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Jacob Lorenzo emociona a Canarias junto a su hijo disfrazado de hada en el Carnaval de Tenerife

El vídeo viral de Jacob Lorenzo y su hijo Matías en los Carnavales de Tenerife desata una ola de emoción en Canarias por su mensaje de libertad y diversidad infantil.

El vídeo viral en Canarias que celebra la libertad infantil en los Carnavales de Tenerife

La Provincia

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Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

En las últimas horas, el vídeo viral Canarias protagonizado por Jacob Lorenzo y su hijo Matías Carnaval Tenerife ha emocionado a miles de personas dentro y fuera del Archipiélago. Las imágenes muestran a un padre apoyando con orgullo el deseo de su hijo de lucir un disfraz de hada niño durante los Carnavales de Tenerife 2026, en un gesto cotidiano que hoy adquiere un profundo significado social.

Matías es un niño canario que espera con ilusión una de las celebraciones más emblemáticas del Archipiélago. Los Carnavales de Tenerife, conocidos por su explosión de creatividad, fantasía y libertad, representan para muchos menores un espacio donde jugar a ser lo que imaginan. En su caso, la elección ha sido clara: quiere convertirse en hada por un día. Alas, colores brillantes y magia. Y, frente a cualquier prejuicio, su padre ha decidido situarse exactamente donde debe estar: a su lado.

Jacob Lorenzo y Matías: vídeo viral del disfraz de hada en Tenerife

En el vídeo, Jacob Lorenzo aparece ayudándole con los preparativos del disfraz. No hay discursos grandilocuentes ni intención aparente de convertir el momento en una declaración pública. Hay algo más poderoso: normalidad. Esa actitud, aparentemente simple, es la que ha generado una ola de comentarios positivos. En tiempos en los que determinados mensajes conservadores vuelven a cuestionar la diversidad y los roles de género, la escena se ha interpretado como un recordatorio de que la educación en valores empieza en casa.

La ropa no tiene género. Tampoco la imaginación. Los disfraces forman parte del juego simbólico infantil, un espacio en el que los niños exploran personajes, emociones y mundos posibles. Psicólogos y pedagogos coinciden desde hace años en que permitir esta exploración sin imponer límites basados en estereotipos favorece el desarrollo emocional y la autoestima. En el caso de Matías, su sonrisa —amplia, luminosa, espontánea— habla por sí sola.

El gesto de Jacob ha sido aplaudido por numerosos usuarios que destacan su ejemplo de paternidad respetuosa. “Bravo, Jacob”, se repite en muchos comentarios. No por hacer algo extraordinario, sino precisamente por no convertirlo en un conflicto. Por no caer en lo que muchos definen como “masculinidad frágil”, ese temor a que cualquier expresión que se salga de los moldes tradicionales suponga una amenaza.

El debate no es nuevo, pero sí adquiere renovada relevancia. En los últimos meses, distintas voces públicas han cuestionado políticas educativas relacionadas con la diversidad afectivo-sexual y la igualdad. En ese escenario, pequeños actos cotidianos como el de esta familia canaria adquieren una dimensión social inesperada. No se trata de ideología, sino de respeto. De permitir que un niño viva su infancia con libertad.

Diversidad infantil y paternidad en el Carnaval de Tenerife

El Carnaval, además, es un contexto especialmente simbólico. Es la fiesta de la transgresión, del disfraz como herramienta para romper normas y explorar identidades. Históricamente ha sido un espacio donde las reglas se relajan y la creatividad se impone. Que un niño quiera ser hada encaja, de hecho, en la esencia misma de la celebración.

Más allá del impacto viral, la historia invita a una reflexión más profunda sobre el papel de las familias en la construcción de una sociedad inclusiva. Educar en valores no siempre implica grandes lecciones teóricas; a menudo se concreta en gestos cotidianos que transmiten aceptación y confianza. Cuando un menor siente que puede expresarse sin miedo al juicio, crece con mayor seguridad y empatía.

Matías se prepara ahora para su gran día entre alas y purpurina. Lo hará sabiendo que cuenta con el respaldo incondicional de su padre. Y eso, probablemente, es lo más importante de esta historia. La viralidad pasará, como ocurre con todo en internet. Pero el mensaje permanece: la libertad de ser uno mismo empieza en casa.

Porque, al final, la sonrisa de un niño feliz vale más que cualquier prejuicio.

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