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¿Cañas más caras el sábado? El debate sobre los precios dinámicos llega a la restauración de Canarias

Mientras la hostelería canaria enfrenta retos económicos, la posibilidad de ajustar precios según la demanda divide al sector, con algunos a favor de la flexibilidad y otros preocupados por la confianza del cliente

Un camarero sirve una caña en un establecimiento del Archipiélago.

Un camarero sirve una caña en un establecimiento del Archipiélago. / José Pérez Curbelo

Alexandra Socorro

Alexandra Socorro

Las Palmas de Gran Canaria

La happy hour —en español hora feliz— parece pasar de puntillas por Canarias, al menos en el sector de la restauración. Mientras que la hostelería se enfrenta a grandes retos - el constante incremento de los precios, una rentabilidad cada vez más ajustada y un contexto internacional incierto que amenaza con agravar aún más estas dificultades - la posible llegada de los precios dinámicos —un sistema que ajusta el precio de productos o servicios en función de factores como la hora, el día o el nivel de demanda— se plantea como una alternativa para el sector. Sin embargo, la medida abre un debate que va más allá de una simple estrategia comercial. ¿Una caña debe ser más cara el sábado que el martes? ¿Cenar fuera de casa el fin de semana puede dolerle más al bolsillo que entre semana? ¿Influirá la demanda en el precio del menú? ¿Será más caro desayunar en hora punta?

Para bares y restaurantes, ajustar los precios según la demanda podría convertirse en una herramienta para optimizar ingresos, reducir las mesas vacías y distribuir mejor la actividad a lo largo del día. En un sector marcado por fuertes picos de consumo, esta flexibilidad podría suponer una ventaja competitiva y una forma de adaptarse a los nuevos hábitos digitales de los clientes. Pero la idea —aparentemente innovadora— también pone en riesgo algunos de los pilares que sostienen al sector: la confianza del cliente. Si los consumidores perciben que el precio de una misma consumición varía según la hora o el día, el riesgo de generar una sensación de injusticia o de falta de transparencia podría acabar afectando a esa relación.

En el Archipiélago, un territorio especialmente vinculado al sector de la restauración y el ocio por el peso del turismo, aún no se ha planteado de forma generalizada incorporar esta iniciativa. El auge de los precios dinámicos sigue siendo limitado —al menos en España—, aunque ya existen algunos ejemplos en otros ámbitos: aerolíneas y hoteles ajustan sus tarifas según la demanda, mientras que plataformas de transporte como Uber aplican precios variables en horas de mayor actividad. Incluso en el ocio y el entretenimiento, como en la venta de entradas para conciertos o espectáculos, comienzan a explorarse modelos similares.

La rentabilidad del sector

La postura de la hostelería en este sentido está dividida. "Establecer precios distintos según el horario no es algo que nos estemos planteando. El cliente tardará, pero acabará adaptándose a lo que marque el mercado", explica el presidente de la Asociación de Empresarios de Bares, Cafeterías y Restaurantes de Las Palmas (AEBCR), Fermín Sánchez, quien además reconoce que llegar a ese punto sería "complicado", sobre todo porque requeriría unificar criterios y lograr el consenso de los empresarios de todo el sector.

El reto no es pequeño. Sobre la mesa está la posibilidad de que esta medida aumente la rentabilidad de las empresas, muchas de las cuales reconocen que su situación se ha deteriorado en los últimos meses. La dificultad no será solo tecnológica, sino también cultural: encontrar un equilibrio entre innovación y confianza, de modo que la modernización del sector no termine erosionando la fidelidad del cliente. "Las personas al final se acercan a nuestro negocio según las necesidades", recalca Sánchez. En este sentido, el cliente tiene horarios específicos para sus comidas: "Si pones precios más baratos para desayunar a las doce en Canarias, el cliente, aunque sea más económico, no irá".

Un argumento que no comparte del todo el vicepresidente de la Asociación de Empresarios de Restauración y Ocio (AERO), Carlos Quintero. "No todos los negocios son iguales. Aquellos que tienen los locales llenos tendrían más margen para aplicar este tipo de medidas", indica. En este sentido, uno de los grandes factores que condiciona la actividad del sector en Canarias es el turismo, lo que podría abrir cierto margen para introducir variaciones de precios según el horario, ya que los visitantes suelen tener rutinas y hábitos de consumo más flexibles.

Para Quintero, "todo lo que sea liberalizar" puede resultar positivo, ya que permite desarrollar distintos modelos de negocio. "Después, cada establecimiento se irá adaptando", apunta. No obstante, también existen condicionantes administrativos. Las cartas de restaurantes, cafeterías y locales deben incluir una lista de precios previamente sellada por el Cabildo, por lo que, ante la posible implantación de precios dinámicos, habría que estudiar cómo encajar este sistema dentro de la normativa vigente.

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