Javier Cabanyes: «La adicción torna en dependencia si hay abstinencia y tolerancia»
El experto en salud mental juvenil, especializado en trastornos del neurodesarrollo, razona acerca de los peligros del consumo digital en menores

El especialista en neuropediatría Javier Cabanyes, en la Universidad de Piura (Lima). / Lucy Vicente
Si hay que definir algún agente responsable para entender esta ‘crisis’ de las redes sociales en jóvenes, ¿cuál sería?
Tenemos que sentirnos todos responsables porque, en el fondo, las redes no son algo maligno y diabólico. Si fuera así, sí tendríamos que buscar quién es el que ha puesto en marcha eso. Se trata de algo que puede tener también pues muchos factores positivos, pero, como en todo, si el uso no es adecuado… Los adolescentes y los niños son más sensibles y si, en ese contexto, induces unos contenidos que no solamente capturan, sino que tienen una intencionalidad perversa, ahí sí que puede haber responsables. Nosotros tenemos que sentirnos responsables porque hemos entrado en un juego que tenemos que saber gestionar. Igual que haríamos con el consumo de cualquier otra cosa, tenemos que saber ponerle límites y no permitir que esas demandas atractivas les capture y les lleve por unos caminos que tienen consecuencias muy negativas.
¿Comparte esta adicción a las redes sociales alguna sintomatología con otro tipo de adicciones? Como, por ejemplo, puede ser el síndrome de abstinencia.
La adicción se convierte en una dependencia cuando hay dos factores. Uno es la abstinencia, un malestar psicológico más que físico, pero incluso a veces puede tener algunas respuestas físicas de temblor, sudoración, al igual que con las sustancias de abuso, como el alcohol o las drogas. Y luego la otra más grave, es el fenómeno de la tolerancia, lo que significa que ya con el consumo que hago de estos contenidos en redes, no me producen el mismo efecto. Entonces tengo que aumentar el tiempo que paso con la pantalla, y además hacerlo cada vez más estimulante, en el límite, más fuera de lo que sería lo habitual, porque busco ya cosas más extraordinarias. Y como en las redes se lo pueden ofrecer y de forma ilimitada, pues eso tiene un riesgo tremendo, porque la tolerancia es donde ya entran situaciones que ya son extremas.
¿Cómo afecta al aprendizaje de un adolescente una adicción o un abuso de las redes sociales?
Una de las cosas que ocurre con la adicción, es que la persona focaliza su horizonte vital, pensamientos y sentimientos, al consumo de redes. ¿Eso qué quiere decir? Que desaparecen de su cabeza otras cosas y las funciones psíquicas están muy interferidas. La atención misma y sus rendimientos van a bajar, con todo lo que eso significa: algo de desmotivación, de abandono, de tirar la toalla...
¿Le parece correcto que se prohíban las redes sociales a los menores de 16 años? ¿Tiene sentido este tope de edad?
Me parece adecuado que se controle, y que no sea un acceso ilimitado. Hay una franja de edad, que aunque sea un poco arbitraria, teniendo en cuenta el desarrollo de la sociedad, es donde hay que poner un poco el límite de quiénes son los más vulnerables. Pero a mí me parece que para atajar problema, como pasa con otras adiciones, la estrategia mejor no son las prohibiciones. La estrategia mejor es la educación. Estos son obstáculos que siempre se pueden acabar superando, y como ha pasado con otras adicciones, ocurre que al final consigues por otra vía lo que te lo están prohibiendo. Esto es una manera de concienciar sobre algo que está pasando y por eso tenemos que poner un límite. Un menor tiene menos recursos para tomar decisiones, por eso ponemos un límite, pero ni mucho menos es la solución. Es más, es que si solamente ponemos límites y no nos planteamos unas medidas educativas, psicoeducativas, vamos a colapsar.
¿Este problema está asociado al aumento de la depresión en la población infanto-juvenil?
No es el único factor. Hay otros sociofamiliares, de la propia coyuntura social y de los grupos. Pero este es uno que está muchas veces entremezclado con los otros. Es muy difícil que un adolescente no esté en redes sociales. Si alguna plataforma ya le está planteando problemas, eso le interfiere en sus rendimientos académicos y le puede también estar alterando la interacción con otros iguales, como los amigos o la familia.
¿Por su experiencia en el trabajo con pacientes, diría usted que la familia es una parte importante en el tratamiento de esta adicción y a la hora de establecer límites en el uso de las redes sociales? ¿Qué límites les recomienda poner en este caso?
La familia es esencial. Los límites no se pueden imponer sin más. A veces se ha perdido la autoridad en la familia, pero el mando es el ejemplo que los familiares dan. Ya le puedo estar diciendo al niño que no utilice esto, que si el padre lo está haciendo, y además está tan enganchado como el menor, poco importa. Es también educar. Y es un reto, porque son cosas que antes no había que educar. Pero bueno, ahora tenemos estos entornos que tienen que ver con el modo de estar en la sociedad de mi hijo. Tengo que ser capaz de enseñarle a que gestione eso, a que regule, controle y no se deje llevar con otras muchas cosas. Hay que dar unos cursos, unos talleres, advertir más de estas cosas, dar a conocer lo que puede estar pasando y no te estás enterando. No podemos decir: «Ahora ya no utilizas el móvil». Ya hemos llegado un poco tarde, no podemos ponerle una medida coactiva y además no le damos ninguna alternativa a lo que le acabamos de quitar.
¿Una adicción a las redes sociales en menores funcionará de manera diferente que en adultos? Sobre todo a largo plazo, ¿qué efectos puede tener en la vida adulta de un menor el haber tenido una adicción no resuelta con las redes sociales?
La manera de impactar y desarrollarse en el adulto y en la adolescente es distinta, pero los dos pueden acabar teniendo el mismo problema. Lo ven de modos diferentes, tienen recursos distintos, pero no deja de ser una adicción. Y en los adolescentes, en los niños en general, un elemento que les ayuda muchísimo para saber qué hacer es precisamente lo que hacen los padres. Y en el adolescente, creo que hay que mantener siempre abierta la esperanza y el sentido positivo. Uno puede haber hecho cosas muy equivocadas, haber estado metidos en miles de líos, haberse puesto hasta arriba de basura, pero siempre se puede salir de ahí. Prefiero que en esto uno no exista bajo una anticipación y un estigma: «Este ya tiene el futuro acabado porque está con estas cosas...». La vida se puede rehacer muchas veces, solo hace falta que uno lo quiera. Esa es la tarea de las adicciones, ayudarles y convecerles de que hay un camino enriquecedor, mucho más grato, que les merece la pena.
¿Piensa que vamos tarde en esto de atajar este problema?
Tenemos un problema que ojalá no hubiera aparecido, pero lo tenemos. Y como todos los problemas, lo importante es que nos sentemos a pensar a ver cómo lo abordamos. Obviamente, cuanto antes se haga mejor. Todavía se puede prevenir. Hay que verlo siempre con esperanza.
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