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La baja rentabilidad ralentiza los nuevos proyectos de vivienda en Canarias

Las patronales avisan de que la falta de casas ha pasado de problema social a problema económico sin perspectivas de solución a corto y medio plazo

Trabajadores en un edificio en construcción.

Trabajadores en un edificio en construcción. / Andrés Gutiérrez

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Santa Cruz de Tenerife

El objetivo de cualquier empresa es vender o prestar servicios a través de los que pueda obtener un rendimiento económico para poder hacer frente a sus gastos y, además, obtener una rentabilidad suficiente para ser capaz de hacerse cargo de nuevos proyectos, invertir y crecer. Si ese rendimiento es muy limitado, la actividad empresarial se resiente. Y si ese escaso rendimiento se extiende a todo un sector, el problema se agrava. Esto es lo que está ocurriendo en el sector de la construcción, en el que la rentabilidad sobre recursos propios (ROE por sus siglas en inglés), –el ratio más usado por analistas e inversores para medir la rentabilidad de una empresa–, es cinco veces menor que la media europea. Un problema que está lastrando los proyectos para construir nuevas viviendas y que ha provocado un déficit habitacional que, según las patronales canarias, ya ha pasado de ser un problema social para convertirse en un quebradero de cabeza también para las empresas.

Así lo indica el informe Diagnóstico del Mercado de la Vivienda en Canarias, elaborado por CEOE-Tenerife, en el que se analiza la baja rentabilidad del sector de la construcción como uno de los factores que está ralentizando los nuevos proyectos de vivienda. Y aunque recoge que no se trata de un problema exclusivo de las empresas del Archipiélago, sino de toda España, la especial afectación de la crisis de la vivienda en las Islas lo pone todavía más de relevancia. De manera generalizada a nivel nacional, la rentabilidad de las empresas del sector de la construcción es del 3,1%, en países como Francia o Alemania alcanza el 16%. Por lo que, concluye, la falta de oferta en las Islas no se debe a un problema de demanda, sino a problemas de viabilidad y rentabilidad del sector, lo que acaba frenando la inversión y el lanzamiento de nuevas promociones.

El sector está también muy fragmentado, con grandes empresas que sí alcanzan los niveles de rentabilidad europeos, y pequeñas constructoras, que son mayoría, que apenas obtienen el 50% de esa rentabilidad. Y el informe también indica que el sector trabaja con unos niveles de endeudamiento muy por debajo del de sus homólogos europeos. Algo que obliga a financiar los proyectos con recursos propios, lo que supone una traba para su desarrollo.

Un escenario que no favorece que Canarias pueda salir de la situación habitacional en la que se encuentra, con un déficit de vivienda que alcanza las 37.600 unidades. ¿El motivo? En el Archipiélago se crean más familias que hogares en los que puedan residir. Una brecha que se agranda cada año que pasa, porque al déficit ya existente hay que añadirle el que se crea cada doce meses. Y como ejemplo los datos de 2025. Mientras se crearon 10.000 hogares en el Archipiélago, las viviendas iniciadas rondaron las. 4.000, por lo que se augura que la brecha crezca en otras 12.000 viviendas en los próximos dos años.

Una situación que el informe califica como «tormenta perfecta», porque ese incremento de la demanda y limitación de la oferta no conduce a otra cosa que a un crecimiento incesante de los precios, tanto para la compra como para el alquiler. Y se prevé que, al menos durante los dos próximos años, los precios seguirán creciendo alrededor de un 10% anual.

Todo esto se adereza en Canarias con una importante influencia de la demanda extranjera, un gran volumen de viviendas vacías (211.000) y otras 50.000 de uso turístico, que restan activos al mercado inmobiliario residencial y contribuyen a la subida de precios.

Ante este escenario, las patronales canarias están advirtiendo que la falta de vivienda es ya un «obstáculo real para el crecimiento económico y también para la creación de empleo y la cohesión social», tal y como indicó el presidente de CEOE-Tenerife, Pedro Alfonso.

La falta de alternativas inmobiliarias afecta a la posibilidad de encontrar nuevos trabajadores, no solo más allá de las fronteras de las Islas, sino incluso dentro de ellas, ya que la movilidad laboral se ve lastrada por la dificultad para encontrar una casa en una zona cercana a donde se encuentra el puesto de trabajo. Pero también el encarecimiento de las propiedades provoca que las subidas salariales queden totalmente diluidas por el incesante avance de los precios. Y, por consiguiente, muchas empresas se vean forzadas a pagar más si quieren reforzar sus plantillas, afectando esto a toda su escala de costes en una región donde la inmensa mayoría del tejido empresarial son pequeñas empresas. «Subimos salarios, pero no se nota porque no compensa el incremento de la vivienda», sostuvo el presidente de la Confederación Canaria de Empresarios (CCE), Pedro Ortega, quien añadió que la situación «genera insatisfacción y un clima que no se corresponde con la situación económica que vive Canarias».

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