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REPORTAJE

Paula Echevarría, Daniel Grao y Michel Noher protagonizan ‘A la deriva’, el melodrama de época rodado en Agaete

Así es el rodaje en Agaete de A la deriva, la producción de Buendía Estudios Canarias para Atresmedia que combina melodrama, misterio y secretos del pasado.

Michel Noher y Paula Echevarría ruedan 'A la deriva', de Atresmedia, en Agaete

Michel Noher y Paula Echevarría ruedan 'A la deriva', de Atresmedia, en Agaete / La Provincia

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Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

El viento azota el rodaje en Agaete mientras el equipo de A la deriva serie trabaja entre redes y cajas de pescado en el puerto grancanario. En esta serie ambientada en Canarias, el mar no es un simple fondo, sino el eje del destino que marca a sus personajes. Durante toda la jornada acompaño al reparto, encabezado por Paula Echevarría serie, en este intenso melodrama años 70 que prepara Atresmedia para el Prime Time de Antena 3.

La serie, producida por Buendía Estudios Canarias y Boomerang TV, parte de un naufragio que marcó para siempre a un pequeño pueblo pesquero ficticio. Dos años después de dar por muertos a varios hombres del lugar, cinco de ellos regresan inesperadamente. La alegría inicial pronto deja paso a preguntas incómodas, heridas mal cerradas y secretos que el mar no logró borrar.

El día en que los muertos regresaron

En ese punto de partida se cruzan las vidas de Lucía, Héctor y Tristán, el triángulo central de la historia. Paula Echevarría encarna a una mujer que aprendió a sobrevivir en un limbo emocional y legal tras la desaparición de su marido. Daniel Grao da vida a ese esposo que vuelve cuando ya nada es como lo dejó. Y Michel Noher interpreta al amigo de la infancia que ocupó el vacío sin pretenderlo.

El periodista Adolfo Rodríguez como figurante de 'A la deriva'

El periodista Adolfo Rodríguez como figurante de 'A la deriva' / La Provincia

“Es un drama de los gordos”, resume Echevarría entre toma y toma, aún con el salitre pegado a la piel. La actriz describe una historia que habla de pérdidas, de mujeres obligadas a rehacerse y de una comunidad que convirtió el duelo en rutina. El regreso rompe ese equilibrio precario y obliga a todos a recolocarse.

Un triángulo atravesado por la culpa

Noher explica que su personaje regresa al pueblo movido por la lealtad hacia la familia de su mejor amigo. Se crió allí, aunque la vida lo llevó lejos, y vuelve cuando cree que ya no hay esperanza. En ese contexto nace una relación inesperada con Lucía, marcada por la culpa y el respeto al ausente. “Todo se complica cuando descubre que ella no es tan viuda como pensaba”, desliza el actor argentino.

Para Grao, el interés está en la ambigüedad. Héctor no retorna convertido en héroe luminoso. “Es un personaje oscuro, con mucha pelea interior”, afirma. Quiere recuperar su lugar, pero arrastra impulsos contradictorios que tensan cada escena. En el código del melodrama, reconoce, abrazar esa sombra resulta liberador.

Rodar donde el mar respira

La elección de Agaete no es casual. El puerto, las casas encaladas y la luz cambiante del norte grancanario aportan una textura difícil de replicar. Aunque buena parte del drama se ha rodado en plató en Madrid, donde tecnología de última generación reproduce el horizonte isleño en pantallas gigantes, la vuelta a la costa se siente casi física.

El periodista Adolfo Rodríguez entrevista a la actriz Paula Echevarría en Agaete

El periodista Adolfo Rodríguez entrevista a la actriz Paula Echevarría en Agaete / La Provincia

“Volver aquí ha sido como volver a coger aire”, confiesa Paula Echevarría. Tras semanas de interiores intensos, reencontrarse con el océano renueva la energía del equipo. Daniel Grao coincide: trabajar en un entorno real facilita la inmersión, incluso cuando el viento complica el sonido y obliga a repetir planos.

Un equipo que navega unido

Si algo repiten los tres protagonistas es la importancia del ambiente en el set. Empezar el rodaje en Canarias, conviviendo lejos de casa, consolidó una complicidad que después se trasladó al trabajo. “Nos hicimos muy piña”, recuerda Echevarría. Esa cohesión permite arriesgar en escenas emocionalmente extremas sin miedo a invadir al compañero.

Grao subraya el clima de respeto: ausencia de gritos, direcciones claras y una sensación de familia que se percibe en todos los departamentos. Muchos técnicos llevan años coincidiendo en proyectos de la productora, lo que genera una estructura engrasada. Para los actores, integrarse en esa dinámica resulta un privilegio.

El actor Daniel Grao concede una entrevista a Adolfo Rodríguez

El actor Daniel Grao concede una entrevista a Adolfo Rodríguez / La Provincia

El desgaste de llorar ocho horas

Porque si el paisaje es sereno, las tramas no lo son. Echevarría admite que ha habido jornadas de enorme exigencia. “Días de ocho horas llorando, gritando, asustada”, relata. Ese nivel de intensidad pasa factura energética, aunque el dolor sea prestado. La ficción obliga a atravesar emociones densas y sostenerlas durante semanas.

Grao, desde el otro lado del conflicto, observa con cierta ironía ese desgaste. Mientras algunos compañeros encadenan escenas de sufrimiento continuo, él disfruta explorando la deriva moral de Héctor. “Ser el villano es refrescante”, comenta. Incluso cuando su personaje también sufre, la progresión hacia la oscuridad tiene algo de juego interpretativo.

Aprender a hacer una gaza

Más allá de la tensión dramática, el rodaje ha dejado aprendizajes prácticos. Michel Noher muestra con orgullo la gaza —un nudo marinero— que aprendió bajo la supervisión del asesor náutico del equipo. Puede parecer un detalle menor, pero para él simboliza la esencia del oficio: cada proyecto suma una habilidad inesperada.

Ese entrenamiento no solo aporta veracidad a los gestos en cubierta. También ayuda a comprender la lógica de un barco, la jerarquía y el compañerismo que se genera en alta mar. En A la deriva, el océano no es fondo azul, sino detonante de todo lo que ocurre.

Canarias, memoria y descubrimiento

La experiencia en Gran Canaria ha dejado huella personal. Echevarría conocía el sur de la isla, pero el norte ha sido un descubrimiento. El puerto de Agaete le evoca recuerdos de su Asturias natal, una conexión íntima que se cuela en su mirada cuando la cámara rueda. “Este pueblo nos da paz”, comenta en un descanso.

Noher, por su parte, ha aprovechado para explorar otras islas y saborear la gastronomía local. Habla con entusiasmo de las papas arrugadas, del mojo y de pequeños restaurantes donde el café se convierte en ritual. Incluso el carnaval cercano al rodaje se coló en la experiencia, recordándole que cada territorio imprime carácter.

Rodaje de 'A la deriva' en Agaete

Rodaje de 'A la deriva' en Agaete / La Provincia

Entre la oscuridad y la comedia pendiente

En sus trayectorias recientes, tanto Grao como Noher han transitado por personajes complejos. El primero reconoce que, tras varios papeles intensos, no le importaría cambiar de registro y probar la comedia. El segundo alterna héroes nobles con figuras más turbias y no descarta volver a encarnar a un antagonista puro.

Ambos coinciden en que el criterio fundamental para aceptar un proyecto es el reto. Si el guion despierta vértigo y promete territorios desconocidos, merece la pena lanzarse. En ese sentido, A la deriva ofrece capas suficientes: melodrama clásico, misterio soterrado y conflictos morales que evolucionan capítulo a capítulo.

Un regreso que lo cambia todo

La serie se articula en torno a una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el duelo ya ha cicatrizado y el muerto llama a la puerta? Lucía ha reconstruido su vida; Tristán ha encontrado un lugar inesperado a su lado; Héctor reclama lo que considera suyo. Ninguno es el mismo que hace dos años.

Mientras cae la tarde en Agaete y el equipo recoge cables y aparejos, el figurante improvisado —marinero por un día— comprende que la fuerza de esta historia reside en esa tensión entre pasado y presente. El mar devuelve cuerpos, pero no garantiza finales felices. Y en ese oleaje emocional navegan Echevarría, Grao y Noher, sostenidos por un equipo que rema en la misma dirección.

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