Cartas para recordar a Petra
Petra Cruz, mujer, pobre y víctima
Unas cartas abren una nueva rendija sobre parte de la historia del crimen de Teseguite del que Petra Cruz Bello fue acusada de manera injusta en 1919: sus hijos jamás se olvidaron de ella

Una de las cartas de los hijos de Petra. / Carolina Mederos
En 1919 aparece degollada, en su casa de Teseguite (Lanzarote), la ventera María Cruz. Por este crimen culpan a su hermana Petra, que pierde la razón, y muere en el manicomio de Tafira. Años después, los hijos de Petra, que todos creían en Argentina, envían desde Gran Canaria una carta a su tía Hermenegilda Cruz Bello
«Tía, somos los hijos de una hermana, que hoy ya se pudre en la tierra, y esa hermana era Petra, que por desgracia y por otros criminales que tuvieron la culpa, la pobre murió hasta sin tino».
La carta fue enviada por los hijos de Petra Cruz Bello desde San Lorenzo en Gran Canaria, el 7 de julio de 1936. Gracias a la ayuda de un primo que vivía en Lanzarote localizan a su tía Hermenegilda, que años antes había decidido, igual que otros lanzaroteños, emigrar en busca de trabajo hasta la entonces rica Argentina. Y hasta allí llega ese sobre conteniendo dos hojas escritas con letra ancha, una caligrafía redondeada, en la que sus sobrinos: Nazareno y María de la Luz Falcón Cruz, desean que se encuentre bien y en la que solo buscan que alguien comparta su pena.
El hijo de Petra, Nazareno, que es quien escribe la carta, le cuenta que llevaba «meses o años» tratando de localizar su dirección. Y después escribe, «si tenemos respuesta de usted, les enviaríamos una foto mía y de mi hermana, para que nos conozca».
Al final de la carta, Nazareno le manda bendiciones a su tía, de parte de él y de su hermana, y una vez más insiste en recordarle que ellos son los hijos de la difunta Petra Cruz Bello. Para que quede constancia de que jamás se habían olvidado de ella. La carta se escribió en 1936, al comienzo de la Guerra Civil española. Y esa misiva, amarillenta, con palabras que a veces resultan difíciles de entender, logró resistir el paso del tiempo y la distancia, y de manera casi milagrosa regresó hasta Teguise, el municipio en el que vivió y residió hasta su traslado al manicomio de Tafira, la víctima de este gran drama, Petra Cruz Bello.
Los descendientes de una hermana de Petra guardaban esa correspondencia y hace unos años mostraron la carta al cronista Francisco Hernández Delgado
Fueron los descendientes de Hermenegilda Cruz, los que guardaban esa correspondencia como un pequeño tesoro. Y hace apenas unos siete años, en un viaje que hicieron hasta la Villa, mostraron esas reliquias al cronista oficial de Teguise, Francisco Hernández Delgado. Llegaron en busca de respuestas, querían saber a qué se refería aquel hijo de Petra cuando decía que unos malvados habían sido los culpables de la muerte de su madre.

Vieja cerradura de la casa donde sucedió el crimen de María Cruz en Teseguite. / Carolina Mederos
Francisco Hernández Delgado les mostró las evidencias, los recortes de prensa, y todo lo que se había publicado sobre esa parte oscura que siempre rodeó a su familia, y es que, a pesar de los años transcurridos, el llamado crimen de las hermanas Cruz continúa siendo uno de los capítulos más recordados de la historia negra de Lanzarote.
Una mujer adelantada a su tiempo
Los descendientes de Hermenegilda Cruz dejaron que el cronista hiciera copias de las cartas, pero se volvieron a llevar los originales. No podían desprenderse de esas joyas que han guardado como oro en paño durante tantos años. También le dejaron una foto de Hermenegilda, aquella mujer de sonrisa fácil, pero que siempre mantuvo un fondo de tristeza. Esa mujer que no quiso contar la tragedia, el horror de un crimen que ha marcado para siempre a los hermanos Cruz Bello.
Los familiares argentinos de Petra pudieron saber todo lo que sufrió esa mujer morena, pobre, pero que aprendió a leer y a escribir. Y que, en aquellos años, comienzos del siglo XX, fue capaz de rebelarse, contra su marido, del que se separó y contra los hombres sumisos que hacían lo que aquellos caciques que controlaban la isla ordenaban para mantener su poder. Petra Cruz les recriminaba que votaran lo que el patrón quería, y esa rebeldía la llevó a convertirse en la culpable perfecta, de un crimen que ella no había cometido. Y, además, que jamás confesó, a pesar de los golpes, y el maltrato que sufrió en la cárcel de Arrecife, hasta que perdió la razón y la trasladaron a Gran Canaria.
Solo cuando a Lanzarote llega la noticia de la muerte de Petra en el manicomio de Tafira, aquellos lanzaroteños sumisos y con miedo, levantan la voz y salen a la calle a reclamar justicia.
«Somos los hijos de una hermana, que hoy ya se pudre en la tierra, y esa hermana era Petra»
Para Petra fue demasiado tarde. Se logra que se reabra el caso y que dos de los culpables, Marcos Concepción y Tomás Valiente, sean detenidos. El tercero de los acusados Luis Hernández, el del Mojón, hacía tiempo que se había marchado a América.
El poder de los caciques de esa época llega tan lejos que logra que los dos detenidos, Marcos Concepción, y Tomás Valiente, queden en libertad al recibir un indulto particular de Primo de Rivera.
Jamás se olvidaron de su madre
Las cartas de los hijos de Petra abren una nueva rendija, un punto de luz sobre la historia del crimen de Teseguite, y lo que entonces se sabía del destino final de sus dos hijos. Unos niños pequeños que el padre decide llevarlos lejos, lejos de su madre, lejos de aquella mujer distinta, rebelde, que decidió separarse de su marido, y perder a sus hijos. Lo normal en aquellos años, las mujeres no tenían derechos.
Detrás de la curiosidad de aquellos descendientes argentinos de Hermenegilda Cruz se descubre que los hijos de Petra, aquellos que su marido se había llevado con él, y que todos contaron que se habían marchado hasta la lejana Argentina, en realidad, siempre estuvieron más cerca, tan cerca como en la isla de Gran Canaria. En esta carta, hasta ahora inédita, los hijos de Petra solo buscaban darse a conocer, decirle a su tía, que ellos existían, que ellos sabían lo que le había ocurrido a su madre, que ellos eran los hijos de aquella hermana muerta, de aquella mujer que murió loca en el manicomio de Tafira en Gran Canaria, loca por los abusos que sufrió, loca y sin tino, por haber sido acusada de un crimen que ella no había cometido.
Por las palabras, y el interés que muestran en dar con el paradero de su tía, se percibe que los hijos de Petra jamás la olvidaron. A pesar de los intentos de su padre de alejarlos de ella.
Las pesquisas de un policía local
El bisnieto de unos de los detenidos por el crimen de María Cruz, al que todos conocían como Paco, el guardia de Teseguite, logró rescatar la sentencia de este suceso
Francisco Cabrera Robayna, al que todos conocían en Teguise como Paco, el guardia, murió en mayo de 2019, justo 100 años después de haberse cometido el asesinato de María Cruz en Teseguite.
Paco, el guardia, fue una de las personas que más tiempo dedicó a buscar datos sobre el crimen más negro que se recuerda en la isla. Bisnieto de Tomás Robayna Alpuin, el que fuera alcalde pedáneo de Teseguite, y uno de los primeros acusados junto a Petra Cruz y a Flora Barreto de haber matado a María Cruz, dedicó media vida en tratar de aclarar este caso y sobre todo en dejar bien claro que su bisabuelo no tuvo nada que ver con este horrible asesinato. El bisnieto de Tomás Robayna guardaba la sentencia sobre este caso, que se dictó en Arrecife, el 9 de mayo de 1924, así como la revisión posterior que realizó el Tribunal y en la que se exculpaba a los primeros detenidos, entre ellos a su bisabuelo de haber tenido nada que ver con este crimen.
La implicación en la muerte de María Cruz de Marcos Concepción, Tomás Valiente y Luis Hernández fue un hecho probado. En 1927, el juez Pedro de Benito y Blasco reabre el sumario y ordena la detención de dos de ellos, el tercero, Luis Hernández permanecía en Argentina. Los detenidos no dudaron en contar lo sucedido, tal y como aparece en la sentencia que guardaba Paco Cabrera y que también reprodujo en su día la revista Interviú. En la Isla se creyó entonces que serían juzgados por el asesinato de María Cruz, pero el 14 de abril de 1928 llega un indulto particular del Gobierno de Primo de Rivera para los inculpados, y quedan en libertad. Mientras Tomás Valiente optó por mantener una vida tranquila y alejada de casi todos, Marcos nunca ocultó su vinculación con este caso.
De Luis Hernández se supo que escribió algunas cartas a su madre contando lo que realmente había ocurrido.
Y la casa donde mataron a María Cruz pasó muchos años deshabitada, nadie se atrevía a quedarse en ella. Hace unos meses un particular compró a los herederos esta vivienda y ya hoy con el comienzo de las obras parece que el lugar empieza a dejar atrás su mala fama

Petra Cruz, mujer, pobre y víctima / Javier Eloy
El crimen (mayo de 1919)
Un zumbido incesante de moscas muestra el camino hacia el gran festín: sobre la mesa, tres platos con restos de arroz y cabezas de pichón y un reguero de vino tinto que mancha el suelo, las sillas y el armario donde se guardan los cubiertos y los manteles calados para los días de fiesta. La luz del mediodía entra a bocanadas por una de las ventanas, una luz hiriente, curiosa. Envuelta en el polvo denso que flota por la casa, ilumina el interior: a unos metros de la cocina, sobre el suelo de baldosas color tierra, el cuerpo desparramado de María Cruz. Está cubierto de sangre, con el pelo negro alborotado, sucio. Algunos mechones siguen pegados a la cara. Los ojos abiertos y quietos miran al techo. Como si buscaran alguna salida. Tal vez sólo se trata del gesto que queda cuando se muere de aquella forma. En el cuello tiene varios cortes. Uno profundo y largo. Casi como un collar. Alguien la rajó y su sangre salió a borbotones. Como una fuente rota, el líquido pardusco lo inundó todo. El rastro de su sangre puede seguirse con facilidad desde el postigo de la puerta hasta el suelo. El denso goteo terminó por formar un pequeño charco, justo en la entrada. El viento lo ha cubierto de hojas secas y de tierra. Los guardias dicen que la cortaron como a un cerdo. Solo les faltó abrirla en canal. Fue una muerte lenta y dolorosa. El cuchillo no estaba muy afilado y tuvieron que emplearse a fondo para poder acabar el trabajo. Tuvo que chillar fuerte, hasta que ya no le quedó más sangre. Seguramente alguien hizo que María sacara la cabeza por el ventanuco de la puerta, y aprovechó para sujetarla por el pelo y cortarle el cuello. No una, sino varias veces. Después como a un fardo empujó o empujaron su cuerpo, que cayó al suelo. Desparramado sobre las baldosas de color tierra.
Por este crimen culparon a Petra, la hermana pobre, la hermana que había decidido separarse de su marido, la hermana que sabía leer y escribir. Y la que, a pesar de los golpes, y de los abusos, jamás confesó que había matado a su hermana, porque ella no lo hizo. Y todos lo sabían.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Aemet avisa de un cambio brusco del tiempo en Canarias a partir de hoy: previsión en cada isla
- Detenido un hombre por matar en Maspalomas a un turista al que conoció en una app de citas
- Hacienda lo confirma: estas son las deducciones exclusivas para Canarias que puedes aplicar en la Declaración de la Renta
- La siguiente parada del tren de Gran Canaria: expropiar suelo y conseguir 2.000 millones de euros para iniciar la obra
- El nuevo centro para personas sin hogar de la Fábrica de Hielo se retrasa otro mes
- El burdel de la realeza tiene precio en Vegueta: a la venta una de las casas con más leyendas
- Los aficionados de la UD Las Palmas, dispuestos a pagar «lo que sea» por una entrada para La Rosaleda
- “El llanto que nos devolvió la vida”: El estremecedor momento en que un enfermero salva a un recién nacido que no respiraba en Canarias