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Los romanos sí pisaron Canarias: las pruebas definitivas que desmontan el mito

La arqueología ha confirmado la presencia romana en Canarias, desmintiendo la idea de que solo hubo un conocimiento superficial, gracias al hallazgo en 2012 de un yacimiento en el islote de Lobos

Copia bizantina de 1420 del mapa del mundo de Ptolomeo.

Copia bizantina de 1420 del mapa del mundo de Ptolomeo. / LP/DLP

Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

Algunos en Roma jugaron a conocer Canarias. Si Plutarco pudo mencionar de forma indirecta algunas islas en el siglo I d.C., fue Plinio el Viejo quien las introdujo de forma más concreta en su Historia Natural. Habla de una expedición atlántica promovida por Juba II de Mauritania, cuando esa parte del Magreb estaba bajo influencia romana, y se atreve a describir algunas islas, entre ellas una con «nieves perpetuas», que parece referirse al Teide.

También menciona lagartos, aves y perros, estos últimos a veces interpretados como focas. Incluso un templo y restos de construcciones, lo cual quizá sea lo menos creíble, pero quién sabe. Lo cierto es que ningún autor clásico habló de que las islas estuvieran habitadas, ni siquiera el griego Claudio Ptolomeo, que las citó décadas después en su Geografía.

Las referencias clásicas a Canarias son limitadas, pero suficientes para comprender el papel que desempeñaba en ese momento: un lugar apartado, fuera de la influencia directa de los romanos, que por entonces centraban su atención en las regiones más orientales del Imperio, con los problemas y recursos que esa zona implicaba.

Durante mucho tiempo se pensó que los romanos apenas conocían Canarias, asociándola con elementos míticos y situándola como límite de lo conocido. Sin embargo, en las últimas décadas la arqueología ha dejado claro que la relación entre las islas y los romanos no se quedó, ni mucho menos, en lo literario.

El yacimiento de Lobos 1 durante una visita institucional.

El yacimiento de Lobos 1 durante una visita institucional. / EFE

El yacimiento de Lobos

Un yacimiento descubierto en 2012 en el islote de Lobos demuestra la presencia de romanos. Aunque las historias de Plinio suenan algo fantásticas, y seguramente lo sean, los restos encontrados datan de la época en la que gobernó Juba II de Mauritania. Todo encaja entre finales del siglo I a.C. y comienzos del I d.C.

Los restos del yacimiento conocido como Lobos 1 presentan una diferencia significativa en comparación con otros hallazgos en Lanzarote. En El Bebedero y Buenavista (Lanzarote), se encontraron objetos de origen mediterráneo y restos de animales, pero no se pudo asegurar ningún tipo de asentamiento romano en la zona. En Lobos, en cambio, sí hay pruebas sólidas, señales de rutina; un campamento temporal con fines productivos.

Los fragmentos de cerámica romana y los restos metálicos, como anzuelos, punzones y agujas, hallados en Lobos y expuestos en el Museo Arqueológico de Fuerteventura, revelan un tipo de actividad muy determinada: la extracción de púrpura, un tinte muy valorado en la antigüedad obtenido de un molusco.

Este hallazgo no solo tiene un gran valor en la historiografía canaria, sino que también ilustra el nivel de desarrollo del sistema productivo y comercial romano, capaz de llegar a lugares tan alejados para generar productos de lujo. El alto precio de venta hacía rentable el proceso, cubriendo los costos derivados de la distancia.

No fue un asentamiento

Es mejor no referirse a la presencia romana en Lobos como un asentamiento, al menos no en el sentido convencional. Los romanos no se establecieron en Canarias, no la conquistaron ni la incluyeron en su red imperial. Como mucho, fue un lugar conocido y aprovechado, aunque seguramente menos de lo que habrían hecho si hubieran podido explorarla a fondo. Tampoco sabemos qué parte del vasto Imperio estuvo involucrada en los trabajos de Lobos, si los mauritanos de Juba II o algún grupo más septentrional.

Del taller de Lobos pueden encontrarse ejemplos similares en la costa del Magreb y en el entorno del Estrecho de Gibraltar, que eran las principales zonas romanas para este tipo de actividades. El canario fue, seguramente, el más alejado de todos.

La presencia romana en Canarias, o en zonas de algunas islas, fue real y organizada, pero bastante superficial. No crearon una estructura social ni se estableció nada más allá de las campañas temporales de extracción. Al menos, según lo que se sabe hoy.

Los estudios más recientes indican que las islas comenzaron a poblarse de forma estable en los primeros siglos después de Cristo. Por ahora, no existen pruebas sólidas de un poblamiento permanente anterior. Por lo tanto, los romanos, o grupos bajo su influencia, pudieron haber conocido Canarias antes que sus primeros pobladores efectivos, que llegaron del norte de África.

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