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Más dinero ocioso en los bancos que nunca

El temor al riesgo, el desconocimiento financiero y un contexto prolongado de incertidumbre empujan a los canarios a mantener miles de millones de euros sin rentabilizar en cuentas corrientes, muy por encima de la media nacional

Los canarios son los españoles que menor porcentaje de sus ahorros colocan en productos financieros

Los canarios son los españoles que menor porcentaje de sus ahorros colocan en productos financieros

Julio Gutiérrez

Julio Gutiérrez

Las Palmas de Gran Canaria

Los canarios son los españoles que menor porcentaje de sus ahorros colocan en productos financieros. El desconocimiento y el conservadurismo que se derivan del hecho de que los isleños casi no quieran ni oír hablar de fondos o mercados están detrás de ese bajo porcentaje, lo que resta a sus patrimonios unos millonarios rendimientos. Porque el dinero que se coloca en un fondo de inversión, aun cuando se opte por uno conservador en extremo, genera una renta, mayor o menor pero una renta al fin y al cabo -al menos en los últimos tiempos en que las rentabilidades medias anualizadas se han movido en España por encima del 4%-, pero el dinero en la cartilla de ahorro, en la cuenta corriente o en la cuenta a la vista de toda la vida, es carne de depreciación. Se lo come la inflación, y ocurre que los canarios nunca tuvieron tanto ahorro colocado en cuentas no remuneradas. Están perdiendo dinero.

Inverco es la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones. Desde su Observatorio emite cada año un informe que no deja lugar a las dudas. La pasada primavera divulgó los datos correspondientes a 2024, a cuya finalización los ciudadanos de las Islas atesoraban 37.938 millones de euros en depósitos bancarios. Frente a esta suma aparecen 6.659 millones invertidos en fondos, cantidad que solo alcanza el 17,5% del dinero que está ocioso en cuentas corrientes. La media de toda España alcanza el 25,9%, más de ocho puntos por encima del porcentaje alcanzado en Canarias.

El Observatorio Inverco establece otro modo de determinar el perfil más o menos conservador de los ahorradores relacionando el dinero que colocan en fondos de inversión con el PIB del territorio analizado. De nuevo, Canarias aparece en la cola. Los referidos 6.659 millones que suman los partícipes de fondos -siempre en referencia a diciembre de 2024- suponen solo el 11,5% del PIB, y eso que el porcentaje mejora en medio punto al alcanzado en 2023. Y en la desagregación provincial, Las Palmas (10,7%) se sitúa en penúltima posición del medio centenar de las que componen España. Solo Huelva (8,3%) evita que el farolillo roja penda sobre ella. Santa Cruz de Tenerife (12,5%) es cuarta por la cola.

La ausencia de educación financiera hurta a los isleños la posibilidad de entender el funcionamiento de una inversión de capital.

Ya sea para proyectos nuevos o para implementar los que ya están en marcha, la financiación es un capítulo irrenunciable. En función de la certeza que pueda tenerse sobre el futuro del negocio, el capital aportado obtendrá mayor o menor rentabilidad.

Un ejemplo. Jóvenes recién egresados ponen en marcha una idea tecnológica. Enfrentan los problemas de todos los comienzos y, por supuesto, también el de reunir la suma suficiente que les permita perfilarla. A esas alturas no existe feedback por parte del mercado. ¿Se demandará el producto final? ¿Acabará todo en un fracaso o, por el contrario, en un gran éxito? Quienes apuesten e inviertan saben en ese momento que la garantía de retorno de sus aportaciones son escasas, y por eso la rentabilidad, siempre que el final sea el deseado, será muy alta. Nunca llegará a su nivel la que provenga de la compra de valores de una empresa cotizada y muy estable. Y menos aún se obtendrá por colocar el ahorro en renta fija. Decantarse por unas u otras posibilidades determina el perfil más o menos conservador del inversor, y los fondos dan respuesta a cada nivel integrando en su cartera de inversiones valores más o menos seguros y más o menos rentables. En cualquier caso, optar por el camino más recto de todos -y menos retribuido- siempre aportará un rédito mayor que el simple hecho de dejar el dinero en una cuenta corriente.

Aparte de la querencia por la mínima exposición del ahorro que muestran los canarios, también los hechos que van sucediéndose influyen con intensidad en la dinámica de los ahorradores. La pandemia global por coronavirus, el periodo inflacionario y la proliferación de conflictos bélicos -invasión de Ucrania por Rusia, genocidio israelí en Gaza...- son factores que dan sentido a eso de que el dinero es miedoso. Es decir, la inestabilidad genera conservadurismo.

Ya en 2023 el propio Observatorio Inverco señaló que el porcentaje de perfiles conservadores se había disparado nueve puntos en solo dos años, hasta situarse en el 56%. El mismo trabajo señaló que el 53% de los ahorradores de todo el país había visto reducido su poder adquisitivo por la inflación, de manera directa o derivada de los incrementos de los tipos de interés -coste de las hipotecas- con los que los bancos centrales respondieron al aumento continuado de los precios.

«En un entorno de incertidumbre prolongada y de volatilidad en los mercados, es natural que la seguridad y la confianza se consoliden como los factores que más valoran los ahorradores», expuso Eustaquio Armas, miembro del Observatorio Inverco. Y la incertidumbre entendida en un sentido más amplio que el meramente financiero también está alimentada por la crisis sanitaria mundial que desató el covid. La consiguiente paralización de la economía instaló en la ciudadanía la pertinencia de contar con un remanente para atender imprevistos. De tal manera que el dinero depositado por los canarios en cuentas corrientes ha ido sumando récords.

El último dato contrastado por el Banco de España corresponde al mes de septiembre del año pasado, cuando se acumulaban en las entidades financieras de las Islas 34.861 millones de euros ociosos. En solo un año la suma engordó un 7,9%. Solo 4.377 millones estaban colocados en depósitos a plazo, esos productos que impiden tocar el dinero durante un tiempo y a cambio otorgan una rentabilidad que en el momento actual se sitúa en el entorno del 2%; en el bien entendido de que cuanto más tiempo dura el compromiso, mayor es el interés generado. Pues bien, al mismo tiempo que el capital de las cuentas corrientes crecía, el de estos depósitos a plazo caía un 3,1%. Ni siquiera la -quizá- más segura de las inversiones gana adeptos.

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