Sector primario
El éxito de los ‘agroinfluencers’ canarios: "La gente tiene que saber qué hay detrás de lo que se come"
Jóvenes agricultores y ganaderos del Archipiélago utilizan Intagram, TikTok y Facebook para mostrar todo el trabajo que hay detrás del sector primario

Jorge San Gil, con sus cabras palmeras en la Granja EL GUISIO. / Abian San Gil
Explicar las variedades de lechuga, aprender a diferenciar un calabacín de un bubango, hacer un listado de lo que comen las cabras palmeras o enseñar el proceso de apareamiento de la raza caprina majorera. El contenido de los agroinfluencers canarios está de moda. Cada vez son más los jóvenes isleños que combinan su pasión por el campo canario con las redes sociales y la divulgación de una profesión lastrada por la falta de relevo generacional. Acumulan miles de seguidores en sus perfiles de Instagram, Facebook y Tiktok y lo aprovechan sus vídeos para vender sus productos, pero también para dar visibilidad de todo el trabajo que hay detrás del sector primario.
Al contrario que los influencer de otros sectores, los agricultores y ganaderos no buscan hacerse famosos. Disfrutan de la vida en el campo y quieren mostrarlo al mundo, y de paso, lograr que la gente valore todo lo que hay detrás y pague –con gusto– los productos del comercio local a un precio que permita a los productores isleños sacar rentabilidad. «Quiero que la gente sea consciente de lo que hay detrás de lo que se come», explica el ganadero majorero Rayco Ramos.

Rayco Ramos con uno de sus baifos. / LP/DLP
El joven de 35 años empezó en 2019 con su Quesería Caprarius, en Pájara, y las redes sociales le han permitido posicionar su producto a pesar de la voraz competencia. Ahora narra en vídeos cortos sus tareas del día a día, defiende al sector ante las injusticias y explica todo el proceso de producción. Su timidez no le impidió ponerse delante de la cámara y ahora mira al futuro con ganas de conseguir muchos más objetivos. «Queremos hacer proyectos vinculados al turismo, talleres y estamos trabajando en aumentar nuestros productos», explica.
«Muchas horas»
Reconoce que para vivir de esto hay que «echarle muchísimas horas» y asegura que la naturalidad es la clave del éxito. «Por ahora gestiono yo mis redes, pero mi idea es contar con alguien que me ayude a corto plazo», explica. Suma 10.000 seguidores entre Instagram y Facebook y defiende que el objetivo de exponerse tanto es lograr que la gente entienda que cuando compra sus productos también compra «tradición, lugar, raza, cultura y denominación de origen». No busca hacerse rico, pero sueña con ver crecer su comunidad y llegar cada día a más gente.
Con esa misma idea empezó Sergio Rodríguez, más conocido como Nito, hace ya doce años. Se crió en Tenerife viendo como su familia perdía dinero por culpa de los intermediarios y diseñó un modelo de negocio enfocado a la venta directa al consumidor, lo que le permite apostar y defender los productos canarios y de kilómetro cero. Su espontaneidad, naturalidad y generosidad han generado una comunidad de casi 500.000 seguidores en sus redes sociales y lo han empujado a ganar dos Premios AgroInfluye.

Sergio Rodríguez «Nito» probando los productos que planta. / LP/DLP
La redes sociales han permitido que la empresa de Nito crezca muy rápido logrando pasar en el último año de una plantilla de diez trabajadores a una de 45. Utiliza los vídeos como escaparate de sus productos pero también para que los que están detrás de la pantalla aprendan sobre el sector. Da consejos, comparte trucos y enseña de manera práctica técnicas de trabajo en el campo canario. «Yo quería que la gente viera de dónde salen las cosas y sepa que cultiva no es botar la semilla y recoger, sino que hay un trabajo detrás bastante duro y arriesgado porque el éxito depende de muchos factores», explica Nito sobre sus inicios.
"Mala fama"
Le apasiona el campo y quiere acabar con la «mala fama» que tiene el trabajo del sector primario por ello ha empezado un proyecto educativo basado en talleres con niños en sus fincas para que los más jóvenes aprendan sobre la agricultura y el valor del producto local.
El camino que ha recorrido Nito sirve de ejemplo para otros agroinfluencer que está empezando a andar. Benjamín Farrais, de 29 años, siempre se ha sentido ligado al campo canario. Tras probar en otros sectores, decidió alquilar una finca y empezar a plantar distintos cultivos. A pesar de la vergüenza se lanzó el año pasado a explicar sus tareas en redes sociales tras trabajar mucho tiempo en su desarrollo personal. El éxito que han tenido los vídeos les han permitido plantearse objetivos a medios plazo. «La gente me pregunta que donde puede comprar mis productos y yo por el momento vendo a mayoristas, pero me planteo poder abrir una infraestructura, un punto físico de venta», afirma.

Benjamín Farrais, con una calabaza en los brazos cultivada en su finca de Tenerife. / LP/DLP
Su objetivo principal es sensibilizar a la gente sobre la importancia de la alimentación saludable y la apuesta por la producción local. «Me daba vergüenza empezar con los vídeos pero después pensé que cultivo salud y eso debe saberlo la gente», explica sobre sus inicios. ¿Y en el futuro? No descarta crecer en redes sociales y sacarles rentabilidad siempre que sea para hacer el bien. «Lo que tengo claro es que haga lo que haga tiene que ser respetando mis valores», apunta.
Con la misma energía enfoca su proyecto Jorge San Gil, que con solo 21 años ya cuenta con una empresa propia, la Granja El Guisio en Breña Alta (La Palma). Un a ganadería con 130 cabras palmeras que incluye la creación y venta de queso artesanal. Con la pandemia descubrió que lo que le hacía feliz era pasar horas en la finca y se formó en Pamplona para arrancar un proyecto sólido en La Palma.
Ventana de venta
Ahora las redes sociales le sirven de ventana de venta, pero también las utiliza para contar la realidad que hay detrás del sector lo que le sirve para educar al público sobre el valor de los productos locales. «Si no están en redes sociales hoy en día no existes», afirma el joven.
Reconoce que no publica todo lo que debería porque no le da la vida. «Tengo que darle más caña porque es verdad que siempre que publico noto un pico de interés», asegura. Por ahora las ganancias son limitadas y solo le dan para cubrir gastos. «Es un sector muy duro, no me da ni para tener un buen suelto», asegura. San Gil planea ampliar su negocio y hacerse con una explotación propia pero encontrar una finca se ha convertido en una misión imposible. «Solo me encuentro con impedimentos», lamenta.
Todos los agroinfluencers canarios confían en que su contenido en redes sirva para animar a nuevas generaciones a dedicarse al campo y así unir tradición y modernidad. Son conscientes de que la falta de relevo generacional es uno de los principales problemas del sector y quieren ponerle remedio. «En las nuevas generaciones veo mucho interés por el campo, pero aún hay mucho por hacer para que lo vean como una opción de futuro», afirma Farrais.
El salto a las redes sociales no ha sido un camino de rosas. Todos coinciden en que para enfrentarse a las críticas y exponerse delante de miles de personas hay que estar preparado mentalmente. Algunos han tenido que recurrir a ayuda psicológica para poder seguir adelante. Eso sí, los haters son minoría. La mayoría de los comentarios alientan a estos jóvenes a continuar subiendo contenido.
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