REPORTAJE
De estar detrás a liderar el foco: Mujeres D, la banda femenina de Telde
Una veintena de mujeres de entre 16 y 58 años, acompañadas por nueve músicos, han impulsado en Telde un proyecto coral y escénico nacido de la amistad, la conciliación y las ganas de ocupar, por fin, el primer plano de la música.

Mujeres D, la banda femenina de Telde / La Provincia
En Telde hay un grupo musical en Telde formado por mujeres que decidió dejar de ser espectadora para convertirse en protagonista. Se llaman Mujeres D y detrás del nombre hay una historia sencilla, cercana y poderosa: la de muchas mujeres vinculadas desde hace años al ambiente musical que, casi sin proponérselo, acabaron creando una banda propia. El proyecto reúne a una veintena de integrantes de entre 16 y 58 años y a nueve músicos, en una propuesta que mezcla coro femenino, espectáculo musical familiar y convivencia. Lo que empezó como una idea compartida entre amigas terminó convirtiéndose en una pequeña revolución cotidiana, con música en directo en Canarias como motor de cambio.
La chispa surgió de una necesidad artística, pero también emocional. Sus impulsoras ya contaban con una productora y experiencia en otros formatos, aunque sentían que les faltaba un montaje más grande, pensado para escenarios mayores y con otra ambición sonora y visual. A partir de ahí, la idea fue creciendo entre mujeres cercanas al mundo de la música, muchas de ellas parejas de músicos, otras amigas del entorno, algunas con trayectoria vocal y otras sin haber cantado nunca en un grupo. Lo importante no era el currículo, sino las ganas de construir algo juntas. Y así nació una formación donde la música se mezcla con la amistad, el aprendizaje y una forma distinta de entender el tiempo compartido.
Un nombre con ironía y orgullo propio
El nombre no tardó en condensar todo el espíritu del proyecto. Después de meses buscando cómo bautizar a la banda, la respuesta apareció casi sola: “al final nos van a ver y van a decir: estas son las mujeres de”. La expresión, habitual durante años para definirlas en relación con otros, fue reapropiada con humor y convertida en identidad. No todas las componentes son parejas de músicos, porque el grupo también ha ido incorporando voces para cubrir necesidades artísticas concretas, pero el origen del nombre remite a ese entorno del que proceden muchas de ellas y al papel que tradicionalmente habían ocupado en él.
De ahí también la D invertida, un detalle cargado de intención sin necesidad de discurso grandilocuente. Según explican, se trata de “darle la vuelta” a una dinámica muy conocida: durante años, muchos de sus compañeros desarrollaron sus carreras musicales mientras ellas estaban detrás, acompañando, sosteniendo, organizando. Ahora el esquema se invierte. Son ellas quienes se sitúan delante, quienes ponen la voz, quienes eligen repertorio y quienes ocupan el foco, mientras ellos las acompañan desde la banda. No hay revancha ni ajuste de cuentas, sino una imagen clara: cambiar la perspectiva para demostrar que también ellas podían liderar un escenario.
Más que un mensaje, una experiencia
Aunque desde fuera la propuesta pueda leerse en clave feminista, Mujeres D prefiere contar su historia desde otro lugar. Sus integrantes insisten en que el grupo no nació como un manifiesto ni como una plataforma ideológica. Nació, dicen, para divertirse, para compartir, para estar juntas y para hacer música en familia. Sin embargo, incluso sin buscarlo, el proyecto contiene una carga simbólica evidente. Ver a tantas mujeres diferentes, de edades, trayectorias y perfiles distintos, unidas sobre un escenario, transmite un mensaje que no necesita ser subrayado. Ellas no lo convierten en consigna, pero su sola presencia ya dice mucho.

La Provincia
De hecho, el calendario también las ha ido situando en espacios especialmente significativos. Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, les han pedido actuaciones específicas y han adaptado parte del repertorio para incluir temas más vinculados a esa jornada. Lo hacen con naturalidad, sin renunciar a su esencia lúdica ni a la amplitud con la que entienden el proyecto. Porque si algo repiten sus integrantes es que Mujeres D no quiere levantar muros. No los levanta por razones ideológicas, ni de género, ni de procedencia, ni de experiencia. El grupo, aseguran, está abierto a todo el que quiera sumar.
Un espacio sin barreras
Por eso no les incomoda explicar que en sus actuaciones también ha participado algún hombre en escena. Aunque no forme parte estable del coro, uno de los familiares vinculados al grupo llegó a intervenir en ensayos y actuaciones, casi como una extensión natural del ambiente que han construido. Lejos de ver ahí una contradicción, Mujeres D lo entiende como una prueba de coherencia. Su banda, de hecho, está formada por hombres. Sus maridos, parejas, hermanos o compañeros son quienes sostienen la parte instrumental del espectáculo. En ese equilibrio reside precisamente una de las claves del proyecto: no se trata de excluir a nadie, sino de ensanchar el espacio para que ellas también estén delante.
Esa idea de grupo abierto se refleja igualmente en el proceso de selección y en la convivencia interna. Hay mujeres que llevan toda la vida cantando y otras que se han estrenado aquí. Hay quienes llegan desde estilos musicales muy distintos, desde repertorios opuestos, desde maneras diferentes de sentir la música. Y, sin embargo, el resultado ha sido una piña. Ese es, para muchas de sus integrantes, el gran logro de Mujeres D: haber conseguido cohesionar en muy poco tiempo a personas tan distintas y convertir la diversidad en una fortaleza. Más que uniformar, el grupo ha aprendido a armonizar.
Ensayos con niños, bocadillos y deberes
Pero si hay un rasgo que da singularidad al proyecto es su forma de integrar la vida familiar. Muchas de las mujeres del grupo son madres, y la conciliación, lejos de ser un obstáculo, ha terminado formando parte del alma de la banda. Los ensayos no son una actividad aislada en la que la música obliga a dejar fuera al resto de la vida. Al contrario: los hijos entran, conviven, juegan, hacen deberes, meriendan, se encuentran con primos y amigos. En torno a cada ensayo se genera una pequeña comunidad donde todos tienen un lugar. Los niños, cuentan, llegan a sentirse parte del proyecto, orgullosos de acompañar a sus madres, de llevar camisetas del grupo o de ayudar con pequeños gestos en las actuaciones.
La escena se repite cada semana y resume mejor que cualquier explicación el espíritu de Mujeres D. Hay niñas que se preparan para ir al ensayo antes que sus propias madres. Hay grupos de pequeños compartiendo bocadillos mientras sus familias afinan voces. Hay conversaciones, tareas escolares, carreras entre bastidores y un ambiente que se aleja de las pantallas y de la rutina cerrada del día a día. La música aparece entonces no solo como expresión artística, sino como refugio social y emocional, como punto de encuentro saludable en tiempos donde, dicen, alrededor abundan situaciones difíciles y noticias tristes. En ese contexto, el grupo se convierte también en una manera de cuidar.
Trabajo, disciplina y futuro
Detrás de la frescura del proyecto hay, además, mucho trabajo. Quienes se encargan de la dirección vocal y de ordenar el conjunto reconocen que el proceso ha sido exigente, aunque también gratificante. No basta con reunirse a ensayar una vez por semana. Cada integrante tiene que escuchar audios, memorizar su voz, interiorizar tempos y estudiar por su cuenta. La mezcla entre mujeres con experiencia y otras que nunca habían cantado en público ha requerido paciencia, pero también ha demostrado que el talento colectivo se construye con disciplina. El resultado, sostienen desde dentro, ha sido más fácil de alcanzar porque hay compromiso, aplicación y, sobre todo, muchísimas ganas.
Sobre el futuro, en Mujeres D prefieren caminar sin ansiedad, “partido a partido”, avanzando paso a paso. Aspiran a dar más conciertos, a seguir creciendo y, sobre todo, a que se las escuche. No tanto por notoriedad como por lo que representan. Quieren que otras mujeres vean que es posible subirse a un escenario, organizarse, decidir repertorio, liderar un proyecto y disfrutar del proceso sin pedir permiso. En Telde, esa lección ya está en marcha. Mujeres D nació para pasarlo bien, pero ha terminado mostrando algo más profundo: que a veces basta con cambiar de sitio, dar la vuelta a una letra y atreverse a cantar delante para que toda una historia empiece a sonar distinto.
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