La infancia tras la tragedia: «Me iba a dormir con el miedo de no volver a ver a mis abuelos al día siguiente»
Menores que han sufrido las consecuencias de la guerra en Ucrania, migrado desde otro país a Canarias o vivido la erupción del volcán de La Palma se reúnen para pedir una única cosa: que las administraciones públicas escuchen sus necesidades

La directora general de Infancia y Familias, Sandra Rodríguez, junto a los ponentes en el momento del debate. / El Día
«Me iba a dormir con el miedo de no volver a ver a mis abuelos al día siguiente». Tras estallar la guerra en Ucrania, Kristina Shevchenko, una joven originaria de este país y ahora residente en Fuerteventura, pasaba las noches refugiada en el sótano de su vecina. El de su casa apenas tenía calefacción y tampoco estaba acondicionado para que alguien descansara allí. Lo usaban más bien para almacenar comida. «Mis hermanos y yo tuvimos la suerte de resguardarnos en su casa, pero mis abuelos tuvieron que quedarse en la nuestra porque no había hueco para todos», detalla. Hasta 20 personas se protegían allí de la guerra. Sus abuelos, priorizando el bienestar de sus nietos, asumieron la peor parte del conflicto. «Cada vez que oscurecía y me tenía que despedir de ellos no paraba de pensar en que sería la última noche que los vería», recuerda a la vez que rompe a llorar.
La perspectiva de Shevchenko se pudo conocer gracias al Foro de la infancia organizado por la Consejería de Bienestar Social, Igualdad, Juventud, Infancia y Familias, con motivo del Día Mundial de la Infancia que es el 20 de noviembre— y celebrado esta mañana en el Museo de la Ciencia y el Cosmos. Un encuentro que sirvió para analizar el punto de vista de menores que se han visto obligados a crecer en entornos catastróficos o donde no se garantizan sus derechos. Y que además permitió sacar una conclusión clara: «Las autoridades deben escuchar la voz de los más pequeños».
Incertidumbre diaria
Su hermano Dneys también lo pasó mal durante el conflicto. «La guerra llegó en un día normal. Iba al colegio como cualquier otra mañana y recuerdo a la profesora hablar sobre el tema», contó. Los compañeros de su clase se lo tomaban a broma, como si de un juego de ciencia ficción se tratara. «Pero cuando los rusos comenzaron a invadirnos sentimos mucho miedo», confiesa. Para él fue una etapa de mucha preocupación e incertidumbre en la que permanecía constantemente refugiado en los subsuelos.
Aunque el peor momento fue, sin duda, cuando su abuelo salió un día a comprar al pueblo. «Él se había ido y justo cayó un misil muy cerca de nuestra casa. Las ventanas quedaron destrozadas y por miedo a los disparos tardamos bastante en salir al exterior», apuntó. Vivían al lado de un bosque donde se solían esconder los soldados rusos. Y cuando llegó la calma, los Shevchenko salieron en busca de su abuelo. «Estábamos aterrorizados, pero justo apareció por la esquina de la carretera montado en bicicleta. Fue un gran alivio», agregó. Para estos dos hermanos, huérfanos de madre desde muy pequeños, sus héroes siempre han sido sus abuelos. Aunque aquí en Canarias también han encontrado a otros dos «ángeles» que les han ayudado mucho en su camino. «Los consideró mis padres», dijo Dneys para referirse a su familia de acogida. Pese a que su comienzo en el colegio y el de su hermana fue duro, por las bromas de sus compañeros sobre la guerra, ambos han encontrado en las Islas un nuevo hogar.
Migrando
El encuentro también reunió a estudiantes del Colegio Acayamo y del CEIP Artenara. Asimismo, participaron en el debate menores migrantes como Aminata Kamara, originaria de Guinea-Conakri, o Lourdes Martínez, de Venezuela. Kamara, por ejemplo, tuvo que dejar a su familia atrás y emprender sola un viaje de siete días. Sueña con acabar sus estudios y poder encontrar un trabajo digno en Canarias, ya que lo que «buscaba era una vida mejor».
Aunque reveló que le ha costado que las autoridades la escuchen. Una frase a la que respondió la propia directora general de Protección a la Infancia, Sandra Rodríguez. «Son muchos y cuesta llegar a todos, pero somos conscientes de que tienes razón y estamos aquí para comenzar a hacerlo», contó. Valentina, al contrario de Kamara, migró hasta Canarias con sus padres. «Aún no he terminado de adaptarme y está siendo duro, pero sé que es lo mejor para nosotros porque allí vivíamos bajo una dictadura», mencionó.
Erupción del Tajogaite
Las catástrofes naturales, como la explosión del Tajogaite, también marcan la vida de los más pequeños. Alejandra Acosta y Zayara García, naturales de La Palma, intervinieron para compartir su experiencia sobre la erupción del volcán. «Fue muy duro ver como la lava se llevaba las casas de familiares y amigos», contó Acosta.
Por su parte, Karla Pérez, alumna del IES Eusebio Barreto, resumió su vivencia en un breve texto que realzó el papel de la salud mental. «De pronto vivir se volvió pesado. Y la depresión y la ansiedad entraron en nuestra vida sin llamar a la puerta», comenzaba. Pérez puso palabras a lo que muchos sintieron, pero no supieron o pudieron expresar. «Llegamos a pensar que somos débiles por sentirnos así y la mayor parte del tiempo fingimos para no preocupar a los demás. Pero callar duele más que hablar y es necesario gritar lo que nos pasa», concluyó.
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