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La Cascada de Colores de La Palma, en peligro: de diez metros de altura a menos de dos por la acumulación de piedras

El salto de agua, que estaba considerado como uno de los más espectaculares de España, pasa de medir diez metros en 2015 a solo 1,7 en la actualidad tras las precipitaciones de las últimas semanas

Así está la Cascada de Colores de La Palma

David del Rosario

Santa Cruz de Tenerife

Uno de los rincones más espectaculares de la naturaleza de Canarias corre peligro de desaparecer por un periodo de tiempo indeterminado y ya apenas se parece a lo que era hace solo diez años. La acumulación de piedras y grava como consecuencia de las lluvias y los desprendimientos, en un proceso natural, ha sepultado la Cascada de Colores, uno de los rincones más emblemáticos del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, en La Palma

Considerado uno de los saltos de agua más maravillosos de España por ‘National Geographic’, ha pasado de tener diez metros en 2015 a apenas 1,7 en la actualidad. Y si se mantiene el proceso de entullo de esta última década, se perderá en los próximos años. Tampoco tendría que ser una pérdida definitiva. Lo aclara José Heriberto Lorenzo, agente de Medio Ambiente del parque nacional palmero: «De la misma manera que se está quedando enterrado, la misma corriente de agua podría arrastrar los materiales y volver a despejar la cascada».

La transformación

Esta transformación la expuso en las redes sociales otro agente medioambiental de la Caldera de Taburiente. David del Rosario, en su canal ‘medioambientecurioso’, explica que ya en 2021 la caída se había reducido a cuatro metros y ahora no llega a los dos metros en su punto central. «¿Qué está pasando?», se pregunta. Entonces pasa a explicar que «no es que falte agua, sino que lo que cambia es el barranco». «El suelo sube año tras año y la cascada pierde altura», remarca.

La Cascada de Colores, situada en el barranco de Rivaceras, en pleno corazón de la Caldera de Taburiente, es en realidad un rincón de reducidas dimensiones –la quebrada no pasa de los 20 metros en su punto más ancho– pero muy pintoresco.

Colores ocres, amarillos y pardos

Llama la atención sobre todo la paleta de colores ocres, amarillos y pardos de sus paredes –de ahí su nombre–, que se debe a las aguas repletas de minerales que corren por el propio barranco. En los momentos de máximo esplendor, el líquido salía del salto dejando una estela con esos tones ocres a lo largo del cauce. También sobresalía el verdor de los musgos que crecían por la constante humedad.

Así está la Cascada de Colores del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente en la actualidad.

Así está la Cascada de Colores del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente en la actualidad. / José Heriberto Lorenzo

Ya poco queda de aquella Cascada de Colores que asombraba a los senderistas y protagonizaba una de las fotos más representativas de la naturaleza de La Palma y de todo el Archipiélago. Las consecuencias del acarreo de tierra y piedras ha sepultado gran parte del salto, apenas quedan musgos y hasta se ha apagado el color intenso del torrente mineralizado.

Tristeza entre los visitantes

David del Rosario admite la tristeza que produce ver cómo ha quedado este paraje. Pero al mismo tiempo destaca que desde la perspectiva geológica es espectacular ver el impacto de un proceso cien por cien natural. «Es una alteración que estamos presenciando en vivo y en directo y un ejemplo de que la escala de tiempo humana no tiene nada que ver con la geológica».

José Heriberto Lorenzo coincide en el extraordinario valor de esta evolución en este punto concreto: «La escalas humana y geológica se dan la mano y permiten observar cómo funcionan los cambios importantes en la geomorfología y aprender de ellos para que puedan servir de referencia en otros territorios donde por lo general solo se puede ver la escala geológica».

Así estaba la Cascada de Colores en el año 2016.

Así estaba la Cascada de Colores en el año 2016. / José Heriberto Lorenzo

Aceleración del proceso

El proceso se ha acelerado por la sucesión de una época prolongada de sequía con las precipitaciones intensas de finales de otoño y principios de este invierno. Como explica Del Rosario, solo las precipitaciones del último mes han hecho que la Cascada de Colores se entierre medio metro. «Es una pena y nos tememos que la acumulación de grava y piedras se mantenga a corto y medio plazo, salvo que las lluvias sean más persistentes e intensas y se lleven todo el material acumulado», precisa.

Los visitantes preguntan al personal del parque nacional si se puede hacer algo para revertir la situación. El problema es que no se puede al pertenecer la cascada a un espacio de máxima protección. Solo la naturaleza puede obrar el ‘milagro’ y desenterrar este rincón mágico.

La transformación se ha debido en gran parte a la acumulación de material durante la sequía y los desprendimientos provocados por las lluvias. «Los materiales no han llegado al mar y se han ido acumulando en el barranco», especifica Lorenzo, que advierte a la ciudadanía de la importancia de extremar las precauciones cuando se dan estas condiciones.

«Este es un ejemplo de que hay que seguir las recomendaciones de las autoridades cuando alertan del peligro de desprendimientos, que es permanente en islas con tanto desnivel como La Palma, como se observa en la Caldera de Taburiente», concluye.

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