CRÓNICA PARLAMENTARIA
Calamares en su tinta
El PSOE cayó en la cuenta en que igual su Señorito le admitía la mitad del ‘decreto Canarias’ a Clavijo y a Cristina Valido en el Congreso

José Alberto Díaz Estébanez, el consejero Pablo Rodríguez y el vicepresidente Manuel Domínguez, ayer. / ARTURO JIMÉNEZ
Empezaba el calor matinal pero el aire acondicionado preservaba a sus señorías mejor que el aceite de oliva a las sardinas. Los más viejos del lugar recordarán el fulgor de los debates sobre el aire acondicionado en los parlamentos. En el Congreso de los Diputados se prendió reducir el aire condicionado al mínimo, y el entonces presidente, José Bono, estuvo de acuerdo, pero exigió que sus señorías no se quitaran la corbata (por lo que se va sabiendo el señor Bono quizás había invertido por aquel entonces en alguna fábrica de toallitas húmedas de República Dominicana). En Canarias todos los grupos parlamentarios estuvieron de acuerdo, hace años, en reducir el aire acondicionado al mínimo, para luchar valientemente contra el cambio climático, pero la cosa se ha olvidado bastante. El ‘sincorbatismo’ ya no tiene nada que ver con la emergencia climática, sino con la informalidad de sus señorías. Algunos se empeñaban en oler sangre en el ambiente, pero se trataba, por supuesto, de una exageración. Los únicos que se pusieron las pinturas de guerra fueron los de Nueva Canarias, que ha optado por reducir el Gobierno autonómico a CC, Coalición a Fernando Clavijo y Clavijo al Mal. Los acontecimientos de la mañana vinieron a demostrar la situación de soledad de NC y que a Luis Campos, como orador, no le sienta nada bien cabrearse. Está tan sola y extraviada Nueva Canarias que don Luis citó en una de sus intervenciones a Vox y dijo, incluso, que estaba de acuerdo con los ultras al respecto. Desde su escaño Nicasio Galván, el portavoz voxista, sonrió como Chucky, el Muñeco Diabólico, pero con corbata, porque tanto Galván como Chucky saben que la crisis climática es un bulo de George Soros.
El asunto central del día consistía en la comunicación del gobierno de Clavijo sobre la propuesta de texto para el llamado ‘decreto Canarias’, que debe negociarse con el Gobierno central sin fecha determinada, aunque sin prisa pero sin pausa, según el presidente canario. La oposición había preparado litros de tinta de calamar para rehuir sus responsabilidades. Pero antes el pleno abrió boca con una ristra poco voluptuosa de preguntas al jefe del Ejecutivo, y para demostrar que venía fuerte, Campos acusó a Clavijo de ser el principal problema de la agricultura canaria. No el segundo ni el quinto: el primero. Esta aseveración retórica parte del supuesto de que el presidente tiene la responsabilidad última de toda la acción del Gobierno, por lo que Clavijo –como en sus momentos Torres, o Paulino Rivero, o Jerónimo Saavedra– sería el primer responsable del paro, las listas de espera quirúrgicas o el abandono escolar. Raúl Acosta se desahogó sobre las canalladas de Aena y su obsesión de ver a isleños, peninsulares y turistas como una gigantesca granja de pollos para freír y refreír a tasas. Galván insistió sobre el asunto de la inmigración, que no lo deja dormir ni en el escaño, y en el perverso efecto de la regularización de medio millón de extraños –porque el portavoz ultra parece conocer a cada español de bien desde El Ferrol (del Caudillo) hasta El Pinar– en la seguridad de las calles y plazas de las ocho islas. Con una paciencia benedictina, Clavijo le explicó por enésima vez que la comunidad canaria no tiene competencias en materia de fronteras. Como Galván no dejaba de interpelar a Clavijo desde su escaño, la presidenta de la Cámara, Astrid Pérez, le llamó la atención, lo que irritó muchísimo a su señoría, que dijo que otros diputados hablan desde sus escaños y Pérez nunca les dice nada y a él le monta la bulla, lo estigmatiza, mamá, mamá, que esa señora grande se mete conmigo. David Toledo se preguntó cuándo se agotará la paciencia de la patria canaria frente a la madrastra arbitraria.
Y Franquis volvió a repetir en su intervención esa deslumbrante ocurrencia, ahora sobre el marco presupuestario plurianual que pronto se debatirá y comenzará a aplicarse en 2028. La gran mayoría de los comisarios de la UE son de derechas, ¿por qué no le pide usted a Núñez Feijoo que se comprometa con los derechos canarios –especialmente el Posei– y llame a todos los comisarios de su cuerda? Esto de responsabilizar al líder del PP de lo que debería hacer el Gobierno español y de ignorar que la Comisión –como cualquier gobierno– es un órgano colegiado linda con lo prodigioso, por más que al final Franquis ponga su habitual cara de repostero al que se le ha desmoronado el suflé.
Nueva Canarias ha optado por reducir el Gobierno autonómico a Coalición; Coalición a Fernando Clavijo; y Clavijo al Mal
La comunicación del Gobierno. Es muy sencillo. El Ejecutivo dispone de una mayoría de 39 diputados. Si el ‘decreto Canarias’ fuera el decreto Clavijo podría optar por no preocuparse por las razones o sinrazones de la oposición. Como apuntó la portavoz del PP, Luz Reverón, bajo la comunicación del Gobierno no hay otra cosa que una posición política. Otra observación atinada: la de Casimiro Curbelo desmontando esa descalificación de «documento de máximos». «Por supuesto que es de máximos», admitió Curbelo, «malo sería abrir una negociación con un documento de mínimos». José Miguel Barragán, que hace tiempo se instaló entre el pragmatismo y la ironía, mostró su asombro por la negativa siquiera a negociar de los socialistas canarios. A Barragán le bastó con abrir un poco el frasco de una fragancia pegajosa: el miedo de los socialistas canarios a molestar a Pedro Sánchez entreverado con los nervios de quedar fuera de un proceso negociador. No le faltaba razón y el tono moderado de Franquis lo certificó. Campos en cambio siguió desatado. Su habitual camisa blanca parecía por primera vez una camisa de fuerza. Clavijo solo quería la confrontación con Madrid, Clavijo era Aladino y el bondadoso sanchismo la lámpara maravillosa. Son palabras realmente extrañas para un nacionalista, y alguna lengua afilada de la mayoría parlamentaria comentó que, sin duda, Luis Campos, en la próxima legislatura, será el mejor orador del grupo mixto. Le salió al rescate Vox con una intervención –y una propuesta de resolución– digna de un frenopático donde pedía que el Parlamento canario impidiera al Gobierno negociar nada, por el amor de Dios, con Pedro Sánchez y su cuadrilla de delincuentes. La Mesa debería afinar un poco más sus criterios técnicos y no permitir votar semejante bazofia política, intelectual y reglamentaria en un pleno. Por cierto, todo esto lo presidió Ana Oramas, porque la presidenta Astrid Pérez desapareció durante más de media hora. Finalmente –en realidad fue antes– el PSOE cayó en la cuenta en que igual su Señorito le admitía la mitad del ‘decreto Canarias’ a Clavijo y a Cristina Valido en el Congreso antes del verano. Y así se abstuvieron para evitar un ridículo retroactivo, aunque votaron la propuesta de NC para que el Gobierno retirase la comunicación. Una genialidad marca Chano Franquis.
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