poti añade una visión inesperada: «Algo que también me gustaría destacar es su faceta como arreglista de canciones y que no es muy común entre baterías. Aportaba muy buenas ideas acerca de cambiar partes de una letra, como variar un coro (subir una octava, meter un ‘Wow, Wow…’) e incluso replantear algunas partes de guitarra, voz o bajo que podían ser a priori un poco atropelladas. Tenía una muy buena visión global de cómo podría ser la canción ya terminada y sus aportaciones hacían que los temas ganaran mucho más». Edui deja hasta ejemplos: «Hay una canción llamada Amor nuclear que grabé con Fafe para un proyecto llamado Nuclear Baby. A los 00:57 segundos entra la batería y, cuando la escucho, siempre grito: ‘¡Pistol!’ y se me ponen los pelos de punta. Esa batería es su estilo: puro, granítico, con el timbal base como guía, cadencioso y elegante. Es su marca. También debo decir que en directo era muy exigente, y todos teníamos que seguirlo».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents