Crónica parlamentaria
Sastrería, tiempos recios, Pimpinelas
Curbelo quiere convertir La Gomera en una combinación entre Suiza, Sicilia y la Costa Azul; si menciona a La Palma y El Hierro es para hacer más bulto

Nira Fierro y Sebastián Franquis (PSOE) escuchan la intervención de Fernando Clavijo (de espaldas), en el Pleno del Parlamento de Canarias. / Ramón de la Rosa / Efe
Esta gente, sus señorías, suelen vestir espantosamente, me advirtió en una ocasión un exjefe de Protocolo con especial apego a la sastrería, el canapé y el chisme. Tras escucharle argumentar su crítica con ejemplos concretos debí darle la razón. Por lo demás 20 años más tarde las cosas no han hecho más que empeorar. Por supuesto los que peor visten son los hombres, con alguna excepción más o menos evidente. En particular algunas repulsivas costumbres han hecho furor. Por ejemplo, llevar zapatillas deportivas (convenientemente caras, eso sí) con traje, a veces incluso con corbata. Es bastante más horroroso que presentarse con una camisa blanca mejor o peor arremangada, como hace hoy Luis Campos cuando se pone épico o cómodo o, en sus tiempos, don Antonio González Viéitez, que casi la llevaba como uniforme. A veces, desde la tribuna de prensa, en vez de una reunión de diputados cuarentones y cincuentones parece que estás viendo una reposición de Melrose Place. Por lo demás a la mayoría el terno les sienta como un tiro. Los muy bajitos, como algún alcalde chicharrero, parecen niños a punto de hacer la primera comunión; los muy altos, empleados de pompas fúnebres. Las diputadas suelen gestionar un criterio estético más desarrollado: el clasicismo inmortal de Matilde Asian, la elegancia sol y sombra de Jessica de León, el jipismo estilizado de Elena Máñez.
Un pleno entre rutina y exhibiciones
A veces la frivolidad simplemente se reduce un ejercicio de supervivencia. El pleno que comenzó ayer es el penúltimo del año y la antesala de uno de los grandes días de la tradición parlamentaria: la aprobación definitiva de los presupuestos generales de la Comunidad autonómica para 2026 la próxima semana. Los diputados casi están de vacaciones y se nota. El único periodista que lleva cubriendo los plenos desde el siglo pasado, el compañero Salvador Lachica, lo comentó ayer en plena tortura:
-Lo más terrible es que resulta perfectamente previsible lo que van a decir unos y otros. Ya no los argumentos, sino las mismas frases…
-Recuerdo que me dijiste exactamente lo mismo en un pleno de 1998…
Nos miramos en silencio durante unos segundos, espantados.
Pero ahí estaba el pleno, es decir, el detalle, como diría Cantinflas, que hubiera sido un magnífico diputado, infinitamente más inteligible que Sebastián Franquis, para no ir más lejos. Siempre empiezan los nacionalinsularismos y abrió la sesión de control Raúl Acosta, el incansable y ubicuo diputado de la Agrupación Herreña Independiente, para preguntarle al presidente Fernando Clavijo sobre la nueva bofetada del Gobierno de Madrid - acaso socialdemócrata, pero sin duda metropolitano- a Canarias con motivo de la pequeña cumbre entre España y Marruecos hace una semana. Ni Pedro Sánchez ni su ministro de Asuntos Exteriores concedieron a los representantes canarios que asistieran a las reuniones entre ambos gobiernos ni trasmitieron nada de lo acordado. Clavijo apuntó que solo 24 horas más tarde el ministro Albares le llamó telefónicamente para decirle que no se trató de nada que pueda afectar a Canarias, como si Marruecos estuviera situado a orillas del Océano Pacífico. Clavijo estuvo firme, pero templado, no como lo estuvo más tarde Luis Campos, que parecía dispuesto a organizar una cruzada como Godofredo de Bullón para liberar a Canarias de la amenaza marroquí.
Ahí estaba el pleno, es decir, el detalle, como diría Cantinflas, que hubiera un diputado infinitamente más inteligible que Franquis
Para NC Pedro Sánchez traicionó al pueblo saharaui, pero también lo hizo Fernando Clavijo, y lo de Clavijo tiene más pecado, porque no es de izquierdas. A veces los caminos de las neuronas de Campos son indescifrables, como los designios de Dios. El presidente le recordó que toda la indignación de Campos y sus compañeros no fue suficiente para que rompieran sus acuerdos con el PSOE, empezando por el que sostuvo el Gobierno de Ángel Víctor Torres con Román Rodríguez como vicepresidente y consejero de Hacienda. Campos se agitaba en el escaño como afectado por el escorbuto. Antes, por supuesto, había intervenido Casimiro Curbelo, cuyas preguntas en los últimos plenos, en su mayoría, están relacionadas con la construcción de un edén, las Islas Verdes, utopía clientelar de territorios dopados económicamente por inversiones y transferencias públicas y dotados de una fiscalidad propia y diferenciada. El señor Curbelo quiere convertir La Gomera en una combinación entre Suiza, Sicilia y la Costa Azul; si menciona además a La Palma y El Hierro es para hacer más bulto en su tejido de reivindicaciones. Produce algo de grima, de verdad. Las llamadas Islas Verdes merecerían tener la oportunidad de crecer económica y competitivamente como sociedades adultas.
Es difícil conjeturar sobre lo que habló el señor Franquis. No fue ni una pregunta ni un análisis, por lo que debió ser un discurso. En su respuesta Clavijo presumió que en los presupuestos de 2026 Educación tendrá el mayor presupuesto de la historia y que Canarias, en gasto por alumno universitario, estaba entre las primeras cinco comunidades de España. Después (como antes) hizo un llamamiento a la unidad porque el próximo año será complejo y difícil: modelo de financiación económica, debate de los presupuestos generales del Estado si Pedro Sánchez consigue presentarlos, el futuro del decreto canario y la lucha por poder dedicar el déficit en la construcción de vivienda pública. Clavijo mantiene la misma actitud tranquila, la misma apelación al diálogo, la misma mesura. No se queja que al emplear - obligado por Madrid - cien millones de euros para la reconstrucción de La Palma del superávit la pasta a emplear hipotéticamente a la vivienda pública se limite a 45 millones. Reconoce avances muy tímidos, pero avances al fin y al cabo, en la gestión de los migrantes menores no acompañados. Un día, entre 2026 y 2027, deberá romper el hilo a veces invisible de la débil confianza que mantiene con Pedro Sánchez. Ni la izquierda ni la derecha saben cuándo lo hará.
El resto de la mañana fue un largo concierto de las reencarnaciones de Pimpinela que ofrece la Cámara. Los duettos de desamor, crueldad y venganza entre Manuel Domínguez y Nira Fierro, entre Pablo Rodríguez y Patricia Hernández, entre Migdalia Machín —quien mueve muy bien los bracitos al responder, zas, zas, zas— y Yaiza López. Todo muy empalagoso.
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