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La Reina Sofía come papas arrugadas, queso herreño y aguacate de Mogán en el restaurante Ronqueo de Las Palmas de Gran Canaria

El menú servido en El Ronqueo tras su investidura como Doctora Honoris Causa por la ULPGC y la entrega del Premio Gorila de Loro Parque reivindica el producto local y la identidad gastronómica de Canarias

Papas arrugadas, queso herreño y aguacate de Mogán: esto es lo que comió la Reina Sofía en su visita a Las Palmas de Gran Canaria

María Alfonso Rodríguez

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Las Palmas de Gran Canaria

La visita de la Reina Doña Sofía a Las Palmas de Gran Canaria dejó una imagen que va más allá de la agenda protocolaria. Tras recibir, este viernes, el título de Doctora Honoris Causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y el Premio Gorila concedido por Loro Parque, este jueves, la jornada concluyó con un almuerzo institucional en el Restaurante El Ronqueo que convirtió la cocina canaria en parte del mensaje.

No hubo despliegues extraordinarios ni interrupciones del servicio habitual del establecimiento. El restaurante mantuvo su ritmo, su operativa y su clientela. Y precisamente en esa normalidad reside parte de la fuerza simbólica del encuentro: la gastronomía del archipiélago no necesitó escenografía añadida para ocupar un espacio institucional.

La propuesta diseñada por el chef ejecutivo Alex Santana y su equipo se planteó como una declaración silenciosa de identidad. Producto local, técnica precisa y coherencia en cada paso del menú. Sin artificios innecesarios. Sin protagonismos personales. El territorio como eje central.

En un momento en que el respaldo al sector primario, el consumo de proximidad y la sostenibilidad forman parte del debate público en Canarias, el almuerzo actuó como escaparate de esa realidad productiva. Cada plato remitía a la huerta, al mar o a la tradición ganadera insular. No como gesto decorativo, sino como apuesta estructural.

Producto local

El menú comenzó con un tomate RAF acompañado de aguacate de Mogán y aliño fresco de higos. Una elaboración en crudo que puso en primer plano la calidad de la materia prima. Sin cocciones complejas ni técnicas invasivas, el arranque fue una reivindicación de la frescura y del paisaje agrícola del sur grancanario. Cuando el producto es sólido, la sencillez se convierte en virtud.

A continuación llegaron las papas arrugadas con mojo rojo y mojo verde, uno de los iconos más reconocibles de la cocina canaria. Su presencia en la mesa institucional no fue anecdótica. Las papas arrugadas forman parte del imaginario colectivo del archipiélago y simbolizan tradición, transmisión generacional y vínculo con la tierra. Servirlas en este contexto equivale a situar la cultura popular dentro del relato oficial.

El recorrido continuó con queso ahumado herreño acompañado de confitura de tomate y vainilla. El protagonismo del producto lácteo subrayó el papel de las islas no capitalinas y del sector ganadero artesanal en la economía regional. La combinación respetó el carácter del queso, aportando matices sin diluir su identidad. Fue un gesto claro hacia el valor del trabajo primario y la diversidad insular.

La propuesta incorporó después una esfera de gambón rojo al ajillo, una interpretación contemporánea de un sabor profundamente arraigado. Aquí la técnica se puso al servicio de la tradición. La cocina canaria demostró que puede evolucionar y dialogar con códigos actuales sin perder su raíz. Innovación y memoria no se presentaron como opuestos, sino como aliados.

El plato principal fue un lenguado a la meunière ejecutado con rigor. Un clásico que exige precisión y respeto absoluto por el producto. En un territorio rodeado por el Atlántico, el pescado fresco es parte de la identidad cotidiana. La elección reforzó esa conexión con el mar, apostando por la sobriedad antes que por el espectáculo.

El cierre llegó con una tarta de chocolate de textura melosa acompañada de compota de calabaza. El guiño vegetal conectó con la tradición repostera canaria, donde la calabaza ocupa un lugar habitual. El postre equilibró intensidad y arraigo, cerrando un menú cohesionado que evitó rupturas innecesarias.

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