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Los latidos del barrio más rico y más pobre de Santa Cruz de Tenerife

Una tarde en los barrios de Añaza y Las Mimosas; dos enclaves de la capital tinerfeña separados por sólo 8,7 kilómetros y numerosos contrastes económicos

A la izquierda, el campo de fútbol de Añaza; a la derecha, el casino de Las Mimosas.

A la izquierda, el campo de fútbol de Añaza; a la derecha, el casino de Las Mimosas. / Andrés Gutiérrez

Santa Cruz de Tenerife

El contraste entre los barrios de Las Mimosas y Añaza, los de mayor y menor poder adquisitivo de Santa Cruz de Tenerife, respectivamente, se hace sentir en las calles. El último Atlas de Distribución de la Renta de los Hogares, actualizado este año con datos de 2023, coloca la lupa en unas estadísticas cuya aplicación se vuelve palpable en la vida cotidiana de sus residentes.

Estos dos enclaves de la capital tinerfeña, separados por sólo 8,7 kilómetros, cuentan con numerosos contrastes económicos. En Las Mimosas, las estrechas y empinadas calles dan con sofisticados chalets y espacios verdes; en Añaza, un mismo espacio reúne centros comerciales, viviendas ocupadas y trapicheo.

Una tarde de paseo con el perro o comprando lotería

Las Mimosas

A la altura del Club Oliver se deja ver Esther, una ecuatoriana de unos treinta y pocos que pasea a Hugo. El labrador retrevier de pelaje claro avanza ajeno a la breve conversación que se activa con su cuidadora. De vez en cuando vira su cabeza como queriendo decir. ¡A ver si este pesado se larga ya! El perro no es suyo, pero lo saca dos veces al día [de lunes a viernes] a dar una vueltita por la urbanización. La zona se agita con la salida de la chiquillada del cole. Los coches se suben a las aceras y todo se revoluciona en un perímetro de casas de lujo, muros altos y jardines invisibles. Aquí no hay grafitis, pero sí una elegante viñeta en el cruce de la calle Doctor Pasteur y el Camino Oliver: un gato negro al que espera un ratón armado con un hacha en cuanto doble la esquina. Algo más abajo se localizan las golosas cristaleras de un quiosco. El señor que permanece en el interior está en alerta. «En unos minutos llegan los menudos», vaticina un quiosquero que parece tener más paciencia que el Santo Job. «A muchos los conozco y me anticipo porque sé lo que me van a pedir».

Añaza

Agentes del Grupo de Atestados de la Policía Local de Santa Cruz ultiman el informe de un siniestro que se acaba de producir en los exteriores del Centro Comercial de Añaza: un Honda rojo se estalla como una pita contra una farola y queda muy tocado junto a un letrero en el que se puede leer Bienvenido - Welcome. El callejero [avenidas anchas e interminables, repletas de semáforos -algunos fuera de servicio– y puntos con escasa visibilidad] propicia estos golpes por alcance. Sin embargo, los que buscan dar el golpe de su vida, y no me refiero al clásico de Paul Newman y Robert Redford, son los jugadores que se han inclinado por comprar un número de Navidad en la administración que dirige Margarita desde hace casi tres décadas. «Este año vamos ras con ras, pero al final todo el mundo mete en la cartera al menos un decimito», abrevia la dueña de un negocio con mano para atraer a la buena suerte.

De la seguridad privada a la presencia policial

Las Mimosas

Un buen número de las calles de Las Mimosas tienen nombres de afamados doctores, son estrechas y regadas por STOP y triángulos huecos de Ceda el Paso. En la zona no hay tiendas 24 horas como en Añaza y los coches de policía rivalizan con los de las empresas de seguridad privada que callejean para verificar que todo está en regla. Las aceras están bien alumbradas y los lugareños de la parte de alta sacan sus cubos de basura [algunos atados a una cadena] a la espera de que pase un pequeño camión de recogida de residuos. Todo es sosiego en un perímetro en el que, por citar un par de ejemplos, tienen sus sedes la Consejería de Sanidad, el Colegio Oficial de Médicos, el Colegio de Ingenieros o la International School of Tenerife. También hay varias residencias de mayores y hoteles con un puñado de estrellas. Por haber, existe hasta un casino. No hace falta mencionar que aquí los adornos navideños públicos son más abundantes, brillantes y, sobre todo, variados. Nada que ver con la escena que encontramos al suroeste de la ciudad.

Añaza

Las luces municipales de Navidad se han encendido desde hace un buen rato. Nada del otro jueves. La oscuridad domina los viales de un núcleo poblacional que empezó a madurar en el arranque de los ochentas del pasado siglo. Ahora destaca mucho más la presencia policial porque las patrullas llevan iluminados sus techos [Policía Local, Cuerpo Nacional de Policía y alguna que otra unidad de la Guardia Civil] y se adentran con lentitud en el área de las viviendas ocupadas y los puntos en los que hay constancia de que se trapichea con drogas. La imagen del barrio da un giro de 180 grados. En las calles ya no están los vecinos que buscan llegar a sus trabajos, los alumnos que moldean sus sueños en las aulas o los ancianos que queman horas de tertulias en una plaza. El pulso va cambiando a medida que se aproxima una madrugada en la que se cocinan otro tipo de negocios.

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