Canarismos
Darle vueltas al zurrón

Un zurrón de gofio. / LP / ED
Luis Rivero
Es creencia muy arraigada que los órganos corporales son sede donde radican sentimientos, emociones o facultades dando origen a una simbología de las partes del cuerpo que se manifiesta en la fraseología popular en formas de expresiones idiomáticas como se puede apreciar en el español de Canarias, pero también en otros dominios lingüísticos. Así por ejemplo, la boca puede aparecer como símbolo de la facultad del lenguaje en expresiones tales como: «cerrar la boca» que se emplea para mandar a callar a alguien [al igual que «cierra el pico» o el uso del pleonasmo «¡cállate a la boca!»]; «no decir esta boca es mía» para referirse a quien guarda silencio, voluntariamente o condicionado por las circunstancias; o el ‘brazo’ como símbolo de fuerza («a brazo partido»); «no dar el brazo a torcer» en señal de obstinación o como símbolo de acogida fraternal cuando se dice que se recibe a alguien «con los brazos abiertos». Por su parte, la cabeza puede ser símbolo de inteligencia y juicio: como «tener cabeza» o «tener la cabeza bien amueblada» para denotar inteligencia o estas otras formas que pueden expresar presunción o inmodestia (»subírsele a la cabeza»), comportamiento poco juicioso («perder la cabeza»), «tener la cabeza en su sitio» que se dice de un comportamiento sensato o «sentar la cabeza» que se presume de alguien poco responsable cuando «coge fundamento».
«Darle vueltas al zurrón» es sinónimo de «darle vueltas a la cabeza» y se emplea para expresar un estado de preocupación continua en el que se puede permanecer rumiando o cavilando pensamientos reiterativos o insistir sobre un problema o sobre un hecho acontecido o futuro que nos afecta o inquieta. El recurso al zurrón como metonimia de ‘cabeza’ (sede del pensamiento) obedece a un modo tabuizado de referirse a la locura («chifladura») o cualquier inestabilidad psíquica, como mismo ocurre con los tabúes en torno al sexo o la muerte. Así se recurre a conceptos que de manera abstracta tratan de asociarse a la cabeza como órgano donde se localiza el cerebro como rector de los pensamientos y la cordura. Por ejemplo, en el hablar isleño podemos escuchar frases como «estar jodido del tomate», en la que el tomate simboliza la cabeza o «estar mal de la azotea» que subliminalmente asocia la ‘azotea’ como parte más alta de la casa con la ‘cabeza’ como elemento superior del cuerpo.
El «zurrón» es la bolsa de pellejo que usan los pastores para llevar comida y otros utensilios (así lo define el DRAE). En Canarias, zurrón se le llama a un pequeño saco, generalmente elaborado con piel de baifo o cabrito, que se emplea para amasar el gofio («la pella de gofio») y se porta a la espalda a modo de macuto. «Darle vueltas al zurrón» nos traslada la imagen del pastor que amasa la pella en el zurrón, dándole vueltas y vueltas hasta obtener una masa de la consistencia adecuada, como quien le da vueltas a la cabeza; lo que metafóricamente representa a quien se precipita en una vorágine de pensamientos. El recurso al tropo ‘zurrón’ en sustitución de ‘cabeza’ da un aire festivo a la expresión que trata seguramente de distender el estado de preocupación de a quien va dirigida, ya sea un interlocutor o tenga un sentido autorreferencial.
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