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El Teide recupera fuerzas: las entrañas de Tenerife vibran con más de un centenar de pulsos sísmicos

El IGN detecta vibraciones en las profundidades de la isla de Tenerife que no llegan a catalogarse como enjambre

El Teide.

El Teide.

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

El Teide ha recuperado fuerzas. Tras cinco días en silencio y tras detectar una docena de terremotos, las entrañas de Tenerife han empezado a vibrar de nuevo con un centenar de pulsos sísmicos. Unas vibraciones tan débiles y pequeñas que son apenas perceptibles y que, en ningún caso, modifican las previsiones de erupción a corto o medio plazo en la isla.

Estos movimientos, que el Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha asemejado en otras ocasiones a las "vibraciones" que se pueden producir en una cavidad, empezaron sobre las 23:30 horas del miércoles 4 de marzo y aún no ha terminado.

Terremotos localizados durante los últimos tres días en el entorno de Las Cañadas.

Terremotos localizados durante los últimos tres días en el entorno de Las Cañadas. / IGN

Estos ecos son una característica común de la actividad sismovolcánica del Teide, pero el 10 de febrero los científicos advirtieron que estaban detectando que esta misma señal duraba mucho más que en otras ocasiones. Después de tres días registrando esta actividad anómala, el Teide empezó a registrar una serie de enjambres que terminó el pasado 26 de febrero, pocas horas después de producirse un terremoto de importante magnitud en la zona del volcán de Enmedio.

¿Cómo ha sido la actividad?

La actividad sísmica está caracterizada por eventos de baja frecuencia en Las Cañadas en forma de pulsos y también decenas de eventos híbridos intercalados con estos.

Gracias a los sistemas de detección automática utilizados por el IGN, se han detectado alrededor de un centenar de eventos que, sin embargo, no se considera enjambre, porque pese a ser eventos repetitivos, "no son iguales". Como insisten desde el Geográfico, los eventos que se están registrando no tienen características comunes para poder asociarlos a una misma "familia".

De los 114 eventos registrados hasta el momento –los datos son provisionales y podrían cambiar–, en se han podido localizar tan solo 26, dadas sus características. Las magnitudes de estos pequeños terremotos oscilan entre los 0,9 y 1,6 mbLg, lo que supone un ligero aumento con respecto a los últimos registrados.

Como ya viene siendo común, estos eventos están localizados en la zona oeste de Las Cañadas y entre 7 y 15 kilómetros por debajo del nivel del mar.

No hay erupción a corto plazo

Este tipo de actividad que consiste en la aparición estas vibraciones y eventos híbridos no aumenta el peligro de erupción a corto o medio plazo en la isla de Tenerife. A día de hoy ninguna de las señales registradas por el IGN en las últimas semanas en esta zona, ha sido sentida por la población de la isla. Como explicó Itahiza Domínguez, director del IGN, se trata de "una actividad común en otros volcanes activos del mundo". "En volcanes de América del Sur, es muy habitual que tengan este tipo de señales más o menos continuas y pueden estar así años hasta que finalmente tienen una erupción", sentenció.

Sin embargo, a diferencia de estos enclaves, Tenerife es una isla más tranquila. "Tenerife está volcánicamente activa pero con un periodo de recurrencia muy alto, de entre 100 y 200 años", destacó el científico, que recordó que otros volcanes entran en erupción una vez cada dos años. Además, debido al corto periodo en el que ha habido instrumentación en Tenerife, no es posible saber si este tipo de movimientos se ha producido en otras ocasiones.

Más de 100 estaciones de vigilancia

El IGN, como entidad responsable de la vigilancia volcánica en España, tiene desplegada una red de más de 100 estaciones, equipos y puntos de muestreo fijos en la isla para monitorizar y evaluar con la tecnología actual todos los parámetros posibles y de esta forma, realizar un seguimiento exhaustivo en tiempo real de cualquier cambio, alteración o anomalía en sismicidad, deformaciones y geoquímica que pudiera indicar una evolución en el peligro a corto, medio y largo plazo de una erupción volcánica.

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