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Loly González, la octogenaria todoterreno de Tenerife: "Ir a la universidad a los 70 fue todo un premio"

Dolores González es guía voluntaria de un museo, universitaria, escritora, amante de los viajes y del voluntariado

Todo eso a sus 83 años y tras haber superado un cáncer de mama porque, como ella misma reconoce, en las últimas décadas se ha sentido con más vitalidad que nunca.

Loly González, guía voluntaria, en el patio del Museo de Naturaleza y Arqueología.

Loly González, guía voluntaria, en el patio del Museo de Naturaleza y Arqueología. / María Pisaca

Santa Cruz de Tenerife

A sus 83 años, Dolores González es una mujer todoterreno. Esta popular vecina de la capital chicharrera, conocida como Loly, ha pasado la barrera de las ocho décadas con la misma vitalidad que superó el medio siglo. A tan solo dos meses de cumplir 84, apenas tiene tiempo para descansar o para ver la tele. En una misma semana va a clases de inglés, acude al centro de mayores Isidro Rodríguez Castro (Los Gladiolos), organiza visitas guiadas en el Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA) y –si le sobra algún huequito– escribe poesía. Todo bajo la premisa de que los mayores tienen mucho que aportar a la sociedad.

Desde hace un cuarto de siglo, se enamoró del MUNA. Su interés surgió tras organizar una visita para un grupo de mayores. Pasó ese verano estudiándose todas «las entrañas» del complejo y terminó como guía voluntaria. En ese entonces era una de las más jóvenes y ahora es una de las más veteranas, tanto por edad como por experiencia. González compagina estas visitas con sus estudios universitarios. Se matriculó por primera vez a los 70 años y, para vivir a tope esta experiencia, se apuntó en la coral. «Graduarme a esta edad con todo aprobado ha sido un premio para mí», confiesa. En los últimos meses, un tumor en el pecho le obligó a pausar sus estudios, pero los retomará este cuatrimestre ya recuperada.

No solo puede presumir de su formación universitaria, también demuestra, con un «I speak English perfectly» muy bien pronunciado, que maneja el inglés a la perfección. Desde los 17 años trabajó como mecanógrafa para ahorrar una pesetas y poder costearse las clases de idiomas, que a día de hoy no ha abandonado. «En esa época no teníamos medios, pero la informática ha sido un trampolín para nosotros, ha servido para que los mayores despierten su interés, se comuniquen con otras personas, lean noticias y se preocupen por seguir aprendiendo», destaca.

También escritora

Su faceta como escritora arrancó en 2026, hace justo dos décadas. En este tiempo ha podido escribir cinco libros que ha presentado en el Parlamento autonómico, en La Gomera y en La Once, traduciéndolo incluso al braille. A lo largo de su trayectoria ha atesorado premios regionales y nacionales que la han colocado como un referente sénior. No solo eso, en su particular hemeroteca guarda con especial cariño recortes de entrevistas publicadas en distintos medios y fotografías en las que posa junto a políticos canarios, al lado de la infanta Cristina e, incluso, con la reina Letizia.

También ha dedicado buena parte de su tercera juventud al voluntariado y, en concreto, a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Tras medio siglo de ayuda al paciente, el destino quiso que el pasado 4 de febrero celebrara el día mundial contra esta enfermedad como usuaria, después de haber vencido la batalla al cáncer de mama.

Premio a la Solidaridad

En 2024, el Gobierno regional quiso reconocer su labor en favor de los séniors de las Islas otorgándole el Premio a la Solidaridad con los Mayores. Pese a tantos honores, su mayor mérito, como ella misma reconoce, es conservar esa vitalidad que le caracteriza. «Mi familia me dice que estoy loca como una cabra porque no paro quieta», asegura.

Loly ha vivido ocho décadas frenéticas, llenas de batallitas. En realidad, su actividad ha ido de menos a más porque en estos últimos años ha aprovechado para hacer todo lo que tenía pendiente. Viajar es otro de esos tantos sueños que ha podido cumplir. No solo entre islas, se ha recorrido todo Centroeuropa, Noruega, Suecia, Turquía, Grecia y hasta China. A este último destino, que ha visitado en varias ocasiones, le guarda un cariño especial.

Los tiempos han cambiado

Eso sí, es muy consciente de que las cosas han cambiado. Aunque ella esté disfrutando de su vejez, esta tinerfeña recuerda cómo durante su juventud las mujeres mayores solo se reunían para ver la novela. El resto del tiempo, relata, se dedicaban a las tareas del hogar y a cuidar de sus familiares o a esperar a que alguno las visitara. «No tenían vida», señala.

En estos últimos años, la moneda se ha dado la vuelta. «Los mayores estamos muy preparados, vamos a los centros a divertirnos, formamos grupos para viajar, llevamos a nuestros nietos al museo y tenemos inquietudes», subraya. Todo con tal de mantenerse activos porque «esa es la única forma de sentirnos realizados como personas y de combatir el edadismo».

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