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La obra nueva se contiene en Canarias a pesar de la crisis de vivienda

Los visados registrados en 2025 apenas superan el millar cuando son necesarias 9.000 casas para los nuevos hogares

Trabajadores de una construcción en la capital grancanaria.

Trabajadores de una construcción en la capital grancanaria. / Andrés Cruz

Santa Cruz de Tenerife

La obra nueva no termina de despegar en Canarias. A pesar de la crisis de vivienda que azota el Archipiélago, con una demanda en continuo ascenso y unos precios que prosiguen su escalada, la construcción de nuevas edificaciones no acompaña a esta fiebre inmobiliaria. En todo el año pasado se visaron en las Islas un total de 1.347 obras nuevas. Un visado es un proyecto de nueva edificación que certifica que se cumple con todos los requisitos formales para arrancar los trabajos. Son, por tanto, condición sine qua non para comenzar a construir. El número es casi exacto al del año pasado, a pesar de los continuos avisos de que Canarias necesita más vivienda en el mercado para destensionar una situación que para muchos ciudadanos se ha vuelto ya insostenible.

De hecho, el número de visados de obra nueva en las Islas es inferior al del año pasado. En concreto, se formalizaron nueve menos que en todo 2024. Y esto, a pesar de los esfuerzos por parte de la administración central y regional, para tratar de agilizar los trámites y acelerar el momento en el que las máquinas puedan empezar a funcionar. Pero, a la vista está, que estos esfuerzos no están resultando. El número de edificaciones que se comienzan a construir en las Islas se encuentra muy alejado de las que serían necesarias para cubrir la demanda de las nuevas familias que se crean en el Archipiélago. Aunque todavía no existen datos para 2025, solo en 2024 se crearon más de 8.900 hogares. Ese mismo año apenas se finalizaron 720 viviendas, de acuerdo con los datos del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Existe, por tanto, una brecha entre las viviendas que sería necesario construir y las que finalmente se construyen. Un déficit sostenido en el tiempo que provoca que cada año que pasa se agrande más y más.

Pero, ¿por qué no se está construyendo al ritmo que se debería a pesar de los esfuerzos que parecen hacer las administraciones y de la voluntad del sector de la construcción? Sencillamente, porque no sale rentable. O, al menos, tan rentable como cabría esperar. Lo que ahuyenta las inversiones hacia otros sectores.

Rentabilidad

Así lo han recalcado en numerosas ocasiones las patronales del sector en el Archipiélago. María Salud Gil, presidenta de la Asociación de Constructores de la provincia de Las Palmas, insiste en que a pesar de que la administración ha dado pasos necesarios para poner más suelo a disposición, acelerar la tramitación de las licencias y favorecer la actividad, lo cierto es que no es suficiente. «El problema real es que en este momento no es rentable promover viviendas», indica. Pero, ¿por qué no lo es? Por un lado, por una importante subida de los costes de materiales y de materia prima. Ascensos que en algunos casos alcanzan el 300% en relación a lo que costaban antes de la pandemia. Y por otro, Gil señala a la «multiregulación» que hay sobre la promoción inmobiliaria, que asegura «tiene un impacto económico considerable sobre el precio de la vivienda».

Por tanto, se podría llegar a favorecer la promoción de nuevas construcciones, pero al precio que se tendrían que vender para que fueran rentables ya no podrían considerarse viviendas asequibles. «No podemos promover y construir al precio que la demanda puede comprar, ese es el verdadero problema», sentencia.

Aumento nacional

A nivel nacional sí que se ha registrado un incremento del número de visados de obra. Se presentaron casi 140.000, un 8,8% que un año atrás. Este documento es esencial para el arranque de nuevas obras, ya que sin él no pueden empezar los trabajos. Lo que los convierte en un excelente termómetro para medir la temperatura del mercado inmobiliario. Porque sin visados no hay obras y sin ellas no habrá dentro de unos años –dependiendo del tiempo que se tarde en levantar la edificación– viviendas que puedan convertirse en nuevos hogares.

Y para comprobarlo, basta con echar la vista atrás, en 2006, en pleno auge de la burbuja inmobiliaria, se visaron en el Archipiélago 10.644 obras nuevas. Veinte años después, el número se ha reducido en un abrumador 87%. Y lo peor es que parece que no resultará fácil tener a las hormigoneras trabajando a pleno rendimiento en el futuro.

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