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Canarias, en el podio nacional de número de suicidios

En el marco de una conferencia sobre conductas autolíticas que tuvo lugar ayer en Ingenio, el psicopedagogo Calixto Herrera y la psiquiatra Sabrina González, ponentes del acto, exponen las señales de alerta a las que prestar atención y la situación actual que atraviesa el Archipiélago

El año pasado, el Materno-Infantil terminó con 12 bajas sin cubrir de los 27 profesionales del servicio psiquiátrico.

El año pasado, el Materno-Infantil terminó con 12 bajas sin cubrir de los 27 profesionales del servicio psiquiátrico. / Jesús Hellín / Europa Press

Daniel Valle

Daniel Valle

Las Palmas de Gran Canaria

«Canarias ocupa el tercer lugar en el ranking nacional de mayor número de suicidios , por detrás de Asturias y Galicia». Esta es la esclarecedora afirmación con la que el psicopedagogo de la Dirección General de Protección a la Infancia, Calixto Herrera, explica la situación actual que atraviesa el Archipiélago.

Este miércoles tuvo lugar en el Teatro Federico García Lorca de la Villa de Ingenio, en Gran Canaria, la conferencia Tod@s contamos: prevención de la conducta suicida, en la que Herrera estuvo acompañado de la psiquiatra del Hospital Materno-Infantil de Gran Canaria, Sabrina González. Ambos profesionales fueron los ponentes de un acto que «trató de generar conciencia en el tema del suicidio», en palabras del psicopedagogo, y generó un espacio de debate en el que se expusieron cuestiones como las principales señales de alerta a las que prestar atención y la situación concreta de Canarias en esta materia.

Abordar el tema del suicidio es una tarea complicada por todo lo que engloba. En palabras de la doctora González, «esto ocurre debido a que la salud mental es un constructo complejo en el que hay que tener en cuenta la perspectiva biológica, psicológica y social en conjunto». En el caso concreto de Canarias, la preocupante posición que ocupa en el ranking, según el psicopedagogo Herrera, está condicionada por «la biografía de la persona», es decir, «su contexto económico, sanitario y social»: «En las Islas tenemos unos indicadores preocupantes de pobreza y precarización de la vida que afectan a la base de la conducta de la persona».

Aumento de casos

Se trata, además, de una tendencia al alza. González explica que «desde 2020 en adelante se ha multiplicado por tres la demanda, pero no la oferta de recursos». Sólo en menores de edad, según la psiquiatra, ven, al año, «unos 1500 pacientes nuevos y entre 4000 y 5000 en seguimiento». Este crecimiento, sin embargo, se gestiona con medios reducidos: «El año pasado terminamos con 12 bajas sin cubrir de 27 profesionales que debíamos ser: cerca de un 50% menos de efectivos en el servicio».

Calixto Herrera relaciona este aumento «al mundo que está emergiendo en este siglo XXI», en el que destacan factores como «la deshumanización, los procesos de darwinismo social, la hiperaceleración de los ritmos vitales y la precarización de todos los aspectos de la vida». Esto ha derivado en que la sociedad actual sea cada vez más individualista e interactúe menos: «En el contexto global en el que nos encontramos, las personas ya no conviven. Nos hemos convertido en muchedumbres flotantes», comenta el ponente.

Estos cambios en la forma de relacionarse derivan en dos de los ingredientes más favorables para generar una conducta suicida: la soledad y la desconexión. «Cuando estos factores entran en contacto con el dolor, el sufrimiento y la desesperanza, es cuando se activan las ideas relacionadas con la muerte. Cuando la solución que se encuentra en esta situación límite es intentar quitarme la vida», asevera el psicopedagogo.

«En Canarias tenemos unos indicadores de pobreza que afectan a la conducta suicida»

La detección temprana es un factor clave a la hora de prevenir un caso de suicidio que se acentúa cuando nos referimos a niños y adolescentes. En palabras de Sabrina González , esto es «porque el tiempo no vuelve para atrás» y este perfil poblacional se encuentra en una etapa «de desarrollo y maduración»: «En el caso de un adulto, ya tiene su vida establecida y sus funciones cognitivas desarrolladas», pero en el caso de los jóvenes, «si pierdes un curso escolar supone una penalización y ya no puede relacionarse con sus compañeros de la misma manera».

Los signos de alerta son múltiples e implican como factor fundamental, según Herrera, «estar sensibilizado con la persona»: «Alguien que llega a tener una conducta suicida suele enviar mensajes, tanto verbales como con cambios conductuales». Sin embargo, para el psicopedagogo existe un problema principal en la sociedad que impide detectarlos: los mitos. Herrera expone que «existe la concepción generalizada de que ‘el que lo dice no lo hace’ y que simplemente verbaliza la idea para intentar manipular el entorno». Debido a esto, se pierde una «ventana de oportunidad importantísima para estar ante el dolor de la persona».

Ambos ponentes valoran la importancia de conferencias como la que se desarrolló en la tarde de ayer en Ingenio, impulsada por el colectivo Marikas Rurales. Herrera destaca que se planteó como un «espacio para generar conciencia», que contó con el testimonio de un superviviente a un intento de suicidio que contestó, además, preguntas por parte de la audiencia. Sabrina González, por su parte, pone el foco en el análisis que se realizó de «los múltiples factores que hay detrás de la conducta suicida, que es sólo la punta del iceberg».

El psicopedagogo pone en valor la necesidad de seguir hablando del suicidio: «Tras el covid hubo alarmismo respecto a las cifras, y ahora estamos corriendo el peligro de que el péndulo vaya hacia el silenciamiento», sentencia. En la salud mental, prestar atención a lo que se intenta transmitir puede traducirse en salvar una vida.

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