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Vivienda

Jenny Hymoff, traductora en Gran Canaria, revela los retos de la compraventa de viviendas: "Los extranjeros compran, pero los canarios están vendiendo"

La empresa ARY Traducciones, fundada en Arguineguín, ha sobrevivido al boom inmobiliario y al Brexit, y ahora lidia con la inteligencia artificial y la complejidad de la burocracia en las transacciones inmobiliarias

Paseo de la playa de Mogán.

Paseo de la playa de Mogán. / ANDRÉS CRUZ

Las Palmas de Gran Canaria

Arguineguín, nueve de la mañana. Jenny Hymoff Koeppel tiene ya tres mensajes sin responder, una llamada perdida de la asociación de vecinos de la que es presidenta y un expediente de Hacienda que lleva cuatro años sobre la mesa y que, salvo que el sol decida no salir mañana, seguirá sobre su mesa. Es la jefa del equipo de traductores de ARY Traducciones, una empresa con 31 años de historia en el sur de Gran Canaria, que nació de la necesidad de que los compradores extranjeros de viviendas entiendan exactamente lo que firman, aunque no hablen el idioma.

Una infancia marcada por una traducción decisiva

Jenny tuvo que aprender esto sobre la marcha con solo los 12 años en un juzgado de Guía, que entonces era el que llevaba los asuntos de Mogán, cuando tuvo que corregir a una traductora oficial porque lo que decía el juez y lo que su madre entendía no tenía nada que ver. «Así que hice yo de intérprete», recuerda. Habla el español que aprendió en su infancia en Mallorca, perfecto inglés y su lengua nativa es el alemán. Y por ende, con 12 años pudo explicarle a su señoría que ella y su madre habían sido víctimas de una estafa en la compra de una propiedad. En el juicio, se deliberaba sobre una casa que habían adquirido sobre plano y que, cuando se mudaron y fueron al lugar donde tendría que estar la edificación, «no había más que cuatro líneas blancas sobre el suelo».

«Aquel hombre llegó a vender esa propiedad hasta cinco veces», cuenta. Pero en esta historia enrevesada la demanda era contra su madre. El cuento del estafador estafado, en el que, debido a los diez meses de demora en la fecha de finalización de la compra sobre plano, permanecieron de alquiler en un apartamento del mismo promotor. Hasta que el hartazgo hizo lo suyo, y se produjeron impagos. Pleitearon 23 años.

La jefa del equipo de traductores Jenny Hymoff. | LP/DLP

La jefa del equipo de traductores Jenny Hymoff. | LP/DLP

Treinta y un años entre compraventas, pleitos y burocracia

La empresa que Jenny fundó junto a su socia Ana Rial no se constituiría hasta 1994, cuando ya tenía la formación, la experiencia y la convicción de que en el sur de Gran Canaria hacía falta alguien que supiera traducir correctamente la compraventa de un finca. Esta mujer, nacida en Estados Unidos, criada entre varios países y aterrizada en Gran Canaria a los 11 años, decidió dedicar su vida profesional a traducir hasta en once idiomas que compran, venden, alquilan o pleitean por irregularidades de viviendas.

En los últimos años, el debate sobre la compra de vivienda por parte de no residentes gana peso en Canarias. Precisamente, el Gobierno de España ha propuesto a la Comisión Europea que le autorice a limitar la compra de viviendas que no se vayan destinar a uso residencial para reducir la presión sobre el mercado inmobiliario y facilitar el acceso a una casa a jóvenes y colectivos vulnerables.

El mismo Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias, admitió este martes en el Debate sobre el Estado de la Nacionalidad como una posibilidad real ponerle «límites» a la compra por parte de extranjeros. Jenny tiene una perspectiva peculiar sobre el asunto, como persona que lleva 31 años traduciendo esas operaciones, acompañando a los compradores a la notaría, leyendo los contratos y detectando problemas. «Hay mucha protesta de que los extranjeros lo están comprando todo, pero hay que reconocer que los canarios lo están vendiendo», alega.

ARY Traducciones sigue desde su fundación, hace 31 años, radicada en Arguineguín. Jenny es la jefa del equipo de traductores y Ana, la administradora. Trabajan con una red de traductores autónomos, la mayoría de los cuales llevan más de 20 años con ellas. El negocio ha sobrevivido al boom inmobiliario, a la crisis del ladrillo, al Brexit, a la pandemia, a la aparición de la inteligencia artificial y, lo que quizás sea más difícil de gestionar, a 31 años de burocracia. Que no es poca cosa: «El Brexit ha fastidiado a muchísimos ingleses que antes pasaban ocho meses al año aquí. Como ahora no pueden están vendiendo porque no les compensa y no pueden estar aquí más de 90 días». Cuenta que algunos elaboran sus propias soluciones. Timesharing informal entre titulares, subarriendos a compatriotas, alguna solicitud de residencia fiscal.

El caos de las 'hijuelas' en los pueblos de Canarias

«Muchas veces asesoro a los compradores incluso a que no compren hasta que no se hayan resuelto los problemas legales que tienen muchas viviendas», asegura. Las hijuelas eran los documentos de partición de herencias en el derecho civil español, y en el mundo rural canario funcionaron durante décadas con una informalidad desactualizada. Un problema común que ocurría cuando un propietario fallecía, sus hijos dividían la finca entre ellos, cada uno se quedaba con su parte, y años después el ayuntamiento pasaba una carretera por en medio sin demasiadas contemplaciones con los linderos originales. El resultado son fincas con partes legalmente inconexas, propiedades que sobre el papel son de alguien pero en la realidad están cortadas por una vía pública, o escrituras de 50 años atrás que necesitan regularizarse antes de poder cerrar una operación.

Por este motivo, traducir es interpretar el contexto, dominar la terminología específica de cada campo, saber que el sinónimo correcto en un contrato de compraventa no es el mismo que en un folleto turístico, y tener la experiencia suficiente para detectar cuándo el documento que tienes delante esconde un problema que el cliente no ha visto. Eso no lo hace ninguna aplicación de inteligencia artificial, al menos no todavía.

«La inteligencia artificial la están usando muchas personas», explica. «En mi modesta opinión, no es 100% fiable todavía. He visto cosas que no me han gustado, pero obviamente si el cliente quiere confiar en eso, pues hasta que no lo comprendan y vuelvan a nosotros, de momento es lo que hay. Si no dominas bien los dos idiomas, no vas a percatarte de los problemas que hay», concluye.

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