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La última esperanza milenial en Canarias

La Gran Sucesión dejará a los hijos de los 'boomers' canarios 100.000 millones

Varias personas mayores sentadas en un banco.

Varias personas mayores sentadas en un banco. / Juan Carlos Castro

Santa Cruz de Tenerife

La generación milenial no lo ha tenido del todo fácil. Su vida ha estado marcada por dos profundas crisis económicas –la financiera y la provocada por la pandemia del coronavirus–, una vida laboral acusada por la precariedad y mayores dificultades para acceder a una vivienda o formar una familia. Pero, quizás, a muchos les espera un último golpe de suerte: la herencia. Falta muy poco para que comience lo que ya se ha llamado Gran Sucesión, es decir, el legado que sus padres –pertenecientes a la generación del Baby Boom– dejarán cuando fallezcan a quienes han nacido entre 1980 y 1999. Una transmisión patrimonial que se vislumbra como la más cuantiosa de la historia y que en Canarias puede conllevar que 100.000 millones de euros cambien de manos.

Un legado generacional que puede, además, ser el último de esta envergadura, ya que los milenial tienen complicado acumular, por méritos propios, la misma riqueza que sus progenitores. Con lo que, para muchos, la herencia se ha convertido en su gran esperanza para conseguir ser propietarios y vivir de forma más desahogada. Aunque como siempre ocurre, este patrimonio no se repartirá a partes iguales. Algunos milenial recibirán mucho y otros más bien poco. Con lo que los expertos mantienen que la Gran Sucesión no hará otra cosa que perpetuar y ahondar en la desigualdad.

Pero, ¿qué es lo que hace posible que se vaya a producir esta gran transmisión patrimonial? Por un lado está el efecto demográfico, ya que una generación numerosa, la que nació al calor del Baby Boom, legará a un grupo poblacional más escueto. Y por otro, la propia estructura de esa riqueza que se va a transmitir, en la que abundan los activos inmobiliarios, que en los últimos años han experimentado una revalorización casi sin precedentes.

Para analizar el primero de los factores tan solo hace falta mostrar los datos. Los boomers son los nacidos entre los años 1946 y 1965, que ahora tienen entre 79 y 60 años. En Canarias esta generación está conformada por 479.588 personas –según los datos de 2022, los más recientes que tiene publicados el Instituto Nacional de Estadística (INE)- que han vivido en un momento de prosperidad económica la mayor parte de su vida, se han beneficiado de altas tasas de estabilidad laboral y han tenido más facilidades para adquirir inmuebles.

En el otro lado, los milenials. En el Archipiélago hay 375.959 personas que tienen entre 39 y 25 años, es decir, una generación con casi 100.000 ciudadanos menos que la del Baby Boom. Una situación que provoca que la riqueza acumulada por estos últimos –en torno a cuatro billones de euros en toda España, según el informe Finanzas de los hogares 2000-2022, elaborado por Analistas Financieros Internacionales (Afi)– se reparta tras su fallecimiento entre menos manos. ¿El motivo? De forma generalizada han tenido menos hijos que los que pertenecían a la llamada generación silenciosa, es decir los nacidos antes de 1945, que son ya más que octogenarios.

De manera que, según se estima en un reciente estudio publicado por la Fundación Afi Emilio Ontiveros, cada milenial heredará de media 250.000 euros, un 40% más que la anterior generación. Una cifra que si se extrapola a las 375.959 personas pertenecientes a esta generación en el Archipiélago, da como resultado algo más de 100.000 millones de transferencia patrimonial total. Un montante que no parece muy alejado de la realidad, sobre todo si se tiene en cuenta, que tal y como se desprende de los datos del informe La desigualdad de la riqueza por comunidades autónomas: Evidencia a partir del nuevo Atlas de Riqueza de España, de EsadeEcPol, la riqueza total de los hogares de Canarias alcanzaría los 223.525,7 millones de euros. Y si se estima que, tal y como recoge la Fundación Afi, los hogares cuyo cabeza de familia es un boomer acumulan el 45% de toda la riqueza neta, el patrimonio que atesora esta generación en el Archipiélago sobrepasaría por poco esos 100.000 millones de euros.

El otro gran factor que explica que en los próximos años el patrimonio legado en las herencias pueda ser más cuantioso tiene que ver mucho con el mercado inmobiliario. Porque si hay algo que vayan a heredar los milenials son precisamente eso, viviendas. En Canarias, casi un 55% del patrimonio total que atesoran los isleños son casas. Ahí entra no solo el hogar familiar –que constituye casi un tercio del patrimonio total de las familias canarias– sino también las segundas residencias o aquellos inmuebles que se han adquirido como inversión.

Y, ¿qué ha ocurrido con los inmuebles en los últimos años? Que se han revalorizado de una forma que casi no se había visto antes. El incremento de la población, unido a la dejadez del sector público, que no ha construido vivienda social, y la debilidad del privado, que tampoco lo ha hecho tras la crisis financiera, ha provocado una escasez de casas en el mercado tanto para vender como para alquiler. Por lo que, ahora más que nunca, quien tiene una casa en Canarias, tiene un tesoro.

Y lo cierto es que la inmensa mayoría de quienes son en la actualidad propietarios en el Archipiélago pertenecen a la generación del Baby Boom. Es más, la tasa de los hogares con un cabeza de familia menor de 35 años que tienen una vivienda en propiedad ha caído del 70% en 2011 al 36% en 2020. En contraste, los hogares comandados por alguien mayor de 55 años tienen una mayor proporción de vivienda en propiedad y cuanto más se avanza en la edad del cabeza de familia se observa una presencia casi nula de deuda hipotecaria. Con lo que la mayoría de los activos inmobiliarios de esta generación son patrimonio neto sin deuda asociada.

Pero, ¿ambas generaciones no han tenido las mismas oportunidades de hacerse con el mismo nivel de patrimonio? Pues no. El estudio elaborado por Fedea constata una creciente concentración de la riqueza en los hogares cuyos miembros tienen mayor edad. Por ejemplo, los mayores de 75 años acaparaban en 2002 el 8,3% de la riqueza total del país. En 2022, ese porcentaje había avanzado hasta el 18,3%. Una circunstancia que es el reflejo no solo de la mayor longevidad –más tiempo de vida, mayor periodo para acumular bienes– sino también de la existencia de una limitada transmisión intergeneracional de activos. En el lado contrario, los milenial han seguido la tendencia opuesta. Los menores de 35 años han reducido de forma continua su peso en la riqueza neta total. Tenían el 8,2% en 2002 y ahora apenas el 2,1%. Lo que indica las crecientes dificultades para acceder a la propiedad y construir un patrimonio desde edades tempranas.

¿Y qué ocurre si se analiza el nivel de patrimonio que tenían los boomers cuando eran treintañeros? A igual edad, especialmente aquellos nacidos entre 1956 y 1965, acumulan sistemáticamente más riqueza que las generaciones posteriores. Cuando tenían entre 35 y 39 años, los boomers de media ya habían acumulado un patrimonio cercano a los 200.000 euros. Los milenial tienen que conformarse con poco más de 100.000.

Que esa transferencia de riqueza intergeneracional va a producirse parece innegable. Pero, ¿qué efectos económicos y sociales puede tener? Hay quien piensa que la Gran Sucesión no solo mantendrá la desigualdad, sino que incluso agrandará esa brecha. De hecho, las herencias siempre han sido un mecanismo que la perpetúa. Las clases más pudientes son las que pueden dejar mayor cantidad de bienes a los hijos. Bienes que cuando las familias eran más grandes podían repartirse más, pero que a partir de ahora caerán en muy pocos descendientes. «Instituciones como la herencia de una generación a otra hacen que se acreciente la desigualdad», explica el profesor titular de Sociología de la Universidad de La Laguna (ULL), Saturnino Martínez. Por eso, en su opinión, el invierno demográfico no hará otra cosa que acentuar esta tendencia y, por eso, no se debería hablar de la Gran Sucesión como una lluvia de millones que regará a toda una generación, sino que se repartirá, de forma mayoritaria, entre quienes más tienen ahora. «La clase social es más importante que la generación a la que perteneces para constatar la desigualdad», aclara.

Lo que sí se constata es que aquellos que lleguen a heredar propiedades contarán con una gran ventaja, al menos, si se mantienen las condiciones actuales. «Tener o no tener una vivienda marca demasiada diferencia», sostiene Martínez. Una diferencia que, incluso, puede llegar a afectar al mercado de trabajo. «Si tengo una vivienda o una hipoteca razonable puedo llegar a aceptar salarios relativamente más bajos que alguien que sale ahora al mercado y tiene que alquilar una propiedad», sostiene. Una circunstancia que genera una competición descarnada entre trabajadores. «El mercado está siendo muy cruel con quienes tienen que formar ahora nuevos hogares».

Otro de los factores que pueden generarse es una expansión sin precedentes de los trámites de sucesiones y donaciones. Dos procedimientos a través de los que pueden transmitirse los bienes a los hijos. De hecho, las viviendas heredadas llegaron recientemente a su cifra más alta en Canarias en los últimos 18 años, convirtiéndose en una forma cada vez más habitual de convertirse en propietario. Y para que no haya problemas a lo largo de todo este procedimiento, los expertos recomiendan a padres, pero también a los hijos, elaborar un testamento que evite problemas una vez se ha fallecido. «En España no hay libertad para testar y la ley marca quienes son nuestros herederos forzosos», explica la profesora contratada doctora de Derecho Civid de la ULL, Estefanía Hernández. Y aventura que las disputas familiares por las herencias cuando comience la Gran Sucesión irán en aumento. Pero puntualiza que nadie está obligado a heredar. «Aceptarla es totalmente voluntario pero se debe tener en cuenta que se acepta en bloque», es decir, se acepta la casa, el coche y el dinero de las cuentas bancarias, pero también las deudas, si es que las hubiera.

No es oro todo lo que reluce. Quienes hereden patrimonio en el futuro pueden encontrarse con que el contexto económico y social tampoco les favorece. Cambios en el mercado o en la dinámica poblacional pueden depreciar las propiedades o incluso muchos de los milenial –hijos únicos o con solo un hermano– pueden verse obligados a venderlas para sufragar los cuidados de sus padres u otros familiares en el último tramo de sus vidas, cuando necesiten asistencia para llevar a cabo su día a día. Por lo que en la última gran esperanza milenial puede esconderse un nuevo revés para esta generación.

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