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Sostenibilidad, plantaciones y corredores verdes: el alumnado de la ULPGC plantea el futuro del campus universitario

El alumnado de arquitectura de la ULPGC presenta el resultado del taller Proyectos Experimentales (PEX).

El alumnado de arquitectura de la ULPGC presenta el resultado del taller Proyectos Experimentales (PEX). / José Bueno y Daida Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

María Alfonso Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria

Durante siete días, la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria se convirtió en un laboratorio colectivo de ideas. Más de 200 alumnos de segundo, tercero y cuarto curso, guiados por 22 profesores y con el apoyo del alumnado de quinto, participaron en el taller intensivo Proyectos Experimentales (PEX), cuyo resultado se presentó públicamente en una maqueta conjunta de más de 70 metros cuadrados. El objetivo de este trabajo en equipo es renaturalizar la Escuela de Arquitectura y mejorar su relación con el entorno inmediato.

La coordinación del proyecto estuvo a cargo de la profesora María Eugenia Armas, quien reconoció ante el público que el resultado superó todas las expectativas. «Ha superado mis expectativas totalmente, pero no solamente las mías, la de todos los profesores», afirmó, destacando también la implicación del alumnado. «Considero que todos ustedes son un valor maravilloso y que la sociedad del futuro los tenga a ustedes en el alma», añadió durante la presentación.

El alumnado de arquitectura durante la construcción de la maqueta de 70 metros cuadrados.

El alumnado de arquitectura durante la construcción de la maqueta de 70 metros cuadrados. / José Bueno y Daida Rodríguez

El taller, desarrollado de forma intensiva, reunió a estudiantes de distintos cursos en equipos mixtos. «Proyectos Experimentales es una asignatura que se imparte en segundo, tercero y cuarto de forma intensiva en un taller», explicó Armas, subrayando el valor del trabajo vertical. El ámbito de actuación se dividió en catorce franjas, asignadas por sorteo, con el objetivo de fomentar la negociación y la cooperación entre grupos vecinos. El resultado final no fue una suma de proyectos aislados, sino «un gran collage de ideas interconectadas».

Un proyecto desde la sostenibilidad

Uno de los aspectos más destacados del PEX fue la forma en que el propio edificio se convirtió en materia de estudio. El alumnado analizó recorridos, usos cotidianos y puntos de conflicto desde su experiencia diaria como usuarios del espacio. Esa mirada interna permitió detectar carencias, pero también oportunidades, y plantear soluciones pensadas desde la vivencia real de la escuela.

Las propuestas abordaron desde la entrada principal de la facultad hasta sus fachadas, patios, recorridos interiores y conexiones con el paisaje. El Grupo 1 centró su intervención en la zona de acceso, transformando el aparcamiento en un espacio activo con plataformas, gradas y zonas de estancia. «La entrada deja de ser únicamente un espacio de transición», explicaron, para convertirse en un lugar representativo de la identidad de la escuela.

El rector de la ULPGC, Lluís Serraa; y el director de la Escuela de Arquitectura, Nelson Flores.

Lluís Serra, rector de la ULPGC; y Nelson Flores, director de la Escuela de Arquitectura. / José Bueno y Daida Rodríguez

Otros equipos trabajaron la relación entre interior y exterior, la mejora de espacios de estudio o la creación de recorridos continuos. El Grupo 3 planteó una biblioteca con acceso independiente y zonas de estudio abiertas más allá del horario lectivo, mientras que el Grupo 5 propuso un ciclo sostenible completo que reutiliza aguas, residuos y energía. «Nuestro proyecto no pretende ser bonito, sino tangible», señalaron, apostando por mostrar los procesos de forma visible y directa.

La sostenibilidad atravesó todas las propuestas, no como un concepto abstracto, sino como una estrategia concreta aplicada al día a día del centro. Vegetación, sombra, ventilación cruzada y reutilización de recursos se integraron como herramientas para mejorar el confort y reducir el impacto ambiental, en línea con los retos climáticos actuales y con proyectos institucionales como Univerde.

Proceso del desarrollo del proyecto previo a la construcción de la maqueta de 70 metros cuadrados.

Proceso del desarrollo del proyecto previo a la construcción de la maqueta de 70 metros cuadrados. / José Bueno y Daida Rodríguez

Cooperación del alumnado

La experiencia no fue solo técnica, sino también humana. Armas insistió en que uno de los grandes logros del PEX fue el clima de trabajo. «No he visto mal rollo en ningún sitio», aseguró, agradeciendo la implicación del profesorado, del personal y del alumnado. «No solamente ustedes han aprendido; nosotros hemos aprendido», afirmó. También destacó la ayuda espontánea de estudiantes de quinto curso, que colaboraron sin formar parte oficial del taller.

Ese ambiente colaborativo se reflejó en la dinámica diaria del taller, donde el intercambio de ideas fue constante. La convivencia entre cursos permitió que el alumnado más joven aprendiera de la experiencia de los mayores, mientras que estos últimos revisaban sus propios planteamientos desde miradas más frescas. Un aprendizaje horizontal que rompió jerarquías habituales en el aula.

Para el alumnado, el PEX supuso una forma distinta de aprender. Nacho Pons, estudiante de cuarto curso, lo definió como «una experiencia bastante divertida, muy diferente a lo que son las clases usualmente». A su juicio, trabajar en un ambiente más distendido y colaborativo «es súper enriquecedor» y fundamental para la formación profesional.

María Eugenia Armas, Lluís Serra y Nelson Flores.

María Eugenia Armas, Lluís Serra y Nelson Flores. / José Bueno y Daida Rodríguez

Más allá del resultado final, el taller dejó una metodología exportable a otras asignaturas: aprender haciendo, negociar colectivamente y pensar la arquitectura desde su impacto social y ambiental. Una experiencia intensa que, para muchos estudiantes, marcó un antes y un después en su forma de entender la profesión.

El taller se alinea con líneas estratégicas como el proyecto Univerde, la mejora de la movilidad del Campus de Tafira y la respuesta a la crisis climática, integrando diseño pasivo, vegetación y sostenibilidad. Una semana intensa que, como resumió su coordinadora, logró su gran objetivo: «Pasárnoslo bien y disfrutar», mientras se construye una visión compartida del futuro de la escuela.

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