Desde La Palma al corazón del Ártico: la canaria Silvia relata la inquietud de Groenlandia ante Trump
La isleña, residente en Nuuk desde hace 12 años, relata el sentir local ante la creciente tensión con Estados Unidos y reflexiona sobre identidad, adaptación y el vínculo con la naturaleza

Lucía Feijoo Viera

Silvia Rodríguez nació en Los Sauces, en La Palma, pero desde hace doce años su casa está en Nuuk, la capital de Groenlandia. Allí, a miles de kilómetros del mar canario, vive inmersa en una realidad que hoy es también geopolítica: la creciente tensión entre Estados Unidos y Dinamarca por el futuro de la isla ártica, tras las nuevas declaraciones de Donald Trump, quien insiste en su intención de anexionar Groenlandia.
En un momento en el que los focos del mundo se dirigen al Polo Norte, ha sido la voz de esta canaria la que ha puesto rostro humano a un conflicto cargado de simbolismo, intereses estratégicos y una inquietante falta de diálogo con los propios groenlandeses.
Rodríguez participó en una edición especial del programa El Objetivo, de La Sexta, grabado íntegramente en Groenlandia y presentado por Ana Pastor, emitido este miércoles 14 de enero. También fue entrevistada por COPE en el programa La Linterna. En ambos espacios ofreció una mirada íntima y real sobre lo que significa vivir en un territorio hoy convertido en campo de batalla geopolítica.
“Hasta hace unas horas pensaba que todo se resolvería con diplomacia, pero ahora empieza a ser preocupante”, confesó Silvia, con una mezcla de lucidez y desconcierto ante las amenazas del expresidente estadounidense.
Trump, Groenlandia y el juego de poder
Desde el Despacho Oval, Donald Trump ha repetido su intención de “necesitar Groenlandia para la seguridad nacional”, en referencia al temor a que China o Rusia expandan su influencia sobre el Ártico. Aunque Copenhague ha rechazado de plano la idea de venta o anexión, la tensión no ha dejado de crecer.
El Gobierno de Dinamarca, en respuesta, ha anunciado el refuerzo de su presencia militar en la isla, en colaboración con la OTAN. Mientras tanto, los groenlandeses asisten con creciente inquietud a una pugna en la que no sienten que su voz esté siendo escuchada.
“Al principio todo esto nos hacía gracia, pero ahora la gente empieza a entristecerse, incluso a enfadarse. Es como si estuviésemos a merced de potencias que discuten sobre nuestra tierra sin contar con nosotros”, afirma Silvia.
Más allá de la política, Silvia relató cómo es el día a día en Nuuk, marcado por la escasez de productos, las dificultades logísticas y una sociedad que, según sus palabras, “enseña a valorar lo que se tiene”. Los barcos que abastecen la isla pueden tardar semanas o meses, y si algo no está en el supermercado, simplemente no se consigue.
La experiencia de vivir allí la ha transformado. Aunque llegó por el trabajo de su marido, un experto en modelos pesqueros, encontró también su espacio profesional y personal. Desde 2015 trabaja de forma estable y afirma sentirse “muy en casa” en Nuuk, gracias al carácter cercano y solidario de los groenlandeses. “Son como los canarios: si pueden ayudarte, lo hacen. Son gente con buena voluntad”.
Una identidad no negociable
Uno de los aspectos más impactantes del testimonio de Silvia es su descripción de la conexión de los groenlandeses con su tierra. “No hay dinero que pague salir a cazar, navegar o estar en la naturaleza. Para ellos eso no se puede comprar ni vender. Están profundamente unidos a su tierra”.
Esa conexión emocional y cultural es lo que hace que la amenaza de una anexión sea vivida no como una excentricidad política, sino como una intromisión en lo más íntimo de su identidad.
Silvia también compartió anécdotas sobre el impacto directo del cambio climático en la vida cotidiana de Groenlandia. En Umanak, al norte, el glaciar ha retrocedido tanto que el sol ahora sale antes, porque ya no hay masa de hielo que lo oculte al amanecer.
Los pescadores y cazadores notan el deshielo, la disminución del grosor del hielo marino y los cambios en el comportamiento de los animales. “La vida aquí está cambiando y lo sentimos todos los días”, señala.
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